Anarquía insurreccionalista, ¡organizarse para atacar!

mayo 4, 2016

“Desde cierto punto hacia adelante, no existe vuelta atrás. Ese es el punto que debe ser alcanzado”.

– Franz Kafka.

Para nosotrxs, anarquistas, los problemas de cómo actuar y cómo organizarnos están relacionados íntimamente. Y son estos dos problemas, no el de la forma de la futura sociedad deseada, lo que nos provee de los métodos más útiles para entender las diferentes formas de anarquismo que existen.

El anarquismo insurreccionalista es una de esas formas, aunque es importante recalcar que lxs anarquistas insurreccionalistas no componen un bloque unificado, sino que son extremadamente diversxs en sus perspectivas. El anarquismo insurreccionalista no es una solución a los problemas sociales, ni un producto en el mercado capitalista de las ideologías y opiniones. Más bien, es una práctica continua enfocada en poner fin a la dominación del Estado y a la continuidad del Capitalismo, la cual necesita del análisis y la discusión para avanzar. La mayor parte de lxs anarquistas, históricamente (a excepción de aquellxs que creían que la sociedad evolucionaría hacia el punto en que dejarían atrás al Estado), han creído que algún tipo de actividad insurreccional sería necesaria para transformar radicalmente la sociedad. Más sencillo, esto quiere decir que el Estado debe ser destruido de la existencia por lxs explotadxs y excluidxs, por tanto, lxs anarquistas deben atacar: la derrota está en esperar que el Estado desaparezca.

Aquí mencionaremos algunas implicaciones que nosotrxs y otrxs anarquistas insurreccionalistas hemos delineado a partir de este problema general: Si el Estado no desaparecerá por sí solo, ¿Cómo entonces ponemos fin a su existencia? El anarquismo insurreccionalista es principalmente una práctica y se centra en la organización del ataque. Por ende, el adjetivo “insurreccionalista” no indica un modelo específico de futuro. Lxs anarquistas que creen que debemos pasar por un periodo insurreccional para librar al mundo de las instituciones de dominación y explotación, además, asumen una diversidad de posiciones sobre la forma de la sociedad futura — ellxs, por ejemplo, pueden ser anarco-comunistas, individualistas o primitivistas. Muchxs rechazan ofrecer un modelo singular y específico del futuro, creyendo que las personas escogerán una variedad de formas sociales para organizarse a si mismas cuando se dé la oportunidad. Son críticxs con los grupos o tendencias que creen que son “portadoras de la verdad” y que intentan imponer su solución formal e ideológica al problema de la organización social. En cambio, muchxs anarquistas insurreccionalistas creen que es por medio de la auto-organización en la lucha que la gente aprenderá a vivir sin instituciones de dominación.

Existe también otro uso más específico del término “insurrección” — uno que viene de la distinción que delineó Max Stirner, filósofo e individualista alemán del siglo XIX, entre insurrección y revolución.[1] Para Stirner, la revolución implicaba una transición entre dos sistemas, mientras que la insurrección es un levantamiento que empieza a partir del descontento del individuo con su propia vida y por medio de esta, el individuo no busca construir un nuevo sistema, sino crear las relaciones que él desee. Estas dos concepciones generales de la insurrección han conformado el anarquismo insurreccionalista.

En este artículo primero exploraremos algunas de las implicaciones generales de estas dos concepciones de la insurrección. Luego, ya que estas ideas han surgido de la práctica de la lucha y de experiencias concretas, explicaremos más allá estas ideas colocándolas dentro del contexto histórico de su desarrollo. Mientras que lxs anarquistas insurreccionalistas en estos momentos están activxs en muchos lugares del mundo, estamos influenciadxs especialmente por las actividades y escritos de aquellxs de Italia y Grecia, los cuales son también los países donde lxs anarquistas insurreccionalistas son más activxs. La extremadamente variada escena anarquista insurreccional actual, que se centra en torno a varios espacios okupados y publicaciones, existe como una red informal que lleva su lucha fuera de todas las organizaciones formales. Esta tendencia ha tomado la etiqueta “anarquista insurreccional” para distinguirse de la Federación Anarquista Italiana —una organización plataformista que rechaza oficialmente los actos individuales de revuelta, favoreciendo sólo las acciones de masas y una práctica educacional y evangelística centrada alrededor de la propaganda en los “periodos no revolucionarios”— y de lxs municipalistas libertarixs italianxs,[2] quienes traen en gran medida un enfoque reformista a la actividad “anarquista”.

El Estado no se desmoronará, como parece que muchxs anarquistas han llegado a creer —algunxs están atrincheradxs en posiciones de espera, mientras otrxs incluso abiertamente condenan los actos de aquellxs para quienes la creación de un nuevo mundo depende de la destrucción del viejo. El ataque es el rechazo a la mediación, la pacificación, el sacrificio, el acomodamiento y la negociación en la lucha. Es a través de la acción y del aprender a actuar, no con propaganda, como abriremos el camino hacia la insurrección— aunque obviamente los análisis y la discusión tienen una función en clarificar como actuar. Esperar sólo enseña a esperar: Actuando unx aprende a actuar. No obstante, es importante señalar que la fuerza de una insurrección es social, no militar. La medida de evaluación de la importancia de una revuelta generalizada no es el choque armado, sino, por el contrario, el grado de parálisis de la economía, de la normalidad. Si lxs estudiantes continúan estudiando, lxs trabajadorxs y empleadxs de oficina trabajando y lxs desempleadxs únicamente aspiran a un empleo, ningún cambio es entonces posible. Podríamos mirar, como inspiración, los ejemplos de Mayo del 68 en París, Italia en los años ’70, o la más reciente insurrección en Albania.[3]

El Sabotaje y Otras “Modestas Tentativas”

Como anarquistas, nuestro constante punto permanente de referencia es la revolución; sin importar lo que estemos haciendo o en qué problema estemos interesadxs. Pero la revolución no es un mito para ser usado simplemente como punto de referencia y no debería ser pensada como habitando un futuro abstracto. Precisamente porque es un evento concreto, debe ser construido diariamente por medio de tentativas más modestas que no tienen todas las características en el verdadero sentido de una revolución social. Estas tentativas más modestas son las insurrecciones. En ellas, el levantamiento de la mayoría de lxs explotadxs y excluidxs de la sociedad y de las minorías más conscientes políticamente, abre el camino a la posible involucración de sectores de explotadxs cada vez más amplios, en un flujo de rebelión que podría llevar a la revolución.

En el año pasado hemos visto el comienzo de este proceso funcionando en Argentina. Las luchas aún deben ser desarrolladas tanto en términos intermedios como largos. En otras palabras, es aun necesario y posible intervenir en luchas intermedias, es decir, en luchas que están circunscritas, incluso localmente, con objetivos precisos que nacen desde algún problema específico. Esto pueden ser acciones directas para resistir a la construcción de bases militares o cárceles; luchas contra la institución de la propiedad, tales como la ocupación de viviendas y las huelgas de alquiler; o ataques hacia proyectos capitalistas particulares, como trenes de alta velocidad, cultivos transgénicos o líneas de transmisión de energía eléctrica. Estas no deberían ser consideradas de importancia secundaria; tales tipos de lucha también interrumpen el proyecto del capitalismo universal.

Para construir estos eventos, deben propagarse; el anarquismo insurreccionalista, por lo tanto, pone especial importancia en la circulación y la propagación de la acción, no de la revuelta controlada; ningún ejército o policía es capaz de controlar la circulación generalizada de tal actividad autónoma. Prestar atención a cómo se han extendido las luchas ha conducido a muchxs anarquistas a fijar su enfoque crítico en el tema de la organización; Ya que la lucha centralizada es controlada y limitada (para entender esto, unx sólo necesita pensar en los ejemplos de muchos movimientos revolucionarios en América Latina que hasta hace poco eran controlados por “el Partido”), las luchas autónomas tienen la capacidad de propagarse.

Por lo tanto, lo que el sistema teme no solo es a lxs actos de sabotajes en sí mismos, sino a que también se propaguen socialmente. La incontrolabilidad en sí misma es la fuerza de la insurrección. Cualquier individualidad que posea incluso los medios más modestos, puede trazar sus objetivos, solx o junto con otrxs. Es materialmente imposible para el Estado y el Capital el vigilar todo el terreno social. Cualquiera que realmente quiera responder a la red de control puede hacer su propia contribución teórica y práctica como ellxs vean que les acomode. No hay necesidad de ajustarse dentro de los role estructurados de la revuelta formalmente organizada (revuelta que está limitada y controlada por una organización). La aparición de las primeras conexiones rotas del control social coincide con la extensión de los actos de sabotaje. La práctica anónima de auto-liberación podría extenderse a todos los campos, rompiendo los códigos de prevención ubicados en el lugar por el Poder.

En tiempos donde no existen insurrecciones a larga escala, las pequeñas acciones —que requieren de métodos no sofisticados que se encuentran disponibles para todxs, y por ende, son fácilmente reproducibles— son, por su simplicidad y espontaneidad, incontrolables. Estas dejan en ridículo incluso a los desarrollos tecnológicos más avanzados de contra-insurgencia. En los Estados Unidos, una cadena de incendios contra proyectos que dañan el medio ambiente, algunos reivindicados bajo el nombre Frente de Liberación de la Tierra, se han extendido a lo largo del país debido en gran medida a la simplicidad de la técnica. En Italia, el sabotaje a los trenes de alta velocidad se ha propagado incontroladamente, de nuevo porque cualquiera puede planear y llevar a cabo su propia acción, sin la necesidad de una gran organización con estatutos y constituciones, técnicas complejas o conocimiento sofisticado.

Además, contrariamente a los matemáticos de los grandes partidos revolucionarios, nunca es posible ver el resultado de una lucha específica aún en curso. Incluso una lucha limitada puede tener las consecuencias más inesperadas. El paso desde varias insurrecciones —limitadas y circunscritas— a la revolución, nunca puede ser garantizado por adelantado bajo ningún método, ni unx puede saber por adelantado que las acciones actuales no conducirán a un momento futuro de insurrección.

Las Raíces de la Anarquía Insurreccionalista

Ya que el anarquismo insurreccionalista es una práctica en desarrollo —no un modelo ideológico del futuro o de una historia determinista— lxs anarquistas insurreccionalistas no toman la obra de ningún teórico revolucionario singular como su doctrina central. No obstante, Bakunin fue históricamente importante en el desarrollo de un anarquismo que enfocó su fuerza en la insurrección. A diferencia de Marx, quien construyó su apoyo en la Primera Internacional, mayormente dentro de la estructura ejecutiva central, Bakunin trabajó para construir apoyo para la acción, coordinada por medio de las insurrecciones autónomas de base, especialmente en el sur de Europa. Y desde los tiempos de Bakunin, lxs anarquistas insurreccionalistas han estado concentradxs en el sur de Europa.

En respuesta a la Comuna de Paris de 1871 y en el conflicto de la Primera Internacional, unx puede ver la formación de los conceptos básicos del anarquismo insurreccionalista. Mientras que Marx creyó que las nuevas formas políticas de la Comuna (formas de democracia y representación) acercarían a la revolución social, Bakunin sostenía que las acciones de unx son las que extenderían la revolución, no las palabras. En 1871, Marx y sus seguidorxs se aliaron con lxs seguidorxs de Blanqui —de quien vino el concepto de “dictadura del proletariado”— para suprimir a Bakunin y sus partidarixs de la conferencia especial de la Internacional realizada en Londres.

Lxs Bakuninistas sostuvieron su propia conferencia en Sonvilier, argumentando que los medios políticos y jerárquicos nunca podrían ser usados para conseguir fines sociales revolucionarios. Como señala la circular de Sonvilier, era imposible “llegar a una sociedad libre e igualitaria desde una organización autoritaria”. Marx peyorativamente llamo “anarquista” a la conferencia de Sonvilier, y lxs de la conferencia de Sonvilier llamaron “marxista” a la conferencia de Londres, para remarcar su autoritaria tentativa de controlar la Internacional. En 1872, Marx tuvo éxito en expulsar a Bakunin de la Internacional y exigiendo a todxs lxs miembrxs de la organización el empeñarse en conquistar al poder político como prerrequisito necesario para la revolución.

Lucha individual y social

Otro tema que ha provocado un montón de debates dentro de los círculos anarquistas es la supuesta contradicción entre la lucha individual y social: de nuevo, esta es una cuestión de organización de la lucha. Este es un debate que se hizo y que aún se hace dentro de los círculos anarquistas insurreccionalistas; Renzo Novatore estaba a favor de la revuelta individual, Errico Malatesta de la lucha social, mientras que Luigi Galleani creía que no existía contradicción entre ambas.

Novatore, un anarquista italiano que murió en un tiroteo con la policía en 1922, escribió “La anarquía no es una forma social, sino un método de individualización. Ninguna sociedad me concederá más que una libertad limitada y un bienestar que esta garantiza a cada unx de sus miembrxs”. Malatesta, también italiano e insurreccionalista su vida entera, fue un anarco-comunista para quien el anarquismo estaba basado en el ataque organizado de la lucha colectiva, especialmente del movimiento obrero; sin embargo, se mantuvo muy crítico de cualquier forma de organización que pudiese volverse autoritaria. Esta fue la base de su desacuerdo en 1927 con los plataformistas rusos —quienes intentaron crear una organización centralizada y unitaria.— Renzo Novatore Malatesta criticó la propuesta de lxs plataformistas —quienes llevaron adelante su programa en respuesta a la victoria de lxs Bolcheviques en Rusia— de intentar disciplinar y sintetizar la lucha dentro de una única organización. En su crítica a la propuesta, él señaló “con el objetivo de alcanzar sus fines, las organizaciones anarquistas deben, en su constitución y operación, mantenerse en armonía con los principios del anarquismo; esto es, deben saber cómo combinar la libre acción de los individuos con el placer de la cooperación, la cual sirve para desarrollar la conciencia y la iniciativa de sus miembros”.

Mientras muchxs anarquistas sociales de hoy critican a lxs anarquistas insurreccionalistas afirmando que ellxs están en contra de la organización como tal, vale la pena señalar que la gran parte de los anarquistas sociales y anarco-comunistas activxs en el comienzo del siglo pasado no vieron la organización y el individualismo como una contradicción, y que pocxs anarquistas incluso están contra la organización como tal. La declaración de Malatesta de 1927 sobre este asunto merece ser repetida:

“Juzgando por algunas discusiones, podría parecer que hay anarquistas que se oponen a cualquier clase de organización; pero en realidad las muchas, demasiadas discusiones que tienen lugar entre nosotros sobre esta materia, incluso viéndose obscurecidas por cuestiones de terminología o envenenadas por las diferencias personales, básicamente son relativas a la forma y no al principio de organización. De esta manera, ocurre que cuando los compañeros que, a juzgar por lo que dicen, son los más obstinados oponentes de la organización, realmente quieren hacer algo, se organizan tal como el resto, y frecuentemente de mejor manera. El problema, repito, es enteramente un asunto de método”.[4]

Galleani, quien emigró a Estado Unidos en 1901 después de enfrentar arresto en Europa, editó uno de las más importantes periódicos anarquistas italianos en Estado Unidos, Cronaca Sovversiva, y fue crítico con la organización formal. En sus artículos y discursos combinó la idea del apoyo mutuo de Kropotkin con la insurgencia sin límites, defendiendo el anarquismo comunista contra el reformismo y el autoritarismo socialista, hablando del valor de la espontaneidad, variedad, autonomía e independencia, la acción directa y la auto-determinación. Galleani y sus partidarixs fueron profundamente desconfiadxs de las organizaciones formales, viéndolas como propensas a volverse organizaciones jerárquicas y autoritarias.

La crítica a las organizaciones formales desde ese entonces se ha vuelto un interés central de gran parte de lxs anarquistas insurreccionalistas. Galleani no vió contradicción entre la lucha individual y social, ni tampoco entre comunismo y anarquismo. Él estaba firmemente en contra del comunismo autoritario, el cual vió que surgía desde las ideologías colectivistas — la idea de que la producción y el consumo debieran ser organizadas en un colectivo en el que las individualidades deben participar. Galleani es una de las principales influencias de aquellxs que se autodenominan anarquistas insurreccionalistas.

El debate sobre la relación entre la lucha individual y social, entre individualismo y comunismo, continúa los días de hoy. Algunxs anarquistas insurreccionalistas sostienen que la insurrección empieza con el deseo de las individualidades de romper con las circunstancias limitadas y controladas, el deseo de re-apropiarse de la capacidad para que cada unx cree su vida como a unx le parezca mejor. Esto requiere que superen la separación entre ellxs mismxs y sus condiciones de existencia — comida, vivienda, etc. Donde lxs pocxs, lxs privilegiadxs, controlan las condiciones de existencia, no es posible para la mayor parte de las personas determinar verdaderamente, en sus propios términos, su existencia.

La individualidad solo puede florecer donde existe igualdad de acceso a las condiciones de existencia. Esta igualdad de acceso es el comunismo; lo que las individualidades hacen con este acceso depende de ellxs y de aquellxs a su alrededor. Por lo tanto, no existe igualdad o identidad de los individuos implicados en el comunismo real. Son los roles sociales impuestos por el presente sistema los que nos imponen una identidad o una igualdad. Por tanto, no hay contradicción entre individualidad y comunismo.

El proyecto anarquista insurreccional crece del deseo del individuo de determinar cómo vivirá unx su vida y con quien unx llevará a cabo este proyecto de auto-determinación. Pero este deseo se encuentra confrontado por todos lados con el orden social existente, una realidad en la que las condiciones han sido determinadas según los intereses de la clase dominante, que se beneficia de las actividades a las que estamos obligados para nuestra propia sobrevivencia.

Por tanto, el deseo de auto-determinación y auto-realización individual conduce a la necesidad de un análisis y lucha de clases. Pero, las viejas concepciones obreristas, las cuales percibían a la clase obrera industrial como el sujeto central de la revolución, no son adecuadas para esta tarea. Lo que nos define como clase es nuestra desposesión, el hecho de que el sistema actual de relaciones sociales nos roba nuestra capacidad para determinar las condiciones de nuestra existencia. La lucha de clases existe en todos los actos de revuelta individuales o colectivos en los que pequeñas porciones de nuestra vida son devueltas, o pequeñas porciones del aparato de dominación y explotación son obstruidas, dañadas o destruidas. En un sentido significativo, no existen actos de revuelta individuales y aislados.

Todos los actos de ese tipo son respuestas a la situación social y muchos involucran algún tipo de complicidad, indicando cierto nivel de lucha colectiva. Considera, por ejemplo, la organización mayormente silenciosa y espontánea del robo de productos y el sabotaje al proceso de producción, que tiene lugar en la mayoría de los puestos de trabajo; esta coordinación informal de actividad subversiva llevada a cabo en el interés de cada individuo involucrado es un principio central de la actividad colectiva para los anarquistas insurreccionalistas, porque la colectividad existe para servir a los intereses y deseos de cada individuo en reapropiar su vida, y a menudo lleva dentro de sí una concepción de formas de relacionarse libres de explotación y dominación.

Pero, incluso los actos solitarios de revuelta tienen su aspecto social y son parte de la lucha general de lxs desposeidxs. Por medio de una actitud crítica hacia las luchas del pasado, los cambios en las fuerzas de la dominación y su variación entre lugares diferentes, y el desarrollo de las luchas presentes, podemos hacer más estratégicos y selectivos nuestros ataques. Tal actitud crítica es lo que permite circular a las luchas. Ser estratégicos, sin embargo, no quiere decir que existe una sola forma de lucha; las estrategias claras son necesarias para permitir diferentes métodos para ser usados de una manera coordinada y fructífera. La lucha individual y social ni se contradice ni son idénticas.

Crítica a la organización

En Italia, el fracaso de los movimientos sociales de los 60’s y los 70’s condujo a algunxs a reevaluar el movimiento revolucionario y a otrxs a abandonar todo junto. Durante los 70’s muchos grupos leninistas concluyeron que el capitalismo estaba en la agonía de su crisis final, y pasaron a la lucha armada. Estos grupos actuaron como revolucionarios profesionales, reduciendo sus vidas a un rol social singular. Pero, en los 80’s llegaron a creer que el tiempo de la lucha social revolucionaria había terminado, y entonces llamaron a una amnistía para lxs presxs del movimiento desde los 70’s, algunxs llegando tan lejos como para disociarse de la lucha. Esto les separó de los anarquistas insurreccionalistas que creyeron que una lucha revolucionaria para derrocar el capitalismo y el Estado aun continuaba, pues ninguna historia determinista podría nombrar el momento indicado para rebelarse. De hecho, la historia determinista a menudo se convierte en una excusa para no actuar y sólo empuja aun más hacia lo imposible una posible ruptura con el presente.

Muchas de las críticas de lxs anarquistas insurreccionalistas de los movimiento de los 70’s se enfocaron en las formas de organización que encuadraron las fuerzas de la lucha y, fuera de esto, creció una idea más desarrollada de la organización informal. Una crítica a las organizaciones autoritarias de los 70’s, cuyxs miembrxs a menudo creyeron que estaban en una posición privilegiada para luchar, comparadxs con lxs proletarixs como un todo, fue pulida aún más lejos en las luchas de los 80’s, tales como las luchas en los inicios de los 80’s contra una base del ejército que iba a alojar armas nucleares en Comiso, Sicilia. Lxs anarquistas fueron muy activxs en aquella lucha, la cual fue organizada en ligas auto-gestionadas. Estas ligas autónomas ad hoc tomaron tres principios generales para guiar la organización de la lucha: el conflicto permanente, auto-gestión y ataque. Conflicto permanente quería decir que la lucha continuaría en conflicto con la construcción de la base hasta que fuera derrotada sin mediación o negociación. Las ligas fueron auto-generadas y auto-gestionadas; rechazaron la delegación permanente de representantes y la profesionalización de la lucha. Las ligas fueron organizaciones del ataque hacia la construcción de la base, no la defensa de los intereses de este o ese grupo. Este estilo de organización le permitió a los grupos realizar las acciones que vieron como las más efectivas, mientras aun era posible coordinar ataques cuando sea útil, dejando abierto, por lo tanto, el potencial de la lucha para que se propague. Mantiene también el enfoque de la organización en la meta de poner fin a la construcción de la base, en vez de la construcción de organizaciones permanentes para las que normalmente se vuelve el eje central el mediar con las instituciones del Estado limitando la autonomía de los medios de lucha.

Así como lo entendieron lxs anarquistas involucradxs en la lucha de Comiso, uno de los motivos centrales que impiden que las luchas sociales se desarrollen en una dirección positiva, es el prevalecimiento de tipos de organización que nos privan de nuestro poder para actuar y cierran el potencial de la insurrección. Estas son las organizaciones permanentes, las que sintetizan todas las luchas dentro de una única organización y que median las luchas con las instituciones de la dominación. Las organizaciones permanentes tienden a desenvolverse como instituciones que se colocan sobre la multitud que lucha. Tienden a desarrollar una jerarquía formal o informal para quitarle poder a la multitud: el poder es alienado de su forma activa en el interior de la multitud e instituido dentro de la organización. Esto transforma a la multitud activa en una masa pasiva. La constitución jerárquica de relaciones de Poder quita la decisión del tiempo en que tal decisión es necesaria y la ubica al interior de la organización. La consecuencia práctica de tal tipo de organización es que los poderes activos de aquellxs envueltos en la lucha son suprimidos por la organización. Las decisiones que deberían ser hechas por aquellxs involucradxs en una acción son suprimidos por la organización. Además, las organizaciones permanentes tienden a tomar decisiones no en base a la necesidad de una acción o meta específica, sino atendiendo a las necesidades de la organización, especialmente su preservación. La organización se vuelve un fin en sí misma. Unx solo necesita mirar el funcionamiento de muchos partidos socialistas para ver esto en su forma más descarada

Mientras la organización se mueve hacia la permanencia y llega a erigirse sobre la multitud, aparece el organizador —a menudo diciendo haber creado la lucha— y empieza a hablar a las masas. El trabajo del organizador es transformar a la multitud en una masa controlable y representar a esa masa ante la prensa o las instituciones del Estado. Rara vez lxs organizadores se ven a si mismxs como parte de la multitud, por tanto, no ven que su tarea sea el actuar, sino hacer propaganda y organizar, pues están las masas para actuar

El Factor Opinión

Para el organizador, que toma como consigna “solo existe lo que aparece en la prensa”, la verdadera acción siempre le cede el puesto al mantenimiento de la imagen en los medios de comunicación. La meta de tal mantenimiento de la imagen nunca es atacar a una institución específica de la dominación, sino afectar a la opinión pública, para construir por siempre el movimiento o, incluso peor, la organización. El organizador siempre debe preocuparse acerca de cómo las acciones de lxs otrxs se reflejaran sobre el movimiento; deben, por lo tanto, intentar tanto disciplinar a la multitud que lucha como intentar controlar el cómo es representado el movimiento en los medios masivos de información. La imagen suele reemplazar a la acción por la organización permanente y el organizador.

El intento de controlar las grandes factorías de imagen y creación de opinión de nuestra sociedad es una batalla perdida, como si pudiéramos igualar la cantidad de imágenes puestas delante por los medios de información o hacer que ellxs “digan la verdad”. Por consiguiente, muchos anarquistas insurreccionalistas han sido muy críticos de llevar la lucha al interior de los medios de masas del capitalismo. En Italia, esto ha generado conflictos con organizaciones como Ya Basta!, quienes ven a los medios de información de masas como un vehículo de transmisión clave para su movimiento; en otros lugares del mundo, el problema de cómo lxs anarquistas deberían relacionarse con los medios de masas ha sido un foco de debate en los últimos años —especialmente desde las acciones contra la cumbre de la OMC 1999 en Seattle— y por ende, para nosotrxs es importante explicar la posición crítica de algunxs anarquistas insurreccionalistas.

En un nivel básico, necesitamos preguntar ¿qué es una opinión? Una opinión no es algo que se encuentre primero entre el público en general y después, más tarde, sea reproducido por medio de la prensa, como un simple reporte de la opinión pública. Una opinión primero existe en la prensa. Segundo, la prensa reproduce luego un millón de veces la opinión, conectando la opinión a un cierto tipo de personas (lxs conservadorxs piensan X, lxs liberales piensan Y). Tercero, como señala Alfredo Bonanno, “[una opinión] es una idea nivelada, una idea que ha sido uniformada con el propósito de hacerla aceptable a un gran número de personas. Las opiniones son ideas masificadas”.[5] La opinión pública es producida como una serie de simples opciones o soluciones (“Estoy por la globalización y el libre mercado” o “estoy por el proteccionismo y mayor control nacional”). Se supone que somos lo que escogemos —escogemos nuestros líderes y nuestras hamburguesas— en vez de pensar por nosotrxs mismxs. Es obvio, por eso, que lxs anarquistas no pueden usar la industria creadora-de-opiniones para crear contra-opiniones, y con suerte lxs anarquistas nunca querrían operar al nivel de la opinión, incluso si nosotrxs de alguna manera pudiéramos ejercer el control sobre el contenido escupido desde las puertas de la industria. De todas formas, la ética del anarquismo nunca podría ser comunicada en la forma de una opinión; una vez masificada, moriría. Al final, es exactamente en el nivel de la opinión en que trabaja el organizador, pues las opiniones y el mantenimiento de la imagen son importantes herramientas del poder, herramientas usadas para moldear y disciplinar una multitud en una masa controlable.

En vez de trasladar el poder y la toma de decisiones hacia una organización, gran parte de lxs anarquistas insurreccionalistas reconocen la necesidad de organizarse de una manera que carezca de la formalidad y la autoridad que separa a lxs organizadorxs y lxs organizadxs; esta es llamada organización informal. Como la naturaleza del organizador es planear y controlar, ellxs a menudo priorizan la perpetuación de la organización por encima de otras metas. Las organizaciones informales, por otra parte, se disuelven cuando su meta es alcanzada o abandonada; no se perpetúan a si mismas simplemente por el bien de la organización, en caso de que dejasen de existir las metas que hicieron que la gente se organice.

Como en el caso de las ligas de Comiso, la organización informal es un medio para que los grupos de afinidad coordinen esfuerzos cuando sea necesario. Siempre debemos recordar que muchas cosas pueden ser hechas con mayor facilidad por un grupo de afines o un individuo, y en esos casos, altos niveles de organización solo complican el proceso de toma de decisiones — esto nos sofoca. La menor cantidad de organización necesaria para alcanzar nuestros objetivos es siempre lo mejor para maximizar nuestros esfuerzos.

La organización informal debe estar basada en una ética de acción autónoma; la autonomía es necesaria para prevenir que nuestros poderes activos se vuelvan alienados, para prevenir la formación de relaciones de autoridad. La autonomía es negarce a obedecer o a dar órdenes. Las cuales son siempre gritadas desde arriba o por encima de la situación. La autonomía permite a las decisiones ser hechas cuando son necesarias, en vez de estar predeterminadas o atrasadas por la decisión de un comité o una reunión. Esto no quiere decir, sin embargo, que no deberíamos pensar estratégicamente acerca del futuro y hacer acuerdos o planes. Por el contrario, los planes y acuerdos son útiles e importantes. Lo que es enfatizado es una flexibilidad que permite a la gente descartar planes cuando ellos se vuelvan inútiles. Los planes debieran ser adaptables a los eventos a medida que se vayan desarrollando.

De la misma forma que una organización informal debe tener una ética de autonomía o será transformada en una organización autoritaria, con el fin de evitar la alienación de nuestros poderes activos, esta debe tener también una ética de no tranzar con respecto a la meta acordada de la organización. La meta de la organización debería ser llevada adelante o abandonada. Comprometerse con aquellxs a lxs que nos oponemos (por ejemplo, el Estado o una empresa) derrota a toda verdadera oposición, reemplaza nuestro poder para actuar por el de nuestros enemigxs.

Las sobras entregadas para calmarnos y divertirnos, por aquellxs a quienes nos oponemos, deben ser rechazadas. Los acuerdos con cualquier institución de la dominación (el Estado, la policía, OMC, FMI, “el Partido”) son siempre la alienación de nuestro poder hacia las instituciones que nosotrxs supuestamente deseamos destruir; esta clase de compromiso desemboca en la perdida de nuestro poder para actuar decisivamente, para tomar decisiones y acciones cuando lo elijamos. Como tales, los compromisos solo hacen más fuertes al Estado y al Capital. Para aquellxs que buscan abrir la posibilidad de la insurrección, para aquellxs que no desean esperar las condiciones supuestamente apropiadas para la revolución, para aquellxs que no quieren una revolución que sea simplemente la creación de una nueva estructura de Poder, sino la destrucción de todas las estructuras que alienan nuestro poder de nosotrxs mismxs, tal compromiso es contrario a sus objetivos.

Solidaridad Revolucionaria

La solidaridad revolucionaria, otra práctica central del anarquismo insurreccionalista, permite movernos mucho más allá del tipo de solidaridad de “enviar un cheque” que se extiende tanto por la Izquierda, así como esa solidaridad que depende de pedir al Estado la liberación o misericordia. Un ejemplo de solidaridad revolucionaria fue la acción de Nikos Maziotis contra TVX Gold[6] en diciembre de 1997. Muchas personas en los pueblos alrededor de Strymonikos en el norte de Grecia, estuvieron luchando contra la instalación de una planta de metalurgia de oro en su área. En solidaridad con los pobladores, Nikos colocó una bomba en el Ministerio de Industria y Desarrollo, que se pretendía explotase cuando nadie estuviera en el edificio; desafortunadamente, esta nunca explotó. Nikos fue sentenciado a 15 años de cárcel, pero ahora está en la calle[7] TVX Gold es una compañía multinacional con sede en Canadá, por tanto ahí hay muchos puntos a los que la solidaridad revolucionaria con los habitantes de Stryminikos podría haber sido establecida. Es necesario recaudar fondos en nombre de lxs compañerxs de unx y es un gesto apreciable indudablemente, pero esto puede ser combinado con formas más activas de solidaridad con aquellxs que luchan contra nuestros enemigxs en común. La solidaridad revolucionaria comunica el vínculo entre la explotación y la represión de otrxs y nuestro propio destino, y muestra a las personas los puntos en los cuales el Capitalismo o el Estado operan de manera similar en lugares muy diferentes. Creando conexiones entre luchas contra el Estado y el Capital, la solidaridad revolucionaria tiene el potencial de llevar nuestras luchas locales a un nivel global

Además, la solidaridad revolucionaria siempre es un activo ataque; esta siempre involucra la recuperación de nuestros poderes activos que se multiplican en combinación —en solidaridad— con los poderes activos de otrxs. Muchxs anarquistas insurreccionalistas han estado involucradxs en la resistencia contra el régimen carcelario FIES (Ficheros de Internxs de Especial Seguimiento) en España. Esta es una lucha revolucionaria, ya que no está enfocada sólo en una simple reforma, sino que su meta final es la desaparición de las cárceles, lo cual implica un cambio social radical. Es una lucha auto-gestionada, en la que no existen líderes o representantes, ni dentro ni fuera de las prisiones, sino solamente la solidaridad que crece entre la gente explotada tanto del interior como del exterior de las murallas.

Una de las principales fortalezas de la organización informal es que permite intervenir a lxs anarquistas en luchas específicas o intermedias, sin comprometer principios o exigir uniformidad en las acciones o políticas. Las luchas organizadas informalmente pueden estar compuestas de grupos de afinidad con perspectivas políticas muy diferentes entre sí. Algunas personas pueden desear el abrir la posibilidad de la insurrección, mientras que otras solo estén interesadxs en una meta inmediata. No existen motivos por los cuales lxs que comparten un enfoque práctico inmediato, pero que divergen en sus metas a largo plazo, no puedan juntarse. Por ejemplo, un grupo contra la ingeniería genética podría formar y decidir coordinar la destrucción de cultivos y hacer circular panfletos anti-IG. En este caso, aquellxs que quieran una ruptura insurreccional con este orden social y aquellxs que simplemente odian la ingeniería genética podría fácilmente trabajar juntxs hacia una meta inmediata. Los grupos que toman un enfoque más insurreccional a la acción, sin embargo, a menudo terminan en conflicto con otros grupos que trabajan en torno a temas similares. El Frente de Liberación de la Tierra, un conjunto de grupos organizados informalmente que han tomado una posición de ataque hacia quienes ellxs ven que están destruyendo la tierra, han sido vilipendiadxs por el movimiento ambientalista predominante. Podrían ser criticadxs, al mismo tiempo, por muchxs anarquistas insurreccionalistas por enfocar defensivamente en la protección de la tierra e ignorar el aspecto social de la revolución. Lo que es importante para permitir trabajar juntos a los diferentes grupos es la coordinación junto a la autonomía.

Para aquellxs que desean abrir la posibilidad de la insurrección, tal cooperación no cerrará la puerta a sus sueños. La organización informal, con su ética de autonomía y no afiliación, no controla la lucha, y la incontrolabilidad abre la posibilidad de una ruptura insurreccional con el orden social actual…

[1] “El Único y su propiedad” Max Stirner, 1844.

[2] “Anarquistas” que generalmente le dan la espalda a la acción directa, y usan la política local para intentar y ganar reformas y establecer “pueblos anarquistas controlados”. (N. del A.).

[3] Albania, Laboratory of Subversion. Anónimo (Elephant Editions, Londres, 1999)

[4] “Un Plan de organización anarquista” Errico Malatesta 1927.

[5]La tensión anarquista” Alfredo M. Bonnano.

[6] Compañía multinacional dedicada a la extracción de oro. (Nota de la T.).

[7] Actualmente se encuentra cumpliendo una condena de 50 años por su accionar como miembro del grupo anarco-comunista de guerilla urbana Lucha Revolucionaria. (Nota de la T.).

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