[Hakim Bey] Carta a Valencia

junio 28, 2016
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Nota: Este texto fue leído telefónicamente por Hakim Bey en una jornadas sobre cibercultura celebradas en la Universidad de Alacant en noviembre de 1999. La traducción castellana es de Rosanna Mestre.

Por una curiosa coincidencia, Internet empezó a emerger aproximadamente al mismo tiempo que el Capital Global, hacia el final de los ochenta. Por supuesto que la Red tenía una prehistoria en los ochenta y ya entonces se hicieron algunas predicciones utópicas. Yo mismo hice algunas. Se despertaron muchas expectativas a causa del aspecto “caótico” o sin fronteras de esta tecnología, de su nivelación igualitaria o de su estructura mucho-para muchos. Aparentemente, la Red era algo no jerárquico, “fuera de control” -y, posiblemente, incluso un tipo de revolución en sí mismo.

Actualmente el Capital Global también desea una especie de ausencia de fronteras, de manera que el dinero pueda fluir libremente por los mercados sin los bloqueos impuestos por los Estados. De hecho, el Estado se ve ahora reteorizado como una agencia de dinamización de flujos “privatizando” muchas de sus funciones sociales y económicas de formación. El Capital revela cada vez más su aspecto caótico, su organización alrededor de extraños atractores y su complejidad. El Capital es “liberado” para seguir su propio hado -que consiste en una especie de fatalidad, un totalitarismo del puro dinero. Resulta que así la jerarquía ya no significa lo que solía significar. Cuando toda relación humana está definida por el dinero, la ideología pierde definición y parece evaporarse. Pero la frase “fuera de control” describe aquí tan sólo una ilusión. El Control solamente “desaparece” a causa de su perfección, su universalización y su identificación como “puro” Capital. La Red parece haber seguido una trayectoria paralela. El Estado se muestra desconcertado por ciertos aspectos incontrolables de la Red, pero el Capital no siente ninguna consternación por ello. El Capital ya es “virtual” -menos del 10% circula en efectivo y menos del 5% se refiere a cualquier forma de producción-, es decir, la mayor parte de él es capital puramente financiero, capital no productivo -un extraño azar quizá ni siquiera previsto por Marx-. El Capital se adhiere a la Red enseguida y la “capitaliza”. En menos de diez años la Red parece haber dejado de ser un dispositivo radical heurístico para convertirse en una red de galácticas compras que se pueden hacer desde casa. Quedan algunos fallos técnicos, claro. El dinero en efectivo, por ejemplo, falla a la hora de materializarse en la red y, sin embargo, se hacen fortunas especulando con compañías con cero líneas de beneficio. Pero en Nueva York los autobuses llevan a los lados anuncios en los que varias empresas http://www.loquesea.com comercializan incomprensibles “servicios” ofrecidos por jóvenes modelos con problemas de actitud completamente postmodernos; la pantalla de televisión se funde con la pantalla del ordenador en un éxtasis de absoluta vacuidad, una seducción totalmente vacía de contenido -una cultura de lápidas sepulcrales en vídeo y talk-shows para muertos vivientes.

A principios de los años noventa asistí a largas series de conferencias en Europa, casi todas ellas dedicadas principalmente a la teoría de la comunicación y específicamente a la Red. Fui invitado porque había elaborado algunas teorías tempranas y porque mis textos estaban ya presentes en la Red a finales de los ochenta. Pero durante esas conferencias me encontré a mí mismo jugando un papel bastante negativo. Primero dirigí la mayor parte de mis críticas a lo que yo llamé Cibergnosis: la tendencia a crear una especie de religión a partir de las características descorporeizadas de la tecnología informática, como si la alienación del cuerpo constituyera una forma de transcendencia sobre la materialidad, una nueva versión de “la promesa de la luna” rematada con el sacerdocio anoréxico de “hackers legendarios” (siempre vestidos de negro, por supuesto). Segundo: es cierto que hubo algunos ejemplos de usos radicales de la Red -los comunicados zapatistas, las campañas anti-McDonalds y anti-Cienciología, Radio B-92 en Belgrado-. Iba a añadir “etcétera” pero honestamente no puedo pensar en ningún otro ejemplo. El vago sentimiento de que uno está haciendo algo radical al sumergirse uno mismo en una nueva tecnología no puede ser dignificado con el título de acción radical. La verdad es que para mí en la Red cada vez se está hablando más y se está hacíendo menos. Es por eso que empecé a sospechar que las “aplicaciones” revolucionarias de la Red no llegarían nunca. Habría “sentimientos”, por supuesto, y se invertirían grandes recursos emocionales en la noción de “comunidad virtual”. Pero en el mundo real, el de la producción, el del poder y el de la corporeidad, nada esencial cambiaría. En este punto empezó a parecerme que la Red es un espejo perfecto del Capital Global. Hay un “mercado libre” de información -pero no necesariamente hay libertad para ninguna otra cosa que no sea la información-, igual que hay un mercado libre para el dinero pero no hay ninguna libertad para cualquier otra cosa que no sea el dinero. Ahora bien, los seres humanos no son “información” excepto de manera metafórica. La comida no es “información”. El placer no es “información”. La vida no es “información”. De manera que cuando el universo es definido como información, es mucho lo que se está quedando fuera. Igualmente, cuando la existencia humana es definida como un complejo informacional-conductista de las relaciones entre mercancías (relaciones entre cosas muertas), entonces también es mucho, en materia humana, lo que se está quedando fuera del modelo. El Capital y la Red tienen esto en común: una radical exclusión de lo humano. Con la velocidad de entrega del mensaje -la velocidad de la luz-, se alcanza un estado terminal y ya no se puede esperar más “progreso” en este terreno. Refinamiento, sí. Sólo es posible E=mc2 (energía igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado) y éste es el final. De manera similar, uno puede teorizar que la información ha alcanzado una condición terminal a través de la Red. “Toda la información” está teóricamente presente, y de manera simultánea y transparente, ante la mirada del “usuario”. Aparentemente ya no hay “jerarquías” de la información (“la información quiere ser libre” -exactamente igual que el Capital Global). Pero si todo es conocido (como un acontecimiento pasivo, por así decirlo), ¿por qué debería yo perseguir el conocimiento de una forma activa? Mi acción de conocer no significa nada en un universo donde todo es conocido. Paradójicamente, parece que el conocimiento depende de la existencia del no-(o anti-)conocimiento. La oscuridad es necesaria para dar significado a la luz. Cuando todo está iluminado, entonces hasta la propia luz es una forma de oscuridad. El conocimiento universal es un tipo de agujero negro en el que todo se desvanece sin dejar rastro. Una gravedad infinita. 1995 fue “el año de la Red” -esto es, su último año de incertidumbre, de transformación, de potencial desconocido. Desde entonces el interrogante de la Red ya no me parece interesante. No diré que haya sido respondido, sino simplemente que ya no me importa. Lo que me resulta interesante es lo que no está en la Red. Por supuesto que, en algún sentido, parece imposible descubrir algo que no tenga su propia página web. Parece que se haya producido un cerramiento total -nada queda ya de un Lugar Exterior, de ninguna resistencia a la totalidad, de ningún margen. Bajo tales condiciones, sería difícil decidir qué podría ser “interesante”. En un mundo de pura luz, la única difference está en los puntos de oscuridad, quizá en las negaciones deliberadas.

¿No es curioso que no haya emergido ningún tipo de resistencia global a través de la comunicación global en respuesta al Capital Global? Hay muchos asuntos individuales, muchas áreas de conflicto pero todavía no hay ningún sentido cohesivo de movimiento. Los residuos de la Izquierda parecen haber aceptado el triunfo del Capital y limitan sus respuestas a demandarle que muestre una “cara humana”. La vieja y malvada Derecha del fundamentalismo y el nacionalismo étnico todavía lucha contra la homogeneidad y el hegemonismo de la información postmoderna -el nuevo fetichismo conductista de la mercancía-; es el último cartucho del Mal contra la nada de un mundo que ya no puede definirse como el “Bien”. Sólo parece estar ausente el sentido de un “movimiento de lo Social” (o de algún valor moral equivalente) -de hecho, hablar de ello, hasta parece una broma de mal gusto, una frívola ilusión dejada por los años sesenta.

En cualquier caso, adiós a la Red. Si es posible que algo auténtico de la vida humana sobreviva en este Futuro al que hemos sido precipitados, ese algo no tendrá lugar en la Red. La red se ha convertido en un barrio demasiado frecuentado, en una sofocante arqueología de esperanzas sepultadas. Quizás es algo que (como diría Nietszche) puede ser “superado”, el peso muerto de la crisis epistemológica, de la ingravidez mórbida del éxtasis virtual.

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[Gustavo Rodríguez] Violencia antagonista: Vía armada en entornos urbanos desde la perspectiva anarquista

junio 10, 2016

La violencia es justificable solo cuando es necesaria para defenderse a uno mismo o a los demás de la violencia […] El esclavo siempre está en un estado de legítima defensa, así que su violencia contra su patrón, contra el opresor, está siempre moralmente justificada y tiene que ser regulada sólo con el criterio de su utilidad y de la economía del esfuerzo humano y de los sufrimientos humanos.”

Enrico Malatesta, «Umanità Nova»

25 de agosto de 1921

Antes de comenzar –por una cuestión de principios–, consideramos necesario emitir un posicionamiento; una suerte de “declaración”, donde quede sentado nuestro compromiso con las luchas antagonistas, con la guerra antisistémica. Por lo que vale reafirmar, que en el tema de la “vía armada”–a propósito del título de esta charla–, no somos ni podemos ser neutrales porque tampoco es neutral la “Historia oficial” ni lo son los medios de alienación masiva. No existe la pretendida “objetividad histórica” ni la “objetividad periodística”. Es un mito de la dominación. La “Historia oficial” es, invariablemente, la manipulación de los hechos a favor de los vencedores, el acomodo de la realidad a beneficio del Poder, sin importar quién esté en el poder.

En el caso particular de la lucha anarquista, la distorsión de los medios masivos de alienación y de los historiadores es una constante. Es realmente inmaterial si se trata de historiadores conservadores y de derecha o de historiadores izquierdistas y “progresistas”, la resultante es la misma: la distorsión premeditada, el manoseo de los hechos y el reduccionismo. En una palabra: mentiras. Eso es lo que se produce de manera “neutral” y “objetiva” en torno al anarquismo. Por eso no debe sorprendernos que el accionar anarquista de nuestros días sea abordado desde la misma óptica con que se trató en el pasado.  Es la obra premeditada con claros fines propagandísticos, que aspira a presentar al anarquismo como una “ideología”, en el sentido de Gobel, es decir, como falsa consciencia, como distorsión de la realidad y corrupción de la verdad. Reduciendo la teoría y la práctica ácrata a la arquitectura futurista y a la ensoñación utópica, ya sea a través de la “violencia irracional” o de la mano de la “no violencia” baladí, es decir, mediante esa dicotomía irreal –prefabricada desde el Poder– que presenta las ideas y la práctica anarquista como “nihilismo inocuo” y/o “pacifismo estéril”; cuando en realidad ninguna de las dos etiquetas corresponden a la ética ácrata. Lo que no quiere decir que no existan admiradores del anarquismo ubicados en ambas categorías y hasta “presuntos” anarquistas que se identifiquen con esas posiciones completamente ajenas al anarquismo. Mismas que hemos señalado en repetidas ocasiones como desviaciones, producto de la constate intoxicación liberal y marxiana. Por tal razón, aquí evitaremos las ambigüedades intentando tomar partido por lo que entendemos justo y necesario: la violencia antagonista. Eso no significa que no seamos críticos con nuestros errores –históricos y presentes– Precisamente, entendemos la crítica como un arma imprescindible, como componente ineludible de la lucha. Por eso nuestro hincapié en el impostergable balance que haga “corte” histórico y contextualice la teoría y la práctica anárquica. Asignatura pendiente desde la derrota del anarcosindicalismo en el Estado español en 1939.

Para nosotros, la crítica que no aterriza en propuesta concreta no es una crítica antagonista. Con esta afirmación, no nos encuadramos en la lógica positivista y, mucho menos, nos alineamos con la retórica del “activista revolucionario” con su típico ¡hay que hacer algo! Tan emparentado con aquél ¿Qué hacer? que en la práctica se traduce en el acostumbrado “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. Muy al contrario, nos posicionamos en el contexto de la crítica contribuyendo con nuestros modestos aportes a la crítica armada libertaria. Por eso, cuando afirmamos que la crítica que no aterriza en propuesta concreta no es una crítica antagonista, ansiamos conjugar teoría y práctica. Tratamos de instalarnos en la praxis –echando mano de la jerga marxiana a propósito de intoxicaciones. Sin dudas, la crítica continúa siendo insustituible a la hora de abrir brecha en la senda antisistémica. Pero no sólo nos referimos a la evaluación crítica del pasado. La crítica a nuestra cotidianidad combativa, al día a día de la conflictividad, también es imprescindible. Lo que le otorga peso específico a la crítica armada son las enseñanzas concretas que ésta nos aporta. Aprender de la crítica armada es la vía para no repetir errores, es el vehículo que alimenta el proyecto antagonista, es la ruta que nos permitirá el desarrollo de la consciencia refractaria mediante la transformación de la apatía en rabia antagonista. Sólo así, concretaremos la autogestión de las luchas y la insurrección generalizada.

Alcanzada esta tesitura, iniciemos, entonces, con nuestra defensa consecuente de la vía armada, de la violencia antagonista, de la acción directa, como medio efectivo de lucha. Como señaláramos anteriormente, la “no-violencia” estéril –esa militancia inocua del pacifismo idílico–, no sólo es ajena al anarquismo sino que no corresponde con nuestros principios generales. Esta postura proviene de la intoxicación cristiana, en primer término, y de cierto liberalismo “radical” que le apuesta a la ideología ciudadana, a esa masa amorfa súbdita del Estado que reclama un nivel más elevado de interlocución con papá Estado. Nos referimos a eso que los ideólogos del liberalismo denominan “sociedad civil”. Desde luego, esta intoxicación ha alcanzado –particularmente en las décadas del 70 y 80– proporciones de “tendencia” al interior de nuestras tiendas, al confundir conceptos completamente diferentes e identificando “pacifismo” con “antibelicismo” y “antimilitarismo”. Los anarquistas, por principio, somos “antimilitaristas” y, consecuentemente, somos “antibelicistas”. O sea, nos oponemos abiertamente y con todas nuestras fuerzas, a la institución militar, identificándola junto a las diferentes corporaciones policiacas, como los agentes represivos del sistema de dominación. Y, lógicamente, somos “antibelicistas” porque nos oponemos a la guerra. No a la guerra antisistémica sino a las guerras del capital, a las guerras inter Estados, sean estas entre potencias o entre los Estados desarrollados del centro contra la Estados periféricos, o las que se suscitan entre los Estados periféricos, por cuestiones fronterizas, por el control de los “recursos naturales” o por puro chauvinismo.

Entonces –retomando el discurso de la “vía armada”–, decíamos que defendemos la “vía armada”. Defendemos su efectividad como vehículo necesario para combatir la dominación y lo hacemos desde nuestros fundamentos éticos, es decir, desde la ética de la libertad y la crítica radical del poder. Lo que no equivale –insistiendo en los planteamientos anteriores– como acostumbran etiquetarnos los poderosos de todos los colores, a una apología a la violencia “irracional”, expresión con la que suelen calificar los hechos violentos “inexplicables” desde la falsa dicotomía “inseguridad-seguridad”, “violencia-no violencia”, tan en boga en estos días de imposición a ultranza de la ideología ciudadana.

Aquí –con el afán de evitar distorsiones–, habría que subrayar que los anarquistas luchamos por la eliminación de la violencia. Es decir, luchamos contra la fuerza bruta presente en las relaciones sociales. Luchamos contra la violencia sistémica, o lo que es igual, luchamos por la erradicación de la violencia capitalista y del terrorismo de Estado. Lógicamente, la única manera de combatir la violencia sistémica es recurriendo a la violencia antagonista.

Con esto, intentamos dejar en claro que nuestra crítica no es a la armas en sí, nuestra crítica es al culto que se le hace a las armas desde la perspectiva de ciertos grupos armados. Por tal motivo, nuestra discusión no se centra en el empleo de las armas sino lo que se pretende alcanzar mediante su utilización. Las armas no son el problema sino quién las porta y para qué las usa. De igual forma, nuestra crítica se enfoca en el tipo de organización armada. O sea, establece la diferencia entre la organización de estructura partidista de vanguardia y por ende, autoritaria-dirigente y, la configuración informal, horizontal y autónoma, por lo tanto antiautoritaria. Claro está, el tema  no se limita a una cuestión de formas. En esta discusión subyace un problema de fondo. Es una cuestión de principios, es un dilema ético. Es la cuestión entre medios y fin. Esa contradicción que, lógicamente, queda saldada por los grupos autoritarios al justificar la “necesidad” de cualquier medio para alcanzar el fin. Mismo que, por regla general, es la toma del poder del Estado o la imposición de un Orden ya sea ideológico o religioso (perdón por la redundancia).

Para nosotros, el tema es mucho más complejo porque se trata de una lucha antiautoritaria. Nosotros no luchamos por tomar el poder del Estado ni por imponer un orden ideológico y/o religioso. Nosotros luchamos por la liberación total, luchamos contra todo lo que nos domina. Nuestra lucha es radical, es decir, vamos a la raíz de los males: la dominación, el poder. Por eso hacemos marcado hincapié en que el fin no es otro que no sea la destrucción del sistema de dominación.Planteamos la destrucción total de todo el complejo entramado de la dominación contemporánea. No luchamos por “otro capitalismo posible, como pregona el izquierdismo del nuevo milenio, retomando las viejas tesis leninistas del fin del “comunismo de guerra” y la implementación de la NED, con las que diera inicio el capitalismo de Estado en la extinta URSS. Tampoco luchamos por la imposición del Estado “proletario” o la “dictadura del proletariado”, eufemismos con los que se hace referencia a la dictadura de partido único, generalmente encabezada por una suerte de mesías omnipresente que de forma absolutista ejerce su mandato de “gran timonel”. Verdaderos regímenes autoritarios que en la práctica han demostrado ser un gigantesco retroceso para las luchas emancipadoras.

Sin dudas, todo este cuestionamiento ético, siempre ha impedido alianzas “tácticas” y ha limitado nuestra coordinación con otros agrupamientos políticos, con los que nos hemos visto obligados a “acompañarnos” en muy breves recorridos, en calidad de “compañeros de viaje”. Pero –insisto– han sido “viajes” muy cortos y, por lo general, en “vehículos” diferentes. Naturalmente, esto ha traído consigo la condena de estos grupos políticos que regularmente nos acusan de “sectarismo” al estar imposibilitados para comprender esta postura inmutable del anarquismo. Y es normal que caigan en ese “razonamiento” desde sus posiciones oportunistas. No puede ser de otra manera al perseguir fines diferentes, en primer lugar y, en segundo término, al tener principios éticos definitivamente opuestos. No olvidemos, en el caso de las guerrillas urbanas que proliferaron en la década del setenta y ochenta en Europa occidental, como muchas de ellas, por ejemplo, en Alemania, la Fracción del Ejército Rojo (RAF, por sus siglas en alemán) y las Revolutionäre Zellen (Células Revolucionarias), operaron con apoyo de la Stassi –la policía secreta de la RDA–  y de la KGB rusa y hasta llegaron a actuar como mercenarios bajo las órdenes de Saddam Hussein y de Al-Fatah. Evidenciando lo que planteábamos en torno a las diferencias éticas y las incompatibilidades en el tema de los medios y los fines. Indudablemente para estas agrupaciones leninistas no había contradicción en colaborar y coordinarse con los esbirros de la policía secreta alemana y rusa. Desde su perspectiva, encaminada a la toma del poder del Estado, todas estas agencias represivas eran aliados “tácticos”. Con esa visión bipolar de la “confrontación” Este-Oeste y el enfrentamiento ideológico entre el “imperialismo yankee” y el “modelo ruso”, todo se reducía al esquema simplista de “buenos” y “malos”, donde los “buenos” eran el imperialismo ruso y sus Estados satélites con sus cuerpos represivos al servicio del “Comunismo”. Esa lógica todavía persiste y la corroboramos con las acostumbradas excepciones que se hacen con los denominados “gobiernos progresistas”, haciendo la falsa diferencia entre Estados “buenos” y “malos” y, por lo tanto, silenciando los atropellos cometidos por estos “gobiernos progresistas” y justificándolos con la retórica anti-imperialista, las concepciones maquiavélicas de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” y la apuesta socialdemócrata por “el mal menor”

Retomando el tema que nos ocupa. Como bien señala Txema Bofill, ex integrante de los Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista (GARI), el gran mérito de los grupos de acción armada radica en no tragarse el viejo cuento del sistema de dominación que afirma que «No se puede hacer nada contra el Estado, y menos desde una minoría rebelde». Efectivamente, los grupos de acción antagonista no creen en la invulnerabilidad del sistema de dominación El enemigo contra el que se lucha está frente a nosotros, en nuestras narices. En este mismo instante planea las condiciones de dominación de hoy, de mañana y de pasado mañana, que le permitirán continuar ostentando el poder o, en este preciso momento, está diseñando los nuevos modelos represivos que le permitirán perfeccionar la dominación cuando tome el poder, cuando detente el poder del Estado. Sin dudas, esa es la mayor diferencia que tenemos los anarquistas con el resto de los grupos políticos que muchas veces también optan por la vía armada. Nuestra lucha no es por  la toma del poder del Estado sino por la destrucción total del Estado, no es por la implementación de “otro capitalismo posible” sino por la destrucción del Capital. Por eso identificamos en la lucha contra el poder institucional un poder instituyente que engendra en su seno los mismos males que combatimos y que, por ende, tendremos que continuar combatiendo una vez que queden instituidos por muy “revolucionarios” que se digan y pese a la verborrea –con pretensiones libertarias– de sus discursos.

Y bueno, después de este intento por destrabar esos nudos teórico-prácticos donde radican las diferencias éticas en torno a la violencia antagonista, vale comenzarnos a adentrar en el tema de la “vía armada en entornos urbanos”. Para empezar, habría que destacar que el origen de la denominada “guerrilla urbana” –muy a pesar de muchos de los que le han echado mano a lo largo de la historia–, es ciento por ciento anarquista, como concepto, como modelo organizativo y como estrategia de lucha. Hay que subrayar que el primer manual donde se teoriza en torno a la guerrilla urbana, fue elaborado en 1964 y publicado en 1965, por el anarquista Abraham Guillén, durante su exilio en Uruguay, con el título “Estrategia de la guerrilla urbana” –cuatro años antes de que Carlos Marighella, escribiera el “Minimanual del guerrillero urbano”, inspirado en los trabajos de Guillén. En ese mismo año, publicaría “Teoría de la violencia”.

También habría que recordar que los más remotos balbuceos de la “guerrilla urbana” se remontan a esa redundancia que se denomina “anarquismo ilegalista” y que hemos abordado en otras ocasiones. Con este término despectivo, se marcaban las diferencias entre la práctica anarquista y un pretendido “anarquismo” legalista, concretamente inmovilista e ideológicamente platónico, que le apostaba –y apuesta– a la evolución humana. Fueron los anarquistas “ilegalistas” del siglo XIX, quienes en su incansable y consecuente accionar contra la dominación, construyeron las bases para el desarrollo de la denominada “guerrilla urbana”. Entre los principios básicos de estos compañeros destacan la “acción directa” y la “autonomía”, es decir, la actuación sin intermediarios ni jerarquías y la absoluta libertad e independencia de los grupos e individuos. Desde esta perspectiva, se desarrollaron métodos de actuación consecuentes con tales principios éticos, atendiendo de manera puntual la correspondencia entre medios y fines. Entre estos métodos se reconocen tanto la “propaganda por el hecho”, las “represalias” (o atentados contra representantes y personeros de la dominación) y la “expropiación”. La mayoría de las veces, estas acciones se interrelacionaban y eran y son –porque los anarquistas también existimos en el siglo XXI– complementarias. Además, casi siempre estas acciones se realizaban (y realizan) por los mismos grupos de afinidad, aunque no necesariamente todos los grupos incurren en todas las practicas. A veces hay grupos más dedicados a la expropiación o a la propagando por los hechos o a los atentados. Sin embargo –ahondando un poco más en la interacción de estos métodos de lucha–, hay grupos de afinidad y/o individuos que, aunque se dediquen únicamente a las actividades expropiatorias, se solidarizan con los grupos de acción armada mediante la donación del producto de sus expropiaciones, destinadas a la compra de materias primas requeridas en la fabricación de explosivos o para la adquisición de municiones, etc.

Tendríamos que insistir, además, que este accionar no quedó suscrito al siglo XIX sino que continuó como modus operandi a lo largo del siglo XX y continúa como práctica anarquista en el siglo XXI. La profusión de grupos armados anarquistas tuvo su cenit en los albores del siglo XX en Europa, Estados Unidos y a lo largo y ancho de América Latina, destacando Argentina, Chile, Cuba, Uruguay y México, por la recurrencia a las “represalias”, la propaganda por los hechos y las expropiaciones, en entornos urbanos. A finales del siglo XIX. las grandes urbes se habían convertido en el centro natural del desarrollo capitalista, concentrando las industrias, la banca, así como las diferentes instituciones del poder. En su fauces.se incrementaban las contradicciones entre la opulenta burguesía y los obreros explotados y oprimidos, lo que ofrecía un conjunto de condiciones que facilitaban el enfrentamiento social. Esto permitió el desarrollo de estructuras antagonistas conformadas por pequeñas células de acción nucleadas en base a la afinidad entre compañeros. Los pequeños núcleos, de entre cinco y diez compañeros, a su vez, se coordinaban de manera informal con otros grupos de afinidad a la hora de realizar acciones conjuntas, alcanzado cierta fuerza irregular sin sacrificar su autonomía. Tal accionar les otorgaba movilidad y les permitía asegurar un máximo de efectividad con un mínimo de riesgos, como señalaran recientemente los grupos anarquistas insurreccionalistas y ecoanarquistas de México, en un pronunciamiento conjunto. Lo que imposibilita una represión “eficaz” por parte de la dominación. Esta manera de actuar y organizarse serviría de paradigma a la Federación Anarquista Ibérica. Agrupación que precipitara las condiciones que concluyeron en los intentos de Revolución Social durante la instauración de la segunda República en el Estado español.

La derrota del anarcosindicalismo en 1939, daría paso nuevamente a la puesta en práctica de la estrategia de la guerrilla urbana contra la dictadura militar nacionalista. Los anarquistas en el Estado español enfrentarían al franquismo, organizando las primeras guerrillas urbanas en Madrid, Barcelona, Málaga, Granada, Valencia y Zaragoza. Durante casi dos décadas, desde 1939 a 1957, los núcleos de la guerrilla urbana anarquista mantendrían en jaque a la dictadura franquista. En Cataluña destacarían las células coordinadas por Quico Sabaté, y José Luís Facerías. En Málaga, Córdova e incluso Madrid, daría batalla el grupo anarquista de Antonio Raya, quienes se habían refugiado en la Sierra pero operaban en las ciudades utilizando los más impredecibles disfraces llegando incluso a pasar por militares y curas en repetidas ocasiones. En Granada, el grupo de los hermanos Quero, destacaría por la espectacularidad de sus acciones. El cese del hostigamiento a la dictadura franquista y la pronunciada disminución del accionar revolucionario anarquista, no sólo sería la consecuencia lógica de la represión fascista sino también sería producto de las obscenas negociaciones de los “anarco”-sindicalistas de la CNT de Madrid con los Sindicatos Verticales, lo que aunado al inmovilismo de la CNT en el exilio –que, paradójicamente, se encontraba en manos de representantes de la FAI– , provocaría una fuerte división interna desatando una lucha fraccional que acarrearía la profunda decadencia del Movimiento Libertario Español.

A comienzos de la década del 60, una nueva generación de anarquistas residentes en el Estado español y en el exilio, sustituirían a los caídos, continuando con la estrategia de la guerrilla urbana, desarrollando la lucha clandestina y poniendo punto final al inmovilismo de la CNT y la FAI en el exilio y al cobarde entreguismo del “cenetismo” madrileño. En julio de 1965 la FIJL , lanzaría un comunicado  donde se afirma:«Consideramos que los objetivos supremos de la “oposición tolerada”, secundada por la “oposición clásica”, limitados a la simple petición de “LIBERTAD SINDICAL” y “DERECHO DE HUELGA”, deben ser desbordados por una exigencia más general, más concreta, más urgente y más positiva: LA LIBERTAD DE TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS». Los jóvenes libertarios, consecuentes con sus principios, se pronunciarían por la “autonomía de los grupos de acción” y daban por definitiva «la ruptura de contactos con el sector inmovilista representado por el Secretariado intercontinental de la CNT», convencidos que el inmovilismo era un «fenómeno inseparable de la existencia legal de las organizaciones libertarias».

El 30 de abril de 1966, la prensa italiana daría cuenta de la «misteriosa desaparición de monseñor Marcos Ussía, consejero eclesiástico de la embajada española ante el Vaticano». El primero de mayo, Luis A. Edo, reivindicaría el secuestro del cura-diplomático por un grupo anarquista que exigía a cambio la liberación de los presos políticos recluidos en las cárceles franquistas. El 3 de mayo, sería publicada en el periódico Avanti, un comunicado firmado por el Grupo Primero de Mayo (Sacco y Vanzetti), donde se lee: «Somos un grupo de anarquistas españoles que nos hemos visto obligados a utilizar esta forma de acción para que el embajador de España ante la Santa Sede envíe una petición al papa, para que éste a su vez, solicite públicamente al gobierno del general Franco, la libertad de todos los demócratas españoles (obreros, intelectuales y jóvenes estudiantes, condenados a diferentes penas en las cárceles franquistas […]» Con esta acción del Grupo Primero de Mayo, los anarquistas reanudarían el accionar antagonista en el Estado español, bajo el signo de la solidaridad directa con los compañeros presos. Según Telesforo Tajuelo, más allá de las diferencias teóricas, esta insistencia en la solidaridad sería, años más tarde, el punto de identificación y conexión entre el Grupo Primero de Mayo y los GARI.

El Grupo Primero de Mayo, desde sus inicios, abogó por la coordinación entre los grupos de acción antiautoritaria alrededor del mundo, haciendo énfasis en la autonomía de los grupos antagonistas. De tal forma, el 20 de agosto de 1967, haría su presentación pública el Movimiento de Solidaridad Revolucionaria Internacional (MSRI), donde el Grupo Primero de Mayo era uno de sus componentes más activos. Ese día, sería ametrallada la embajada norteamericana en Londres, acción reivindicada por el MSRI. El 12 de noviembre de 1967, ocho embajadas y 2 oficinas gubernamentales fueron totalmente destruidas por potentes artefactos dinamiteros, en una acción coordinada en diferentes ciudades de Europa. Los 10 atentados con bombas fueron reivindicados por el MSRI. En Bonn, Alemania, fueron atacadas las embajadas de Grecia, España y Bolivia; en Roma, Italia, la embajada de Venezuela; en La Haya, Holanda, las embajadas de Estados Unidos, Grecia y España, en Madrid, Estado español, la embajada norteamericana, en Milán, Italia y Ginebra, Suiza, las correspondientes oficinas de turismo del gobierno español.

Para finales de 1967, el Movimiento 22 de Marzo, emite en París una serie de consideraciones estableciendo las bases teóricas que diferencian el accionar antiautoritario del “foquismo” que se imponía como moda entre los grupos izquierdistas, aclarando que: «Es imperativo abandonar la teoría de la “vanguardia dirigente” y adoptar la concepción –mucho más honesta– de minoría actuante, que desempeña una función de fermento permanente, promoviendo la acción sin pretender dirigirla. La fuerza de nuestro movimiento radica, justamente, en que se apoya en una espontaneidad “incontrolable,” que impulsa, sin pretender canalizarla, sin pretender utilizar en beneficio propio la acción que ha puesto en marcha ». De estas premisas tomarían puntual nota el MSRI y las configuraciones posteriores: el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), los GARI y, en la década del 80, los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

En los primeros días de abril de 1968, en vísperas del arrasador “mayo francés”, el Grupo Primero de Mayo, envió un documento a todos los grupos anarquistas, intitulado “Para una práctica anarquista internacional” donde señala la existencia de un «statu quo» impuesto por los Estados que se pretendían “irreconciliables” (Estados Unidos, China y URSS) que contaban con un amplio espectro de países súbditos conformando circuitos satelitales, por lo que a partir de este hecho, los anarquistas debían no sólo reafirmar su consecuente antiestatismo sino, además, asumir una actitud de rebelión, de conflictividad permanente, de la mano de la crítica al autoritarismo.

Con estas proposiciones, florecerían incontables grupos de acción antiautoritaria en contextos urbanos, no sólo en Europa sino también en Estados Unidos y América Latina. Destacando en Alemania el Consejo Central de los Rebeldes Nómadas del Hachís, agrupación que año y medio después del asesinato de un estudiante a manos de la policía, durante las protestas por la visita del Sha en 1967, se radicalizará, conformando junto a otros colectivos antiautoritarios, el Movimiento 2 de Junio (M2J), la “guerrilla anarquista” más terminante de Alemania Federal. En Gran Bretaña, entraría en escena por esas fechas la popular Angry Brigade (Brigada de la Cólera). Esta agrupación armada anarquista mantendría el hostigamiento al sistema de dominación por casi una década, realizando acciones antagonistas desde 1969 a 1984. Sería mundialmente conocida, en 1972 con el juicio a 8 de sus integrantes en la Audiencia Nacional. Estos aguerridos anarquistas no sólo obtuvieron largas sentencias por parte del enemigo sino también la condena de la denominada izquierda amplia. El repudio a esta estructura libertaria no se limitaba a los círculos de la típica oposición tolerada, incluso desde el llamado “anarquismo organizado”, es decir, desde los membretes y las siglas legales, se les condenaba por “terroristas”, “aventureros” e “individualistas”.

Esta visión populista que condena a priori la acción de las minorías conscientes, apostándole a la evolución “revolucionaria” de los grandes rebaños, en lugar de comprender la función de “fermento permanente” que desempeña la minoría actuante en el desarrollo de la consciencia antiautoritaria,  aún persiste en ciertos sectores anarquistas. Los problemas que enfrentaron la Brigada de la Cólera, fueron los mismos que presentaron los grupos antagonistas actuantes en su época; sin importar mucho los posicionamientos teóricos. Todos los grupos que rechazaban los límites que impone el Estado y optaban por superar la legalidad, radicalizando las luchas, eran –y son– condenados por las organizaciones sociales extraparlamentarias, encasilladas en el legalismo, desde el denominado “movimiento obrero” –aún con vida por aquellos años–  hasta el anarquismo legalista, pasando, desde luego, por los partidos comunistas.  Naturalmente, este fenómeno se repetía en todas las latitudes sin establecer mayores diferencias entre leninistas y anarquistas. Quienes optaban por la vía armada, los que daban vida a la violencia antagonista, recibían la condena unánime de las organizaciones sociales y de la izquierda organizada en general.

En Estados Unidos, se repetía la historia, con grupos como The Weather Underground (Los Temperarios) y  el Symbionese Liberation Army (SLA) o Ejército Simbiótico de Liberación. Estas agrupaciones armadas también fueron aisladas por las organizaciones sociales “revolucionarias” y condenadas por “provocadores” y “terroristas individualistas” que acarreaban la represión y por tanto, eran una amenaza para el crecimiento del “movimiento de masas” y la “organización militante”. En la compilación de la compañera Jean Weir, sobre La Brigada de la Cólera, están recogidas las declaraciones al respecto de Martin Sostre del ESL, quien afirma que la condena al ESL, por parte de la prensa de izquierda era idéntica a la de la clase dominante. Según Sostre «La prensa del movimiento de izquierda nos quiere hacer creer que para derrocar a la criminal clase dominante, simplemente tenemos que organizar movimientos de masas, manifestaciones de protesta y repetir consignas revolucionarias.»

La condena de las organizaciones sociales, de los sindicatos y de los partidos “comunistas”, quedaba argumentada en lo que denominaron el “Síndrome anarquista”. Efectivamente, al seguir al pié de la letra las sugerencias del Manual de Guillén, como hicieron incluso las guerrillas urbanas de signo “anti.-imperialista”, inscribían su actuación en la lógica anarquista, es decir, se centraban en el hostigamiento constante al sistema de dominación atacando a sus representantes más destacados y a sus fieles guardianes. Recurrían a la expropiación, a la falsificación de documentos, a la represalia, a la propaganda por los hechos, a la ejecución de policías, etc. Por lo que grupos como la RAF, las Brigadas Rojas, el ESL, incluso –aquí en México– la Liga Comunista 23 Septiembre, serían catalogados como grupos “anarquistas”, por los “expertos” en el tema.

De este lado del charco, por esos mismos años, destacaría en Uruguay la Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales (OPR-33), brazo armado de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) que se diera a conocer en 1966 como contrapeso al foquismo del Movimiento de Liberación Nacional –Tupamaros (MLN-T). Sin embargo, la contaminación leninista y las inclinaciones nacionalistas, no sólo provocarían la debacle de la FAU sino que con el tiempo darían paso a la formación de una estructura partidista de vanguardia: el Partido de la Victoria del Pueblo (PVP), como consecuencia lógica de su desviación bolchevique, para concluir en nuestros días como partido electorero. Algo similar, sucedería con la guerrilla urbana anarquista en Alemania. El legendario Movimiento 2 de Junio (M2J), terminaría sus días en 1980 con muchos de sus miembros sumándose a la Fracción del Ejército Rojo (RAF). Si bien es cierto que su presencia impuso un sello ligeramente libertario que llevaría a la RAF a un prolongado replanteo que concluyera en su autodisolución, la fusión con este grupo leninista cerró todas las posibilidades de reproducción de grupos armados anarquistas en Alemania.

Aunque es innegable, como señaláramos anteriormente, la etimología ácrata de la “guerrilla urbana”. En nuestros días, entre los grupos anarquistas de acción antagonista, se desarrolla un profundo debate en torno al concepto mismo de “guerrilla” y a la metodología que le es propia. En los últimos años de la década del 70 y comienzos de los 80 del pasado siglo, se registró un declive de la guerrilla urbana “clásica”, dando origen a un “nuevo tipo” de guerrilla urbana que se cuestiona hasta la pertenencia de esta estrategia de guerra irregular. El año de 1976 y sobre todo, la primavera del 77 italiana y los denominados “días de reflexión” de enero de 1978, marcaron la profundización de la crítica en torno al tema de la guerrilla. La irrupción de “Azione Rivoluzionaria” (A.R.) y de su estructura feminista: “Acción Revolucionaria-Autonomía Feminista” (ARAF), recontextualizaría en Italia el tema de la guerrilla urbana anarquista. Si bien estas estructuras reconocen en su “Primer documento teórico”, fechado en enero de 1978, que nacían con un ojo puesto en la experiencia de la RAF y el desarrollo de las luchas en Alemania Federal y, el otro, centrado en las particularidades del movimiento antiautoritario italiano que no encontraba identificación alguna con las diferentes vanguardias armadas que conducían la guerra de guerrillas por aquellos días. Así mismo, profundizaban la crítica al papel dirigente que desplegaban estos grupos del tipo Brigadas Rojas y dejaban constancia de una propuesta organizativa diferente, basada en la coordinación informal y en los grupos de afinidad donde «los vínculos tradicionales son reemplazados por relaciones fundadas en la simpatía, caracterizadas en un máximo de intimidad, consciencia y confianza recíproca entre sus miembros», recomendando que los mismos se mantuvieran como núcleos pequeños para poder conservar las características que hacían viable la organización basada en la afinidad y evitar las posibles infiltraciones, garantizando un máximo de efectividad con un mínimo de riesgos.

En el mismo texto, reafirmarían –a manera de actualización de las luchas y como prueba fehaciente de la profundización de la crítica– que «el nuevo movimiento no sólo refuta al monstruo histórico del marxismo soviético  y el híbrido del marxismo italiano» sino que también «rechaza el mito del proletariado como clase revolucionaria, mito que ha conducido a un callejón sin salida al movimiento desde 1968 a nuestros días.» Lo realmente trascendental, es que esto lo aseveran los compañeros de AR en un documento de ¡LA DÉCADA DEL SETENTA! Asegurando que el haberse “librado” de tamaño mito «desprenderá energías de las cuales el movimiento del 77 es tan sólo un anuncio». Igualmente, “Acción Revolucionaria” dejaría constancia en este “Primer documento teórico”, que el nuevo movimiento no relega el combate a “las clases” sino que «lo asume en primera persona» subrayando que «la acción directa regresa a los individuos conscientes de sí mismos en cuanto individuos que pueden transformar su destino y retomar el control de su propia vida». Así mismo «reconoce la inadecuación del viejo proyecto socialista en sus diferentes versiones» y destaca que «todas las instituciones y valores de la sociedad jerarquizada han agotado sus funciones»,  insistiendo en que no existe «ninguna razón social» para salvarlas. «Estas instituciones y valores –recalcan–, junto a la ciudad, la escuela, etc., han alcanzado sus límites históricos. Es todo el universo social el que está en el túnel de la crisis […] Pero, precisamente, en la medida en que la crisis ahora invierte todos los campos contaminados por el dominio, más se evidencian los aspectos reaccionarios del proyecto socialista, ya sea maoísta, sea trotskista, sea stalinista, que conserva los conceptos de jerarquía, de autoridad y de Estado, como parte del futuro post-revolucionario y, como consecuencia, también conserva los valores de propiedad “nacionalizada” y de clase “dictadura del proletariado”».

Como si hubiesen redactado su documento esta mañana, “Acción Revolucionaria” puntualiza atinadamente: «La presencia crítica, constructiva y utópica, es una condición necesaria pero no es suficiente, tal presencia hoy no puede ser hegemónica, paralelamente hay que desarrollar una presencia crítica negativa, destructiva de los procesos en curso. La crítica destructiva, la crítica de las armas es la única fuerza hoy capaz de hacer creíble y fidedigno cualquier proyecto emancipador […] Las fuerzas sociales y políticas están cada vez más atomizadas en las masas y cada vez son más dependientes del Estado, no tienen más arma que el consenso forzado, impuesto por el terror para encausar de cualquier forma posible el creciente antagonismo. Papá capital ha llamado a sus fieles a la recuperación. La defensa a ultranza del Estado, mejor dicho, de su reforzamiento terrorista, es el motivo que los junta.» (Fin de la cita).

Por si pudiera parecernos poco esta contundente crítica de los primeros días de 1978, Acción Revolucionaria distribuiría un llamado durante el III Congreso de la IFA (Internacional de Federaciones Anarquistas), celebrado del 23 al 26 de marzo de ese mismo año en la ciudad de Carrara, donde propondría una “renovación” teórico-práctica y una actualización de “los métodos de intervención” anarquista que bien vale la pena repasar; sobre todo, para esos compañeros que siempre insisten en las propuestas “concretas”, entendiendo las proposiciones a manera de “lineamientos a seguir” ya que no acaban de asumir la crítica y la reflexión como herramientas indispensables para poner en práctica la acción directa, renunciando a decidir a partir de la crítica reflexiva el camino a seguir. En dicho volante, AR especificaría: «Lanzamos un llamado a todos los compañeros anarquistas, reunidos en este enésimo congreso, que aún no están escleróticos y envejecidos antes de tiempo, debido a la constante y fatigosa tarea de frecuentar la escena, unos en calidad de actores, otros como espectadores, de la representación asamblearia congregacional, y a los compañeros que todavía no hayan agotado todo su espíritu y su energía revolucionarias en una práctica que hace de la espera y la defensa sus principales prerrogativas.» Compañeros, insisto –no vaya a ser que alguien piense que esto se repartió en el último Congreso Anarquista celebrado en la Universidad Nacional Autónoma de México– este volante fue elaborado en marzo de 1978.

En esa misma tesitura, exhortaban a los anarquistas reunidos en Carrara, a reubicar el andamiaje teórico-práctico acorde a las necesidades del momento: «Compañeros, tratemos de renovarnos de una vez, de marchar al paso con los tiempos o mejor aún, intentemos prevenir los tiempos. Cómo esperamos ser incisivos si nuestros métodos de intervención, por demás pequeña propaganda teórica, resultan tan obsoletos y agotados que reducen al anarquismo a un estéril e infructuoso movimiento de opinión, capaz de actuar únicamente en el terreno defensivo cada vez que el poder lanza sus flechas represivas […] Compañeros, abandonemos la política de las consignas, de los esquemas, de la información generada, de hecho, hace cien años […]»

Sin dudas, 33 años después de aquél histórico llamado de Acción Revolucionaria, el abandono de nuestros viejos diagramas de organización y acción y, la renovación teórico-práctica del anarquismo, sigue siendo una de nuestras asignaturas pendientes. Este hecho nos muestra, sin matices, como, desde siempre los anarquistas hemos buscado la forma de actualizar el andamiaje teórico-práctico que nos sustenta y de configurar nuevas estructuras organizativas, superando las precedentes –toleradas o ignoradas por la dominación al considerarlas inofensivas– con el objetivo de reconfigurarnos de acuerdo al contexto que nos toca vivir para dotar con las armas necesarias a la lucha frontal contra el sistema de dominación.

A pesar de los adversos intereses del oficialismo “anarquista”, aquellos planteamientos de finales de la década del setenta, generarían una intensa polémica al interior de nuestras tiendas que iría cobrando forma hasta comenzar a delinear la tendencia insurreccional actual. El debate en torno a la crítica destructiva del sistema de dominación mediante el empleo de la violencia antagonista, de la vía armada, la propaganda por el hecho, la expropiación y el ataque directo a los representantes del poder, como estrategia conducente a la autogestión de la lucha y la extensión de la insurrección, se generalizaría en amplios sectores del anarquismo antagonista, alcanzando una dimensión internacional. “Apuntes para una discusión interna y externa”, sería el documento que sintetizaría las inquietudes y reflexiones del primer momento del debate y se publicaría íntegro en Anarchismo y en Contrainformacione. Estas profundas reflexiones, conducirán inevitablemente a cuestionarse la pertinencia de la “guerrilla” como concepto y como método de lucha, desde la perspectiva anarquista.

El término guerrilla, hace referencia a “guerra pequeña” o “conflicto menor” o “de baja intensidad”. Por eso, está implícito en el término, la referencia a “tropa ligera” o “partida” dedicada a realizar breves escaramuzas de acoso a las fuerzas regulares. Comenzó a utilizarse como táctica en España durante la invasión napoleónica. Conformándose pequeños agrupamientos de civiles entrenados y comandados por militares experimentados para asegurar el ataque constante contra las tropas francesas de ocupación. Desde entonces, la guerrilla, como táctica y estrategia, se utilizó para librar cualquier guerra asimétrica. A partir de esas fechas, el término se empleo para designar a esos pequeños grupos de civiles entrenados militarmente, convertidos en “tropa” irregular, dedicados a hostigar al ejército, en operaciones rápidas, teniendo a su favor el conocimiento del terreno de operaciones, la movilidad y el factor sorpresa. A diferencia de las guerras convencionales, la “guerra de guerrillas” es flexible, menos geométrica y muchísimo más móvil.

En el caso particular de la “guerrilla urbana”, como mencionamos al comienzo, esta táctica tiene sus inicios en el ataque anarquista al sistema de dominación, con el claro objetivo de infligir daño sistemático a las instalaciones del Poder (Estado-capital y clero) y a los representantes de la dominación, a las personas que ejercen el poder y a sus lacayos. Su estrategia se centra en el ataque al corazón del Estado y el capital: la ciudad. La actuación de la guerrilla urbana está destinada a afectar el “buen funcionamiento” del sistema. El conjunto de sus ataques estarán planeados contra las instituciones represivas (policías, judicatura, militares, etc.), combinando la “propaganda armada”, el ajusticiamiento, el acopio de armas y municiones, las expropiaciones, el sabotaje al aparato productivo, la destrucción de la mercancía, la solidaridad con los presos y el ataque a los medios de alienación masiva. Esta combinación de ataques buscan su extensión y reproducción, desplegando el combate en superficie contra la dominación, estando concebido para desarrollar la “consciencia revolucionaria” entre la multitud alienada. Según esta estrategia, la “gente común” abandonaría su acostumbrada pasividad sumándose a la insurrección, una vez que comprobara la vulnerabilidad del sistema de dominación. Sin embargo –y he aquí la crítica anarquista contemporánea–, la puesta en práctica de la “guerrilla urbana” clásica, requiere el concurso de “especialistas”, de “técnicos” especializados y esto trae consigo la aceptación del denominado “revolucionario profesional”, el culto a las armas y una serie de “necesidades” particulares a atender(las casas de seguridad, los sistemas de inteligencia y contrainteligencia, las jerarquías, etc.) que terminan por abandonar por completo las ideas anarquistas.

En este sentido, Alfredo Bonanno, nos recuerda en “El goce armado”, que para las organizaciones guerrilleras tradicionales es inevitable caer en el peligro tecnocrático, ya que, más temprano que tarde, terminan imponiendo a sus “técnicos”. En este folleto, nos señala que la estructura insurreccional que encuentra el gozo en la acción dirigida a la destrucción de la dominación «considera los medios utilizados para llevar a cabo tal destrucción como instrumentos, como medios. Quiénes emplean estos instrumentos no deben convertirse en sus esclavos. Así como quienes no saben usarlos no deben transformarse en esclavos de los que sí saben utilizarlos.
La dictadura de los medios es la peor de las dictaduras […] Es necesario desarrollar una crítica de las armas. Hemos visto demasiadas sacralizaciones de la metralleta y de la eficiencia militar.
La vía armada no es algo que concierne únicamente a las armas. Las armas no pueden representar, por sí mismas, la dimensión revolucionaria. Es peligroso reducir la compleja realidad a una sola dimensión y a un sólo objeto. De hecho, el juego envuelve este riesgo, de reducir el experimento vital a juguete, convirtiéndolo en algo mágico y absoluto. No por casualidad la metralleta aparece como símbolo de muchas organizaciones revolucionarias combatientes.
Debemos ir más allá para comprender el profundo significado de la lucha como placer, escapando a las ilusiones y a las trampas de la representación del espectáculo mercantil a través de objetos míticos o mitificados». Por eso, nos sugiere rechazar todos los roles, incluso el de “revolucionario profesional” con el objetivo de: «romper el cerco mágico de la dramaturgia mercantil», consciente de que la vía armada tiene que eludir la división de las tareas y la asignación de roles impuestos por la ideología de la producción, rehusando la “profesionalidad”.

La moraleja que subyace en esta reflexión, volvemos a repetirlo, no sitúa el problema en las armas sino en quién las usa, cómo las utiliza y para qué las emplea; lo centra en el tipo de estructura que se desarrolla y en el rol que desempeñen las minorías insurreccionales. Lo obsoleto de la “guerrilla urbana” clásica es su “especialización técnica”, es decir, el papel preponderante que se le atribuye al conocimiento de las armas, la sacralización de las mismas y al rol del “revolucionario profesional”, junto a toda la infraestructura que esto presupone. Esta reflexión nos deja en claro que no es suficiente con extender la lucha a todos los confines sino que hay que extenderla, además, a cada faceta de nuestra vida cotidiana. Ahí radica la autogestión de la lucha y el desarrollo de los “grupúsculos” antagonistas, de las minorías activas. Desde la reflexión anarquista –a partir de la experiencia de las luchas–, hemos percibido el rol recuperador de las viejas estructuras leninistas, por lo que hemos reafirmado nuestros principios de acción directa frente a los anquilosados esquemas de “profesionalización” de la lucha, invalidados de antemano en la guerra social contemporánea contra la dominación renovada.

Estamos conscientes que las minorías antagonistas corren el riesgo de transformarse en el espectáculo radical de las luchas si en el impulso de la confrontación permanente no son capaces de articular la extensión de la lucha a través del desarrollo de la consciencia antagonista. La toma de consciencia antiautoritaria pasa, indiscutiblemente, por un proceso de secesión. Por un punto de ruptura total con el sistema de dominación. El sistema ha penetrado el ADN del “ciudadano”. El Estado y el Capital son parte de nuestro cuerpo. Por eso existen, porque los reproducimos a cada paso. Esa es la razón por la que encontramos con tanta frecuencia entre nosotros la defensa inconsciente de la dominación, la defensa del Estado-capital. Cada vez que pedimos más trabajo en vez de luchar por la destrucción del trabajo: pedimos más capitalismo. En cada ocasión que demandamos “seguridad”, que exigimos “mayor presupuesto” para salud, educación, vivienda, etc.: reclamamos más Estado. Esa vía no conduce a la liberación total sino se reduce a la suplica por unos cuantos eslabones que hagan un poco más larga la cadena.

La “ORGANIZACIÓN”, así con mayúsculas, que tanto preocupa a todos y que en la práctica se reduce a siglas, cofradías y sectas, será fruto del desarrollo de la consciencia antagonista y  de la extensión de las luchas. La guerra social impondrá la necesidad de organización, ese es el verdadero avance del movimiento real. El antagonismo permanente de las minorías actuantes es la propuesta de ataque, aquí y ahora, a las estructuras de dominación y a sus personeros, para destacar, en primer lugar, que el enemigo si es vulnerable y para demostrar que nuestr@s compañer@s secuestrad@s por el Estado, no están solos sino que cuentan con toda nuestra solidaridad. El peso específico de las minorías antagonistas, de los grupos de afinidad en conflictividad permanente, no se registra en el número de ataques ni en los daños que ocasionen al enemigo las cada vez más potentes explosiones, la gravitación de estas minorías actuantes radica en el contagio, en la expansión geométrica de la lucha y en la toma de consciencia antiautoritaria. Por eso, detrás de cada explosión, en cada bala percutida, de la mano de cuanta expropiación se lleve a cabo, en la puesta en práctica de cualquier manifestación de violencia antagonista, tiene que estar siempre presente nuestro ideal, dejando manifiesto que nuestra lucha es por la liberación total, por la destrucción definitiva del sistema de dominación, por la Anarquía.

*Charla de Gustavo Rodríguez, en el Centro de Información Anarquista (CEDIA), México, D.F. Sábado 8 de octubre de 2011.
 
http://www.portaloaca.com/articulos/opinion/3743-violencia-antagonista-via-armada-en-entornos-urbanos-desde-la-perspectiva-anarquista.html
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Cómo la No-Violencia protege al Estado

mayo 20, 2016

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Barcelona: Segundo comunicado de Individualidades por la Dispersión del Caos – FAI/FRI

mayo 13, 2016

“Soy amante de la libertad y sólo puedo brindar mi respeto y mi solidaridad hacia los que como yo tienen el valor y la diginidad de defender su propia vida con uñas y dientes”
Claudio Lavazza.

Paseando por las calles de esta metrópolis muerta llamada Barcelona quien esté atentx puede hacer un análisis rápido de la realidad imperante tanto en esta como en cualquier otra de las ciudades del mundo civilizado, en las calles comerciales del centro como Paseo de Grácia , Portal del Angel o Diagonal,
podemos ver como las aborregadas masas atestan cada centímetro de suelo, como jóvenes y viejxs se idiotizan con la tecnología, como lxs pobres y lxs acomodadxs miran los mismos escaparates, suspiran por los mismos objetos, visten la misma moda e idolatran a los mismos ídolos sociales. En el mismo rincón podemos ver el lujo y el consumo mas absurdo mientras a pocos metros en algún portal o esquina algunxs desgraciadxs duermen entre cartones y basura. Todo esto sucede bajo la mirada de las cientos de cámaras de video-vigilancia colocadas especialmente el centro y las áreas comerciales,también atestan las ciudades ejércitos de policías, desde patrullas de secretas a escuadrones de antidisturbios paseando ametralladora en mano, todo esto por la seguridad del ciudadanx que felizmente se siente protegidx al contemplar el estado policial.

En la sociedad de masas que se desarrolla en el capitalismo, se puede estar rodeado de millones de personas y al mismo tiempo sentirse sólx y aisladx. El aislamiento social y el vacio existencial que produce el desierto de la sociedad de masas intenta ser rellenado con la busqueda de la aceptación, las modas, la pertenencia a “algo”, el trabajo, el ocio alienante , las drogas y el consumismo.Constantemente este aislamiento social es confundido con individualismo, sin embargo, ¿que persona con una conciencia individualista toleraria el ataque que en si mismo la sociedad de la obediencia y las masas representa para el individuo en si?

Tras una época de crisis y convulsión social, todo parece que finalmente vuelve a normalidad, la vida es menos vivida que nunca pero no pasa nada porque el ciudadanx  da gracias de que aún tenga el privilegio de romperse la espalda 8 horas o más en trabajos de mierda cobrando una miseria para poder seguir pagando precios abusivos por alquilar una habitación, comprar productos básicos o simplemente para seguir comprando la mierda que ofrecen los escaparates. El ciudadanx se siente satisfecho de que “algo esta cambiando” porque gobierna la ciudad como alcaldesa una mujer de un partido de izquierdas y progresista. Partidos que por cierto, fueron incubados en las protestas callejeras de dicho periodo de convulsión, mostrando que la inmensa mayoria de la masa que salió a quejarse, aunque gritaran eslóganes incendiarios y en algunos casos llegaran a aplaudir o incluso participar en los disturbios callejeros, solo tenia la frustración momentánea de ver como el estado del bienestar que les habían prometido se venia abajo y en el fondo todo lo que ansiaban era volver a tener la oportunidad de reflotar su antigua vida con sus ilusiones de trabajo, consumo, ocio estúpido y televisión. Además esta nueva normalidad ya no es tan sútil como lo fue antaño, esta es la normalidad de los estados de emergencia, la “alerta nivel 4” antiterrorista, los cierres de fronteras, las macrocarceles a reventar, los militares patrullando las calles… el control multiplicandose en cada esquina de la ciudad. Una normalidad que no aceptamos y de la que no vamos a ser simples espectadores.

Muchxs anarquistas, se dejaron arrastrar por la espectacularidad de las movilizaciones masivas y las luchas callejeras sin pararse a hacer un análisis de la situación , pecando de ilusxs confiaron en las masas ciudadanas y en que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Años mas tarde hemos podido comprobar por nosotrxs mismxs como estas mismas masas se dirigieron complacidas a las urnas o simplemente siguieron su vida a la primera oportunidad que tuvieron de recuperar un mínimo de las condiciones miserables que habían perdido, arrastrandose en un servilismo voluntario aún mas repugnante que el que profesaban antes.
A esto hay que sumar, que tras esta época de convulsiones, el estado no olvida ni perdona a quienes rompieron la paz social  y por eso, a estas alturas, cuando casi todo el panorama de lucha ha sido desactivado y/o recuperado, el aparato policial asesta varios golpes al entorno anarquista con el objetivo de infundir el pánico y quitarse de en medio a lxs pocxs que aún tengan ganas de continuar la lucha. Asi pues, creemos que los grandes factores que han influenciado la actual sensación de derrota entre el anarquismo en el estado español han sido principalemente (entre otros motivos) el fracaso de las expectativas depositadas en “el pueblo” y los últimos golpes represivos, para los cuales el ámbito anarquista no estaba preparado.

Lamentablemente para el Poder, nosotrxs seguimos aqui, y seguimos con las mismas ganas ( o más incluso) de continuar el ataque hasta las últimas consecuencias contra el mundo del Poder y su sociedad de esclavos complacidos , durante todo este tiempo hemos seguido aqui, hemos seguido conspirando,atacando de diferentes formas, reuniendo recursos materiales y conocimientos técnicos para agudizar la ofensiva anarquista. La represión la hemos asumido como algo invitable, inherente a la lucha y al mismo tiempo hace mucho ya que dejamos de poner nuestras vidas y futuro en manos de la sociedad de lxs serviles y esclavxs sonrientes que aceptan por pasiva o por activa que lo existente siga perpetuándose.

Poco nos importa que las condiciones no estén maduras, aqui las condiciones las elegimos nosotrxs. Poco importa que la mayoria de los “anarquistas” hayan dado la espalda a la esencia conflictual de la anarquía y hayan optado por sumergirse en el mundo del miedo, la paranoia o rebajarse hasta posicionamientos reformistas y ciudadanistas. Poco importa que el Poder apunte sus armas contra nosotrxs, pues en esta guerra nos negamos a asumir un papel de victima inocente, y asi pues nosotrxs tambien apuntaremos nuestras armas contra el Poder y su civilización.

Nos posicionamos junto con lxs compas de todas partes que apuestan por el conflicto permanente y multiforme, por vivir la Anarquia aqui y ahora, nos unimos a vosotrxs en la internacional negra de anarquistas de práxis, y una vez más pasamos al ataque cotidiano y a la recuperación de nuestras vidas. Sólamente mediante el ataque anarquista multiforme, somos capaces de experimentar sensaciones de libertad en un mundo enjaulado, y la experimentación de la libertad, merece el riesgo que asumimos de prisión o muerte. Al margen de distintas tendencias , posiciones y contextos, compartimos el camino con todxs lxs que optan por la coherencia de llevar su teoria a algo vivo y real, por eso compartimos complicidad con hermanxs de todo el mundo aún a pesar de no habernos visto nunca las caras pues ciertamente sus acciones, ataques y textos nos han dado y nos dan determinación y motivación para continuar en la lucha. A través de la nueva guerrilla urbana anarquista ,la organizacion informal y el ataque difuso permamente materializamos nuestros deseos y pasiones en algo real y peligroso.

Por otra parte , paralelamente, se desarrolla otra forma miserable la cual trata de transformar la anarquia en la nueva tendencia social-democrata. En todas partes, esta plaga se extiende, bajo distintos nombres o formas organizativas.En Barcelona, ciudad llena de miserias personales y políticas no podía ser menos, por eso aqui la acción directa , el sabotage , y el ataque estan casi desaparecidos del lenguaje y la práctica, la coherencia en cualquier proyecto sea cual sea brilla por su ausencia. Aqui podemos encontrar actos miserables como colaboracionismo con los mass media, discursos reformistas y pacificadores, colaboración abierta y clara con grupúsculos autoritarios, izquierdistas y/o patrioteros, asi como “anarquistas” que votan o pideron el voto y se deshacen en elogios a partidos políticos como las CUP o Guayem…

Asi pues, nuestra postura es clara con todxs estxs cobardes y miserables, NO les reconocemos como compañerxs, ni tan siquiera como anarquistas, y nos importa absolutamente nada lo que tengan que decir de nosotrxs y de nuestros posicionamientos y acciones. Pueden quedarse con sus discursos de “poder popular” y su activismo inofensivo de fin de semana, su radicalismo subcultural y el consumo de alternativismo (ademas del abuso de las drogas y el alcohol) en las fiestas “autogestionadas” en las okupas, pueden seguir jugando a lxs politicxs en su micro-mundo de la asamblea donde son “alguien” y riéndole las gracias al asco patriótico catalán.

Antaño, entre el ámbito anarquista, incluso en sus tendencias mas moderadas, estaban muy extendidas y aceptadas las prácticas del atraco, el robo la estafa… en definitiva , formas de recuperación de la vida que al mismo tiempo eran un ataque frontal contra la propiedad y contra el sistema en si mismo.
Hoy en dia , en la cúspide de la coherencia y la lucha contra el estado/capital, la práctica extendida es el buscar comida en la basura, vivir okupando de gratis aunque en algunos casos las casas se caen a trozos, pero sobre todo lo que se lleva la palma estos dias son las fantásticas cooperativas y negocios “autogestionados”. Algunxs han visto en esta forma de autogestión de la miseria y la supervivencia de las migajas y exedencias del capitalismo el nuevo evangelio anticapitalista, cuando la realidad es que estas prácticas además de no estar libres de la lógica mercantil y crear unicamente un nuevo consumo “alternativo”, están completamente vacias de discurso ofensivo contra el mundo del dominio y no representan ninguna amenaza.
Incluso la okupación , que antaño se caracterizo por su combatividad, ha perdido su esencia conflictiva, ha quedado vacia de carácter e incluso de crítica contra la propiedad privada y el mundo que la produce.
Actualmente la okupación ha quedado como un fin en si mismo, cuyo único objetivo es poder vivir de gratis dentro del capitalismo.

Que nadie se equivoque, quienes se posicionan abiertamente en guerra contra el poder y su sociedad, incluidos nosotrxs,no estamos libres de “pecado”. El ser anarquistas nos posiciona en conflicto con lo existente pero aún asi seguimos viviendo dentro de los márgenes del sistema de dominio y su sociedad, hemos crecido en el y hemos aprendido y adoptado muchos de los valores , actitudes y roles sociales que tratamos de abolir. No estamos extentos de la influencia del mundo dominante y es por eso que al mismo tiempo que llevamos la batalla externa contra el Poder, también libramos una batalla interior con nosotrxs mismxs para deshacernos de la lógica de la dominación y sus valores. Además , cuando decimos que ser espectador es ser cómplice también es aplicable a muchxs que sólo por el mero hecho de considerarse anarquistas y compartir pensamientos e ideas subversivas ya piensan que hacen “algo”.Simplemente, cuantas veces nos habremos cruzado con gente que viste de negro de la cabeza a los pies, sueltan discursos incendiarios a diestra y siniestra, claman por la revuelta y la insurrección generalizada, y a la hora de la verdad lo más “atrevido” que han hecho en su vida es hacer un blog y desahogarse en internet. La teoría sin práctica se convierte en simple política, idealismo y  charlateneria que muere en la boca de quien la pronuncia.

Si hay que buscar a unx de lxs responsables y una de las causas principales de la situación actual, también hemos de mirar a nosotrxs mismxs. No es la represión ni ninguna otra causa la que perpetúa el orden existente si no nuestras deciciones y nuestrxs actos, la mayoria de anarquistas somos víctimas de nuestras excusas a la hora de afrontar el conflicto. Como anarquistas, entedemos como objetivo prioritario la destrucción absoluta del poder existente en cualquiera de sus formas y creemos que las prácticas anarquistas deben ir direccionadas hacia ese objetivo y hacia la creación de redes y estructuras que faciliten y hagan posible la agudización del conflicto.Limitar las expresiones anárquicas a un simple activismo para acallar la conciencia, politiqueo barato o una extensión no oficial de los servicios sociales del estado nos parece despreciable.

Reivindicamos la responsabilidad de la siguiente acción demostrando una vez más que el ataque sigue siendo posible a pesar de las circustancias adversas:

-Noche del 26 de Enero, un vehículo de la empresa de seguridad Prosegur es incendiado en la Avenida Coll del Portell mediante pastillas de encendido en sus neumáticos delanteros y traseros , en el barrio Vallcarca. El fuego, siempre impredecible, fue extendiendose a otros vehiculos aparcados hasta finalmente según informan los medios del poder 20 vehiculos fueron totalmente quemados, otros 20 parcialmente destruidos además de otros daños materiales. Aunque nuestro objetivo inicial era la furgoneta de la empresa de seguridad, no vamos a lamentar la destrucción del resto de máquinas, de hecho nos regocijamos y reivindicamos la destrucción total o parcial de los 40 vehículos. La “cultura” del automóvil , su estúpido culto y consumo, tan enraizado en las masas, se hace a expensas de una cada vez mayor degradación y destrucción de la Naturaleza salvaje. Si ellxs no tienen consideración con este hecho, nosotrxs tampoco tenemos consideración a la hora de quemar sus odiosas máquinas.

La guerra ya nos ha sido declarada hace mucho tiempo, ahora es cuestión de tomar el camino del conflicto o seguir agachando la cabeza mientras se lleva una pose radical. Las ciudades ofrecen oportunidades de ataque difuso y constante en todas partes. Para quienes quieren romper con el inmovilismo y la pasividad en todas partes hay objetivos factibles de ser golpeados. Para quienes no quieren hacer nada y seguir siendo expectadores de su muerte en vida, en todas partes hay excusas.

¡¡CON NUESTRXS PRESXS PRESENTES Y NUESTRXS CAIDXS EN LA MEMORIA!!
¡¡POR LA INTERNACIONAL NEGRA DE ANARQUISTAS DE PRAXIS!!
¡¡POR LA EXTENSION DEL CAOS Y LA ANARQUIA!!

Individualidades por la Dispersión de Caos – Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional

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Anarquía insurreccionalista, ¡organizarse para atacar!

mayo 4, 2016

“Desde cierto punto hacia adelante, no existe vuelta atrás. Ese es el punto que debe ser alcanzado”.

– Franz Kafka.

Para nosotrxs, anarquistas, los problemas de cómo actuar y cómo organizarnos están relacionados íntimamente. Y son estos dos problemas, no el de la forma de la futura sociedad deseada, lo que nos provee de los métodos más útiles para entender las diferentes formas de anarquismo que existen.

El anarquismo insurreccionalista es una de esas formas, aunque es importante recalcar que lxs anarquistas insurreccionalistas no componen un bloque unificado, sino que son extremadamente diversxs en sus perspectivas. El anarquismo insurreccionalista no es una solución a los problemas sociales, ni un producto en el mercado capitalista de las ideologías y opiniones. Más bien, es una práctica continua enfocada en poner fin a la dominación del Estado y a la continuidad del Capitalismo, la cual necesita del análisis y la discusión para avanzar. La mayor parte de lxs anarquistas, históricamente (a excepción de aquellxs que creían que la sociedad evolucionaría hacia el punto en que dejarían atrás al Estado), han creído que algún tipo de actividad insurreccional sería necesaria para transformar radicalmente la sociedad. Más sencillo, esto quiere decir que el Estado debe ser destruido de la existencia por lxs explotadxs y excluidxs, por tanto, lxs anarquistas deben atacar: la derrota está en esperar que el Estado desaparezca.

Aquí mencionaremos algunas implicaciones que nosotrxs y otrxs anarquistas insurreccionalistas hemos delineado a partir de este problema general: Si el Estado no desaparecerá por sí solo, ¿Cómo entonces ponemos fin a su existencia? El anarquismo insurreccionalista es principalmente una práctica y se centra en la organización del ataque. Por ende, el adjetivo “insurreccionalista” no indica un modelo específico de futuro. Lxs anarquistas que creen que debemos pasar por un periodo insurreccional para librar al mundo de las instituciones de dominación y explotación, además, asumen una diversidad de posiciones sobre la forma de la sociedad futura — ellxs, por ejemplo, pueden ser anarco-comunistas, individualistas o primitivistas. Muchxs rechazan ofrecer un modelo singular y específico del futuro, creyendo que las personas escogerán una variedad de formas sociales para organizarse a si mismas cuando se dé la oportunidad. Son críticxs con los grupos o tendencias que creen que son “portadoras de la verdad” y que intentan imponer su solución formal e ideológica al problema de la organización social. En cambio, muchxs anarquistas insurreccionalistas creen que es por medio de la auto-organización en la lucha que la gente aprenderá a vivir sin instituciones de dominación.

Existe también otro uso más específico del término “insurrección” — uno que viene de la distinción que delineó Max Stirner, filósofo e individualista alemán del siglo XIX, entre insurrección y revolución.[1] Para Stirner, la revolución implicaba una transición entre dos sistemas, mientras que la insurrección es un levantamiento que empieza a partir del descontento del individuo con su propia vida y por medio de esta, el individuo no busca construir un nuevo sistema, sino crear las relaciones que él desee. Estas dos concepciones generales de la insurrección han conformado el anarquismo insurreccionalista.

En este artículo primero exploraremos algunas de las implicaciones generales de estas dos concepciones de la insurrección. Luego, ya que estas ideas han surgido de la práctica de la lucha y de experiencias concretas, explicaremos más allá estas ideas colocándolas dentro del contexto histórico de su desarrollo. Mientras que lxs anarquistas insurreccionalistas en estos momentos están activxs en muchos lugares del mundo, estamos influenciadxs especialmente por las actividades y escritos de aquellxs de Italia y Grecia, los cuales son también los países donde lxs anarquistas insurreccionalistas son más activxs. La extremadamente variada escena anarquista insurreccional actual, que se centra en torno a varios espacios okupados y publicaciones, existe como una red informal que lleva su lucha fuera de todas las organizaciones formales. Esta tendencia ha tomado la etiqueta “anarquista insurreccional” para distinguirse de la Federación Anarquista Italiana —una organización plataformista que rechaza oficialmente los actos individuales de revuelta, favoreciendo sólo las acciones de masas y una práctica educacional y evangelística centrada alrededor de la propaganda en los “periodos no revolucionarios”— y de lxs municipalistas libertarixs italianxs,[2] quienes traen en gran medida un enfoque reformista a la actividad “anarquista”.

El Estado no se desmoronará, como parece que muchxs anarquistas han llegado a creer —algunxs están atrincheradxs en posiciones de espera, mientras otrxs incluso abiertamente condenan los actos de aquellxs para quienes la creación de un nuevo mundo depende de la destrucción del viejo. El ataque es el rechazo a la mediación, la pacificación, el sacrificio, el acomodamiento y la negociación en la lucha. Es a través de la acción y del aprender a actuar, no con propaganda, como abriremos el camino hacia la insurrección— aunque obviamente los análisis y la discusión tienen una función en clarificar como actuar. Esperar sólo enseña a esperar: Actuando unx aprende a actuar. No obstante, es importante señalar que la fuerza de una insurrección es social, no militar. La medida de evaluación de la importancia de una revuelta generalizada no es el choque armado, sino, por el contrario, el grado de parálisis de la economía, de la normalidad. Si lxs estudiantes continúan estudiando, lxs trabajadorxs y empleadxs de oficina trabajando y lxs desempleadxs únicamente aspiran a un empleo, ningún cambio es entonces posible. Podríamos mirar, como inspiración, los ejemplos de Mayo del 68 en París, Italia en los años ’70, o la más reciente insurrección en Albania.[3]

El Sabotaje y Otras “Modestas Tentativas”

Como anarquistas, nuestro constante punto permanente de referencia es la revolución; sin importar lo que estemos haciendo o en qué problema estemos interesadxs. Pero la revolución no es un mito para ser usado simplemente como punto de referencia y no debería ser pensada como habitando un futuro abstracto. Precisamente porque es un evento concreto, debe ser construido diariamente por medio de tentativas más modestas que no tienen todas las características en el verdadero sentido de una revolución social. Estas tentativas más modestas son las insurrecciones. En ellas, el levantamiento de la mayoría de lxs explotadxs y excluidxs de la sociedad y de las minorías más conscientes políticamente, abre el camino a la posible involucración de sectores de explotadxs cada vez más amplios, en un flujo de rebelión que podría llevar a la revolución.

En el año pasado hemos visto el comienzo de este proceso funcionando en Argentina. Las luchas aún deben ser desarrolladas tanto en términos intermedios como largos. En otras palabras, es aun necesario y posible intervenir en luchas intermedias, es decir, en luchas que están circunscritas, incluso localmente, con objetivos precisos que nacen desde algún problema específico. Esto pueden ser acciones directas para resistir a la construcción de bases militares o cárceles; luchas contra la institución de la propiedad, tales como la ocupación de viviendas y las huelgas de alquiler; o ataques hacia proyectos capitalistas particulares, como trenes de alta velocidad, cultivos transgénicos o líneas de transmisión de energía eléctrica. Estas no deberían ser consideradas de importancia secundaria; tales tipos de lucha también interrumpen el proyecto del capitalismo universal.

Para construir estos eventos, deben propagarse; el anarquismo insurreccionalista, por lo tanto, pone especial importancia en la circulación y la propagación de la acción, no de la revuelta controlada; ningún ejército o policía es capaz de controlar la circulación generalizada de tal actividad autónoma. Prestar atención a cómo se han extendido las luchas ha conducido a muchxs anarquistas a fijar su enfoque crítico en el tema de la organización; Ya que la lucha centralizada es controlada y limitada (para entender esto, unx sólo necesita pensar en los ejemplos de muchos movimientos revolucionarios en América Latina que hasta hace poco eran controlados por “el Partido”), las luchas autónomas tienen la capacidad de propagarse.

Por lo tanto, lo que el sistema teme no solo es a lxs actos de sabotajes en sí mismos, sino a que también se propaguen socialmente. La incontrolabilidad en sí misma es la fuerza de la insurrección. Cualquier individualidad que posea incluso los medios más modestos, puede trazar sus objetivos, solx o junto con otrxs. Es materialmente imposible para el Estado y el Capital el vigilar todo el terreno social. Cualquiera que realmente quiera responder a la red de control puede hacer su propia contribución teórica y práctica como ellxs vean que les acomode. No hay necesidad de ajustarse dentro de los role estructurados de la revuelta formalmente organizada (revuelta que está limitada y controlada por una organización). La aparición de las primeras conexiones rotas del control social coincide con la extensión de los actos de sabotaje. La práctica anónima de auto-liberación podría extenderse a todos los campos, rompiendo los códigos de prevención ubicados en el lugar por el Poder.

En tiempos donde no existen insurrecciones a larga escala, las pequeñas acciones —que requieren de métodos no sofisticados que se encuentran disponibles para todxs, y por ende, son fácilmente reproducibles— son, por su simplicidad y espontaneidad, incontrolables. Estas dejan en ridículo incluso a los desarrollos tecnológicos más avanzados de contra-insurgencia. En los Estados Unidos, una cadena de incendios contra proyectos que dañan el medio ambiente, algunos reivindicados bajo el nombre Frente de Liberación de la Tierra, se han extendido a lo largo del país debido en gran medida a la simplicidad de la técnica. En Italia, el sabotaje a los trenes de alta velocidad se ha propagado incontroladamente, de nuevo porque cualquiera puede planear y llevar a cabo su propia acción, sin la necesidad de una gran organización con estatutos y constituciones, técnicas complejas o conocimiento sofisticado.

Además, contrariamente a los matemáticos de los grandes partidos revolucionarios, nunca es posible ver el resultado de una lucha específica aún en curso. Incluso una lucha limitada puede tener las consecuencias más inesperadas. El paso desde varias insurrecciones —limitadas y circunscritas— a la revolución, nunca puede ser garantizado por adelantado bajo ningún método, ni unx puede saber por adelantado que las acciones actuales no conducirán a un momento futuro de insurrección.

Las Raíces de la Anarquía Insurreccionalista

Ya que el anarquismo insurreccionalista es una práctica en desarrollo —no un modelo ideológico del futuro o de una historia determinista— lxs anarquistas insurreccionalistas no toman la obra de ningún teórico revolucionario singular como su doctrina central. No obstante, Bakunin fue históricamente importante en el desarrollo de un anarquismo que enfocó su fuerza en la insurrección. A diferencia de Marx, quien construyó su apoyo en la Primera Internacional, mayormente dentro de la estructura ejecutiva central, Bakunin trabajó para construir apoyo para la acción, coordinada por medio de las insurrecciones autónomas de base, especialmente en el sur de Europa. Y desde los tiempos de Bakunin, lxs anarquistas insurreccionalistas han estado concentradxs en el sur de Europa.

En respuesta a la Comuna de Paris de 1871 y en el conflicto de la Primera Internacional, unx puede ver la formación de los conceptos básicos del anarquismo insurreccionalista. Mientras que Marx creyó que las nuevas formas políticas de la Comuna (formas de democracia y representación) acercarían a la revolución social, Bakunin sostenía que las acciones de unx son las que extenderían la revolución, no las palabras. En 1871, Marx y sus seguidorxs se aliaron con lxs seguidorxs de Blanqui —de quien vino el concepto de “dictadura del proletariado”— para suprimir a Bakunin y sus partidarixs de la conferencia especial de la Internacional realizada en Londres.

Lxs Bakuninistas sostuvieron su propia conferencia en Sonvilier, argumentando que los medios políticos y jerárquicos nunca podrían ser usados para conseguir fines sociales revolucionarios. Como señala la circular de Sonvilier, era imposible “llegar a una sociedad libre e igualitaria desde una organización autoritaria”. Marx peyorativamente llamo “anarquista” a la conferencia de Sonvilier, y lxs de la conferencia de Sonvilier llamaron “marxista” a la conferencia de Londres, para remarcar su autoritaria tentativa de controlar la Internacional. En 1872, Marx tuvo éxito en expulsar a Bakunin de la Internacional y exigiendo a todxs lxs miembrxs de la organización el empeñarse en conquistar al poder político como prerrequisito necesario para la revolución.

Lucha individual y social

Otro tema que ha provocado un montón de debates dentro de los círculos anarquistas es la supuesta contradicción entre la lucha individual y social: de nuevo, esta es una cuestión de organización de la lucha. Este es un debate que se hizo y que aún se hace dentro de los círculos anarquistas insurreccionalistas; Renzo Novatore estaba a favor de la revuelta individual, Errico Malatesta de la lucha social, mientras que Luigi Galleani creía que no existía contradicción entre ambas.

Novatore, un anarquista italiano que murió en un tiroteo con la policía en 1922, escribió “La anarquía no es una forma social, sino un método de individualización. Ninguna sociedad me concederá más que una libertad limitada y un bienestar que esta garantiza a cada unx de sus miembrxs”. Malatesta, también italiano e insurreccionalista su vida entera, fue un anarco-comunista para quien el anarquismo estaba basado en el ataque organizado de la lucha colectiva, especialmente del movimiento obrero; sin embargo, se mantuvo muy crítico de cualquier forma de organización que pudiese volverse autoritaria. Esta fue la base de su desacuerdo en 1927 con los plataformistas rusos —quienes intentaron crear una organización centralizada y unitaria.— Renzo Novatore Malatesta criticó la propuesta de lxs plataformistas —quienes llevaron adelante su programa en respuesta a la victoria de lxs Bolcheviques en Rusia— de intentar disciplinar y sintetizar la lucha dentro de una única organización. En su crítica a la propuesta, él señaló “con el objetivo de alcanzar sus fines, las organizaciones anarquistas deben, en su constitución y operación, mantenerse en armonía con los principios del anarquismo; esto es, deben saber cómo combinar la libre acción de los individuos con el placer de la cooperación, la cual sirve para desarrollar la conciencia y la iniciativa de sus miembros”.

Mientras muchxs anarquistas sociales de hoy critican a lxs anarquistas insurreccionalistas afirmando que ellxs están en contra de la organización como tal, vale la pena señalar que la gran parte de los anarquistas sociales y anarco-comunistas activxs en el comienzo del siglo pasado no vieron la organización y el individualismo como una contradicción, y que pocxs anarquistas incluso están contra la organización como tal. La declaración de Malatesta de 1927 sobre este asunto merece ser repetida:

“Juzgando por algunas discusiones, podría parecer que hay anarquistas que se oponen a cualquier clase de organización; pero en realidad las muchas, demasiadas discusiones que tienen lugar entre nosotros sobre esta materia, incluso viéndose obscurecidas por cuestiones de terminología o envenenadas por las diferencias personales, básicamente son relativas a la forma y no al principio de organización. De esta manera, ocurre que cuando los compañeros que, a juzgar por lo que dicen, son los más obstinados oponentes de la organización, realmente quieren hacer algo, se organizan tal como el resto, y frecuentemente de mejor manera. El problema, repito, es enteramente un asunto de método”.[4]

Galleani, quien emigró a Estado Unidos en 1901 después de enfrentar arresto en Europa, editó uno de las más importantes periódicos anarquistas italianos en Estado Unidos, Cronaca Sovversiva, y fue crítico con la organización formal. En sus artículos y discursos combinó la idea del apoyo mutuo de Kropotkin con la insurgencia sin límites, defendiendo el anarquismo comunista contra el reformismo y el autoritarismo socialista, hablando del valor de la espontaneidad, variedad, autonomía e independencia, la acción directa y la auto-determinación. Galleani y sus partidarixs fueron profundamente desconfiadxs de las organizaciones formales, viéndolas como propensas a volverse organizaciones jerárquicas y autoritarias.

La crítica a las organizaciones formales desde ese entonces se ha vuelto un interés central de gran parte de lxs anarquistas insurreccionalistas. Galleani no vió contradicción entre la lucha individual y social, ni tampoco entre comunismo y anarquismo. Él estaba firmemente en contra del comunismo autoritario, el cual vió que surgía desde las ideologías colectivistas — la idea de que la producción y el consumo debieran ser organizadas en un colectivo en el que las individualidades deben participar. Galleani es una de las principales influencias de aquellxs que se autodenominan anarquistas insurreccionalistas.

El debate sobre la relación entre la lucha individual y social, entre individualismo y comunismo, continúa los días de hoy. Algunxs anarquistas insurreccionalistas sostienen que la insurrección empieza con el deseo de las individualidades de romper con las circunstancias limitadas y controladas, el deseo de re-apropiarse de la capacidad para que cada unx cree su vida como a unx le parezca mejor. Esto requiere que superen la separación entre ellxs mismxs y sus condiciones de existencia — comida, vivienda, etc. Donde lxs pocxs, lxs privilegiadxs, controlan las condiciones de existencia, no es posible para la mayor parte de las personas determinar verdaderamente, en sus propios términos, su existencia.

La individualidad solo puede florecer donde existe igualdad de acceso a las condiciones de existencia. Esta igualdad de acceso es el comunismo; lo que las individualidades hacen con este acceso depende de ellxs y de aquellxs a su alrededor. Por lo tanto, no existe igualdad o identidad de los individuos implicados en el comunismo real. Son los roles sociales impuestos por el presente sistema los que nos imponen una identidad o una igualdad. Por tanto, no hay contradicción entre individualidad y comunismo.

El proyecto anarquista insurreccional crece del deseo del individuo de determinar cómo vivirá unx su vida y con quien unx llevará a cabo este proyecto de auto-determinación. Pero este deseo se encuentra confrontado por todos lados con el orden social existente, una realidad en la que las condiciones han sido determinadas según los intereses de la clase dominante, que se beneficia de las actividades a las que estamos obligados para nuestra propia sobrevivencia.

Por tanto, el deseo de auto-determinación y auto-realización individual conduce a la necesidad de un análisis y lucha de clases. Pero, las viejas concepciones obreristas, las cuales percibían a la clase obrera industrial como el sujeto central de la revolución, no son adecuadas para esta tarea. Lo que nos define como clase es nuestra desposesión, el hecho de que el sistema actual de relaciones sociales nos roba nuestra capacidad para determinar las condiciones de nuestra existencia. La lucha de clases existe en todos los actos de revuelta individuales o colectivos en los que pequeñas porciones de nuestra vida son devueltas, o pequeñas porciones del aparato de dominación y explotación son obstruidas, dañadas o destruidas. En un sentido significativo, no existen actos de revuelta individuales y aislados.

Todos los actos de ese tipo son respuestas a la situación social y muchos involucran algún tipo de complicidad, indicando cierto nivel de lucha colectiva. Considera, por ejemplo, la organización mayormente silenciosa y espontánea del robo de productos y el sabotaje al proceso de producción, que tiene lugar en la mayoría de los puestos de trabajo; esta coordinación informal de actividad subversiva llevada a cabo en el interés de cada individuo involucrado es un principio central de la actividad colectiva para los anarquistas insurreccionalistas, porque la colectividad existe para servir a los intereses y deseos de cada individuo en reapropiar su vida, y a menudo lleva dentro de sí una concepción de formas de relacionarse libres de explotación y dominación.

Pero, incluso los actos solitarios de revuelta tienen su aspecto social y son parte de la lucha general de lxs desposeidxs. Por medio de una actitud crítica hacia las luchas del pasado, los cambios en las fuerzas de la dominación y su variación entre lugares diferentes, y el desarrollo de las luchas presentes, podemos hacer más estratégicos y selectivos nuestros ataques. Tal actitud crítica es lo que permite circular a las luchas. Ser estratégicos, sin embargo, no quiere decir que existe una sola forma de lucha; las estrategias claras son necesarias para permitir diferentes métodos para ser usados de una manera coordinada y fructífera. La lucha individual y social ni se contradice ni son idénticas.

Crítica a la organización

En Italia, el fracaso de los movimientos sociales de los 60’s y los 70’s condujo a algunxs a reevaluar el movimiento revolucionario y a otrxs a abandonar todo junto. Durante los 70’s muchos grupos leninistas concluyeron que el capitalismo estaba en la agonía de su crisis final, y pasaron a la lucha armada. Estos grupos actuaron como revolucionarios profesionales, reduciendo sus vidas a un rol social singular. Pero, en los 80’s llegaron a creer que el tiempo de la lucha social revolucionaria había terminado, y entonces llamaron a una amnistía para lxs presxs del movimiento desde los 70’s, algunxs llegando tan lejos como para disociarse de la lucha. Esto les separó de los anarquistas insurreccionalistas que creyeron que una lucha revolucionaria para derrocar el capitalismo y el Estado aun continuaba, pues ninguna historia determinista podría nombrar el momento indicado para rebelarse. De hecho, la historia determinista a menudo se convierte en una excusa para no actuar y sólo empuja aun más hacia lo imposible una posible ruptura con el presente.

Muchas de las críticas de lxs anarquistas insurreccionalistas de los movimiento de los 70’s se enfocaron en las formas de organización que encuadraron las fuerzas de la lucha y, fuera de esto, creció una idea más desarrollada de la organización informal. Una crítica a las organizaciones autoritarias de los 70’s, cuyxs miembrxs a menudo creyeron que estaban en una posición privilegiada para luchar, comparadxs con lxs proletarixs como un todo, fue pulida aún más lejos en las luchas de los 80’s, tales como las luchas en los inicios de los 80’s contra una base del ejército que iba a alojar armas nucleares en Comiso, Sicilia. Lxs anarquistas fueron muy activxs en aquella lucha, la cual fue organizada en ligas auto-gestionadas. Estas ligas autónomas ad hoc tomaron tres principios generales para guiar la organización de la lucha: el conflicto permanente, auto-gestión y ataque. Conflicto permanente quería decir que la lucha continuaría en conflicto con la construcción de la base hasta que fuera derrotada sin mediación o negociación. Las ligas fueron auto-generadas y auto-gestionadas; rechazaron la delegación permanente de representantes y la profesionalización de la lucha. Las ligas fueron organizaciones del ataque hacia la construcción de la base, no la defensa de los intereses de este o ese grupo. Este estilo de organización le permitió a los grupos realizar las acciones que vieron como las más efectivas, mientras aun era posible coordinar ataques cuando sea útil, dejando abierto, por lo tanto, el potencial de la lucha para que se propague. Mantiene también el enfoque de la organización en la meta de poner fin a la construcción de la base, en vez de la construcción de organizaciones permanentes para las que normalmente se vuelve el eje central el mediar con las instituciones del Estado limitando la autonomía de los medios de lucha.

Así como lo entendieron lxs anarquistas involucradxs en la lucha de Comiso, uno de los motivos centrales que impiden que las luchas sociales se desarrollen en una dirección positiva, es el prevalecimiento de tipos de organización que nos privan de nuestro poder para actuar y cierran el potencial de la insurrección. Estas son las organizaciones permanentes, las que sintetizan todas las luchas dentro de una única organización y que median las luchas con las instituciones de la dominación. Las organizaciones permanentes tienden a desenvolverse como instituciones que se colocan sobre la multitud que lucha. Tienden a desarrollar una jerarquía formal o informal para quitarle poder a la multitud: el poder es alienado de su forma activa en el interior de la multitud e instituido dentro de la organización. Esto transforma a la multitud activa en una masa pasiva. La constitución jerárquica de relaciones de Poder quita la decisión del tiempo en que tal decisión es necesaria y la ubica al interior de la organización. La consecuencia práctica de tal tipo de organización es que los poderes activos de aquellxs envueltos en la lucha son suprimidos por la organización. Las decisiones que deberían ser hechas por aquellxs involucradxs en una acción son suprimidos por la organización. Además, las organizaciones permanentes tienden a tomar decisiones no en base a la necesidad de una acción o meta específica, sino atendiendo a las necesidades de la organización, especialmente su preservación. La organización se vuelve un fin en sí misma. Unx solo necesita mirar el funcionamiento de muchos partidos socialistas para ver esto en su forma más descarada

Mientras la organización se mueve hacia la permanencia y llega a erigirse sobre la multitud, aparece el organizador —a menudo diciendo haber creado la lucha— y empieza a hablar a las masas. El trabajo del organizador es transformar a la multitud en una masa controlable y representar a esa masa ante la prensa o las instituciones del Estado. Rara vez lxs organizadores se ven a si mismxs como parte de la multitud, por tanto, no ven que su tarea sea el actuar, sino hacer propaganda y organizar, pues están las masas para actuar

El Factor Opinión

Para el organizador, que toma como consigna “solo existe lo que aparece en la prensa”, la verdadera acción siempre le cede el puesto al mantenimiento de la imagen en los medios de comunicación. La meta de tal mantenimiento de la imagen nunca es atacar a una institución específica de la dominación, sino afectar a la opinión pública, para construir por siempre el movimiento o, incluso peor, la organización. El organizador siempre debe preocuparse acerca de cómo las acciones de lxs otrxs se reflejaran sobre el movimiento; deben, por lo tanto, intentar tanto disciplinar a la multitud que lucha como intentar controlar el cómo es representado el movimiento en los medios masivos de información. La imagen suele reemplazar a la acción por la organización permanente y el organizador.

El intento de controlar las grandes factorías de imagen y creación de opinión de nuestra sociedad es una batalla perdida, como si pudiéramos igualar la cantidad de imágenes puestas delante por los medios de información o hacer que ellxs “digan la verdad”. Por consiguiente, muchos anarquistas insurreccionalistas han sido muy críticos de llevar la lucha al interior de los medios de masas del capitalismo. En Italia, esto ha generado conflictos con organizaciones como Ya Basta!, quienes ven a los medios de información de masas como un vehículo de transmisión clave para su movimiento; en otros lugares del mundo, el problema de cómo lxs anarquistas deberían relacionarse con los medios de masas ha sido un foco de debate en los últimos años —especialmente desde las acciones contra la cumbre de la OMC 1999 en Seattle— y por ende, para nosotrxs es importante explicar la posición crítica de algunxs anarquistas insurreccionalistas.

En un nivel básico, necesitamos preguntar ¿qué es una opinión? Una opinión no es algo que se encuentre primero entre el público en general y después, más tarde, sea reproducido por medio de la prensa, como un simple reporte de la opinión pública. Una opinión primero existe en la prensa. Segundo, la prensa reproduce luego un millón de veces la opinión, conectando la opinión a un cierto tipo de personas (lxs conservadorxs piensan X, lxs liberales piensan Y). Tercero, como señala Alfredo Bonanno, “[una opinión] es una idea nivelada, una idea que ha sido uniformada con el propósito de hacerla aceptable a un gran número de personas. Las opiniones son ideas masificadas”.[5] La opinión pública es producida como una serie de simples opciones o soluciones (“Estoy por la globalización y el libre mercado” o “estoy por el proteccionismo y mayor control nacional”). Se supone que somos lo que escogemos —escogemos nuestros líderes y nuestras hamburguesas— en vez de pensar por nosotrxs mismxs. Es obvio, por eso, que lxs anarquistas no pueden usar la industria creadora-de-opiniones para crear contra-opiniones, y con suerte lxs anarquistas nunca querrían operar al nivel de la opinión, incluso si nosotrxs de alguna manera pudiéramos ejercer el control sobre el contenido escupido desde las puertas de la industria. De todas formas, la ética del anarquismo nunca podría ser comunicada en la forma de una opinión; una vez masificada, moriría. Al final, es exactamente en el nivel de la opinión en que trabaja el organizador, pues las opiniones y el mantenimiento de la imagen son importantes herramientas del poder, herramientas usadas para moldear y disciplinar una multitud en una masa controlable.

En vez de trasladar el poder y la toma de decisiones hacia una organización, gran parte de lxs anarquistas insurreccionalistas reconocen la necesidad de organizarse de una manera que carezca de la formalidad y la autoridad que separa a lxs organizadorxs y lxs organizadxs; esta es llamada organización informal. Como la naturaleza del organizador es planear y controlar, ellxs a menudo priorizan la perpetuación de la organización por encima de otras metas. Las organizaciones informales, por otra parte, se disuelven cuando su meta es alcanzada o abandonada; no se perpetúan a si mismas simplemente por el bien de la organización, en caso de que dejasen de existir las metas que hicieron que la gente se organice.

Como en el caso de las ligas de Comiso, la organización informal es un medio para que los grupos de afinidad coordinen esfuerzos cuando sea necesario. Siempre debemos recordar que muchas cosas pueden ser hechas con mayor facilidad por un grupo de afines o un individuo, y en esos casos, altos niveles de organización solo complican el proceso de toma de decisiones — esto nos sofoca. La menor cantidad de organización necesaria para alcanzar nuestros objetivos es siempre lo mejor para maximizar nuestros esfuerzos.

La organización informal debe estar basada en una ética de acción autónoma; la autonomía es necesaria para prevenir que nuestros poderes activos se vuelvan alienados, para prevenir la formación de relaciones de autoridad. La autonomía es negarce a obedecer o a dar órdenes. Las cuales son siempre gritadas desde arriba o por encima de la situación. La autonomía permite a las decisiones ser hechas cuando son necesarias, en vez de estar predeterminadas o atrasadas por la decisión de un comité o una reunión. Esto no quiere decir, sin embargo, que no deberíamos pensar estratégicamente acerca del futuro y hacer acuerdos o planes. Por el contrario, los planes y acuerdos son útiles e importantes. Lo que es enfatizado es una flexibilidad que permite a la gente descartar planes cuando ellos se vuelvan inútiles. Los planes debieran ser adaptables a los eventos a medida que se vayan desarrollando.

De la misma forma que una organización informal debe tener una ética de autonomía o será transformada en una organización autoritaria, con el fin de evitar la alienación de nuestros poderes activos, esta debe tener también una ética de no tranzar con respecto a la meta acordada de la organización. La meta de la organización debería ser llevada adelante o abandonada. Comprometerse con aquellxs a lxs que nos oponemos (por ejemplo, el Estado o una empresa) derrota a toda verdadera oposición, reemplaza nuestro poder para actuar por el de nuestros enemigxs.

Las sobras entregadas para calmarnos y divertirnos, por aquellxs a quienes nos oponemos, deben ser rechazadas. Los acuerdos con cualquier institución de la dominación (el Estado, la policía, OMC, FMI, “el Partido”) son siempre la alienación de nuestro poder hacia las instituciones que nosotrxs supuestamente deseamos destruir; esta clase de compromiso desemboca en la perdida de nuestro poder para actuar decisivamente, para tomar decisiones y acciones cuando lo elijamos. Como tales, los compromisos solo hacen más fuertes al Estado y al Capital. Para aquellxs que buscan abrir la posibilidad de la insurrección, para aquellxs que no desean esperar las condiciones supuestamente apropiadas para la revolución, para aquellxs que no quieren una revolución que sea simplemente la creación de una nueva estructura de Poder, sino la destrucción de todas las estructuras que alienan nuestro poder de nosotrxs mismxs, tal compromiso es contrario a sus objetivos.

Solidaridad Revolucionaria

La solidaridad revolucionaria, otra práctica central del anarquismo insurreccionalista, permite movernos mucho más allá del tipo de solidaridad de “enviar un cheque” que se extiende tanto por la Izquierda, así como esa solidaridad que depende de pedir al Estado la liberación o misericordia. Un ejemplo de solidaridad revolucionaria fue la acción de Nikos Maziotis contra TVX Gold[6] en diciembre de 1997. Muchas personas en los pueblos alrededor de Strymonikos en el norte de Grecia, estuvieron luchando contra la instalación de una planta de metalurgia de oro en su área. En solidaridad con los pobladores, Nikos colocó una bomba en el Ministerio de Industria y Desarrollo, que se pretendía explotase cuando nadie estuviera en el edificio; desafortunadamente, esta nunca explotó. Nikos fue sentenciado a 15 años de cárcel, pero ahora está en la calle[7] TVX Gold es una compañía multinacional con sede en Canadá, por tanto ahí hay muchos puntos a los que la solidaridad revolucionaria con los habitantes de Stryminikos podría haber sido establecida. Es necesario recaudar fondos en nombre de lxs compañerxs de unx y es un gesto apreciable indudablemente, pero esto puede ser combinado con formas más activas de solidaridad con aquellxs que luchan contra nuestros enemigxs en común. La solidaridad revolucionaria comunica el vínculo entre la explotación y la represión de otrxs y nuestro propio destino, y muestra a las personas los puntos en los cuales el Capitalismo o el Estado operan de manera similar en lugares muy diferentes. Creando conexiones entre luchas contra el Estado y el Capital, la solidaridad revolucionaria tiene el potencial de llevar nuestras luchas locales a un nivel global

Además, la solidaridad revolucionaria siempre es un activo ataque; esta siempre involucra la recuperación de nuestros poderes activos que se multiplican en combinación —en solidaridad— con los poderes activos de otrxs. Muchxs anarquistas insurreccionalistas han estado involucradxs en la resistencia contra el régimen carcelario FIES (Ficheros de Internxs de Especial Seguimiento) en España. Esta es una lucha revolucionaria, ya que no está enfocada sólo en una simple reforma, sino que su meta final es la desaparición de las cárceles, lo cual implica un cambio social radical. Es una lucha auto-gestionada, en la que no existen líderes o representantes, ni dentro ni fuera de las prisiones, sino solamente la solidaridad que crece entre la gente explotada tanto del interior como del exterior de las murallas.

Una de las principales fortalezas de la organización informal es que permite intervenir a lxs anarquistas en luchas específicas o intermedias, sin comprometer principios o exigir uniformidad en las acciones o políticas. Las luchas organizadas informalmente pueden estar compuestas de grupos de afinidad con perspectivas políticas muy diferentes entre sí. Algunas personas pueden desear el abrir la posibilidad de la insurrección, mientras que otras solo estén interesadxs en una meta inmediata. No existen motivos por los cuales lxs que comparten un enfoque práctico inmediato, pero que divergen en sus metas a largo plazo, no puedan juntarse. Por ejemplo, un grupo contra la ingeniería genética podría formar y decidir coordinar la destrucción de cultivos y hacer circular panfletos anti-IG. En este caso, aquellxs que quieran una ruptura insurreccional con este orden social y aquellxs que simplemente odian la ingeniería genética podría fácilmente trabajar juntxs hacia una meta inmediata. Los grupos que toman un enfoque más insurreccional a la acción, sin embargo, a menudo terminan en conflicto con otros grupos que trabajan en torno a temas similares. El Frente de Liberación de la Tierra, un conjunto de grupos organizados informalmente que han tomado una posición de ataque hacia quienes ellxs ven que están destruyendo la tierra, han sido vilipendiadxs por el movimiento ambientalista predominante. Podrían ser criticadxs, al mismo tiempo, por muchxs anarquistas insurreccionalistas por enfocar defensivamente en la protección de la tierra e ignorar el aspecto social de la revolución. Lo que es importante para permitir trabajar juntos a los diferentes grupos es la coordinación junto a la autonomía.

Para aquellxs que desean abrir la posibilidad de la insurrección, tal cooperación no cerrará la puerta a sus sueños. La organización informal, con su ética de autonomía y no afiliación, no controla la lucha, y la incontrolabilidad abre la posibilidad de una ruptura insurreccional con el orden social actual…

[1] “El Único y su propiedad” Max Stirner, 1844.

[2] “Anarquistas” que generalmente le dan la espalda a la acción directa, y usan la política local para intentar y ganar reformas y establecer “pueblos anarquistas controlados”. (N. del A.).

[3] Albania, Laboratory of Subversion. Anónimo (Elephant Editions, Londres, 1999)

[4] “Un Plan de organización anarquista” Errico Malatesta 1927.

[5]La tensión anarquista” Alfredo M. Bonnano.

[6] Compañía multinacional dedicada a la extracción de oro. (Nota de la T.).

[7] Actualmente se encuentra cumpliendo una condena de 50 años por su accionar como miembro del grupo anarco-comunista de guerilla urbana Lucha Revolucionaria. (Nota de la T.).

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Carta de Camillo Berneri a Federica Montseny

abril 30, 2016
Notas: Tras las jornadas revolucionarias de julio de 1936, el anarquismo español demostró su fuerza parando en medio país el golpe militar y organizando el germen de una nueva sociedad. Comenzó, también, la colaboración con el resto de fuerzas políticas antifascistas contra el enemigo común, especialmente con la UGT con el objetivo de formar un frente sindical. Esta colaboración tuvo su corolario en la participación en el gobierno de la nación con cuatro ministros: dos por la CNT y dos por la FAI, que produjo una conmoción en el movimiento anarquista internacional. La carta que transcribimos es una reflexión que dirige a uno de estos ministros, Federica Montseny, el anarquista italiano Camillo Berneri (1897-1937). Fue escrita en abril de 1937, un mes antes de ser asesinado por los comunistas en Barcelona durante los sucesos contrarrevolucionarios del mes de mayo, desencadenados por el poder para frenar la revolución libertaria.

Carta de Camillo Berneri a Federica Montseny

Querida compañera:

Tenía la intención de dirigirme a todos vosotros, compañeros ministros, pero ahora con la pluma en mano, espontáneamente, he resuelto dirigirme a ti sola y no quiero contrariar un impulso súbito, pues es una buena regla seguir en tal género de asuntos a los instintos. Que no coincida siempre contigo no te maraville, ni te irrite, y además tú te has mostrado cordialmente olvidadiza de críticas que no siempre fueron de tu gusto, y que hubiera sido tan natural como humano, considerar injustas y excesivas. Es una cualidad, y no pequeña a mis ojos, y testimonia la naturaleza anarquista de tu espíritu. Esa rectitud y temperamento compensa con eficacia, se entiende para mi amistad, las discrepancias ideológicas con algunos aspectos de tus artículos de estilo personalísimo y tus discursos de una elocuencia admirable.

No he conseguido aceptar por ejemplo tu identificación entre el anarquismo bakuninista y el republicanismo federalista de Francisco Pi y Margall, y no te perdono haber escrito que “en Rusia no fue Lenin el verdadero constructor de la Rusia, sino más bien Stalin, espíritu realizador”, etc., etc. He aplaudido la respuesta de Volin publicada en Terre libre sobre tu inexacta afirmación sobre el movimiento anarquista ruso.

Pero no es de todo esto que quiero hoy hablarte. Sobre aquéllas, y otras muchas cosas nuestras, espero un día u otro tener ocasión de discutirlas personalmente contigo. Si me dirijo a ti en público es por asuntos infinitamente más graves, para reclamarte enormes responsabilidades de las cuales podría que tú no seas consciente dada tu modestia.

En discurso del 3 de enero tú decías: «Los anarquistas han entrado en el gobierno para impedir que la revolución se desviase y para continuarla más allá de la guerra, y también para oponerse a toda eventual tentativa dictatorial, sea cual sea».

Y bien compañera, en abril, después de tres meses de experiencia colaboracionista, estamos en una situación en la cual suceden graves hechos y se anuncian otros peores.

Allí donde —como en Vasconia, Levante y Castilla—, el movimiento nuestro es impotente en fuerzas de base, es decir que no tiene creados sindicatos vastos y una preponderante adhesión de las masas, la contrarrevolución oprime y amenaza aplastarlo todo. El gobierno está en Valencia, y de allí es de donde partieron guardias de asalto destinados a desarmar los núcleos revolucionarios de defensa. Se recuerda a Casas Viejas, pensando en Vilanesa. Son de la Guardia Civil y de la Guardia de asalto los que conservan las armas, y es aquí en la retaguardia que deben controlar los “incontrolables”, que osan desarmar de algunos fusiles y revólveres a los núcleos revolucionarios. Entre tanto el frente interno no es eliminado. Esto se produce en una guerra civil en la cual todas las sorpresas son posibles, y en una región en la cual el frente está bien próximo, es muy irregular en su trazado y no es matemáticamente seguro. Esto, en tanto que aparece clara la distribución política de las armas, que tiende a armar sino en la medida de lo «estrictamente necesario». Estrictamente necesario, esperamos que se arme al frente de Aragón, escolta armada de las colectivizaciones agrarias y contrafuerte de Consejo de Aragón y de Cataluña, la Ucrania ibérica.

Tú estás en un gobierno que ha ofrecido a Francia e Inglaterra ventajas en Marruecos, mientras desde julio de 1936 sería necesario proclamar oficialmente la autonomía política marroquí. Lo que piensas, como anarquista, de este asunto innoble y además estúpido, yo lo imagino, pero entiendo que ha llegado la hora de hacer saber que tú, y contigo los otros anarquistas, no concordáis con la naturaleza y el tenor de tales propuestas.

El 24 de octubre de 1936 yo escribía en Guerra di classe: «La base de operaciones del ejército fascista es Marruecos. Corresponde intensificar la propaganda a favor de la autonomía marroquí sobre todo el sector de influencia pan-islámica. Es necesario imponer al gobierno de Madrid declaraciones inequívocas de su voluntad de abandonar Marruecos, así como proteger la autonomía marroquí. Francia ve con preocupación la posibilidad de repercusiones insurreccionales en el África Septentrional y en Siria, e Inglaterra ve reforzada la agitación autonómica egipcia y de los árabes de Palestina. Corresponde aprovechar tales preocupaciones, con una política que amenace desencadenar la revuelta del mundo islámico. Para tal política es necesario invertir dinero y urge enviar emisarios agitadores y organizadores a todos los centros de la emigración árabe y en todas las zonas de la frontera del Marruecos francés. En los frentes de Aragón, del Centro, Asturias y Andalucía, bastarán algunos marroquíes con funciones de propagandistas, disponiendo de radio, impresos, etc.»

Es evidente que no se puede garantizar los intereses de los ingleses y franceses en el Marruecos, y al mismo tiempo hacer obra insurreccional. Valencia continúa la política de Madrid. Es necesario que esto cambie. Es necesario, para cambiar, decir clara y fuertemente todo nuestro pensamiento, porque en Valencia actúan influencias tendentes a pactar con Franco.

Jean Zyromsky escribe en Le Populaire del 3 de marzo: «Estas maniobras son visibles y tienden a la conclusión de una paz que, en realidad, significaría no solamente detener la revolución española, sino incluso anular las conquistas sociales ya realizadas. Ni Largo Caballero ni Franco, tal sería la fórmula que expresaría sumariamente una concepción que existe, y yo no estoy seguro de que ella no tenga el beneplácito de ciertos medios políticos, diplomáticos e incluso gubernamentales en Inglaterra, y también en Francia».

Estas influencias, estas maniobras, explican varios puntos oscuros, como por ejemplo: la inactividad de la marina de guerra leal. La concentración de las fuerzas provenientes del Marruecos, la piratería del “Canarias” y del “Baleares”; la toma de Málaga, no son sino las consecuencias. ¡Y la guerra no ha terminado! Si Indalecio Prieto es incapaz e indolente, ¿por qué tolerarlo? Si Prieto está ligado a una política que paraliza la marina, ¿por qué no denunciar esa política?

Vosotros ministros anarquistas, dais discursos elocuentes y escribís brillantes artículos, pero no es con discursos y artículos como se vence en la guerra y se defiende la revolución. En aquélla se vence y ésta se defiende permitiendo el paso de la defensiva a la ofensiva. La estrategia de posiciones no puede eternizarse. El problema no se resuelve lanzando consignas como: movilización general, armas al frente, mando único, ejército popular, etc. El problema se resuelve realizando inmediatamente lo que puede realizarse. Según La Dêpeche de Toulouse del 17 de enero: «La gran preocupación del Ministerio del Interior es restablecer la autoridad del Estado sobre la de los grupos y sobre los incontrolables de todas la tendencias».

Es evidente que, aunque se comprometieran durante meses a buscar el aniquilamiento de los «incontrolables», no se puede resolver el problema de eliminar la quinta columna. La eliminación del frente interno tiene por previa condición una actividad de investigación y de represión que no puede ser cumplida sino por revolucionarios experimentados. Una política interna de colaboracionismo entre las clases y de adulación hacia las clases medias, conduce inevitablemente a la tolerancia hacia los elementos políticamente equívocos. La Quinta Columna está constituida, no sólo por elementos pertenecientes a formaciones fascistas, sino además por todos los descontentos que aspiran a una república moderada. Son estos últimos elementos los que se aprovechan de la tolerancia de los cazadores de «incontrolables».

La eliminación del frente interno tiene por condición previa, una actividad amplia y radical de los comités de defensa constituidos por la CNT y la UGT.

Nosotros asistimos a la penetración en los cuadros dirigentes del ejército popular de elementos equívocos, no garantizados por ninguna organización política o sindical. Los comités y los delegados políticos de las milicias ejercían un control saludable. Hoy está debilitado por el predominio de sistemas centralizados de nombramientos y promociones, que se convierten en estrictamente militares.

Es necesario reforzar la autoridad de estos comités y de estos delegados. Asistimos al hecho nuevo, y que puede tener consecuencias desastrosas, que batallones enteros están mandados por oficiales que no disfrutan de la estima y del afecto de los milicianos. Este hecho es grave porque la mayoría de los combatientes españoles vale en la batalla en proporción a la confianza que tienen en su propio comandante. Es necesario por lo tanto restablecer la elegibilidad directa y el derecho de destitución desde la base.

Podría continuar sobre ese tema.

Gravísimo error ha sido aceptar fórmulas autoritarias, no porque fueran tales, sino porque nos llevan a errores enormes y a fines políticos que nada tienen que ver con las necesidades de la guerra.

He tenido ocasión de hablar con altos oficiales italianos, franceses y belgas, y he constatado que ellos tienen, de la necesidad real de la disciplina, una concepción mucho más moderna y racional de la que ciertos neo-generales pretenden realista.

Creo que es hora de constituir el ejército confederal, como el Partido Comunista ha constituido su cuerpo propio: el Quinto Regimiento de las milicias populares. Creo que es hora de resolver el problema del mando único, realizando una efectiva unidad del mando que permita pasar a la ofensiva en el frente aragonés. Creo que ha llegado la hora de terminar con el escándalo de millares de guardias civiles y de guardias de asalto, que no van al frente, porque se dedican a controlar los «incontrolables». Creo que ha llegado la hora de crear una seria industria de guerra. Y creo que es hora de terminar con ciertas curiosidades, tan flagrantes como las del reposo dominical y la de ciertos «derechos obreros» saboteadores de la defensa de la revolución. Es necesario, ante todo, mantener elevado el espíritu de los combatientes.

Luigi Bertoni, haciéndose intérprete de los sentimientos expresados por varios compañeros italianos combatientes en el frente de Huesca, escribía no hace mucho: «La guerra de España despojada de toda fe nueva, de toda idea de transformación social, de toda grandeza revolucionaria, de todo sentido universal, no es más que una vulgar guerra de independencia nacional, que es necesario afrontar para evitar el exterminio que la plutocracia mundial se propone. Queda la terrible cuestión de vida o muerte, pero no es más una guerra de afirmación de un nuevo régimen o de una nueva humanidad. Se diría que todo no está todavía perdido, pero en realidad está todo amenazado y comprometido y los nuestros tienen un lenguaje de renunciadores, el mismo que tenía el socialismo italiano ante el avance del fascismo: «¡Cuidado con las provocaciones!», «¡Calma y serenidad!», «“¡Orden y disciplina!». Todas las cosas que prácticamente se resumen en: dejar hacer. Y como en Italia el fascismo terminó por triunfar, en España el antisocialismo, con vestiduras republicanas, no podrá menos que vencer, a menos que acontecimientos que escapan a nuestras previsiones se produzcan. Es inútil agregar que nosotros constatamos, sin entrar a condenar a los nuestros, cuya conducta no sabemos decir cómo podría tener una alternativa diferente y eficaz, mientras que la presión ítalo-alemana crece en el frente y la bolchevización en la retaguardia».

Yo no tengo la modestia de Luigi Bertoni. Tengo la presunción de afirmar que los anarquistas españoles podrían tener una línea política diferente de la que prevalece, y pretendo aconsejar algunas líneas generales de conducta, atento a las experiencias de las grandes revoluciones recientes y a lo que leo en la misma prensa libertaria española.

Creo que tú debes plantearte el problema de saber dónde defiendes mejor la Revolución, si aportas una mayor contribución a la lucha contra el fascismo, participando en el gobierno, o si no serías infinitamente más útil llevando la llama de tu magnífica palabra entre los combatientes y en la retaguardia. Ha llegado la hora de clarificar incluso la significación unitaria que puede tener vuestra participación en el gobierno. Es necesario hablar con las masas, y llamarlas a juzgar si tenía razón Marcel Cachin, cuando declara (L’Humanité, 23 de marzo): «Los responsables anarquistas multiplican sus esfuerzos unitarios y sus llamadas son escuchadas en forma creciente»; o si tienen razón Pravda e Izvestia, cuando calumnian a los anarquistas españoles tratándolos de saboteadores de la unidad. Llamar también a las masas para juzgar la complicidad moral y política del silencio de la prensa anarquista española sobre los delitos dictatoriales de Stalin, de las persecuciones contra los anarquistas rusos, y en los monstruosos procesos contra la oposición leninista y trotskista, silencio recompensado y con mérito por las difamaciones deIzvestia contra Solidaridad Obrera de Barcelona.

Llamar a las masas a juzgar si ciertas maniobras de sabotaje al aprovisionamiento no entran en el plan anunciado el 17 de diciembre de 1936 en Pravda: «En cuanto a Cataluña, se ha comenzado la limpieza de elementos trotskistas y anarcosindicalistas, obra que será llevada con la misma energía con la que ha sido llevada en la URSS».

Es hora de darse cuenta de si los anarquistas estamos en el gobierno para hacer de vestales a un fuego, casi extinguido, o bien si están para servir de gorro frigio a politicastros que flirtean con el enemigo, o con las fuerzas de la restauración de la «República de todas las clases». El problema se plantea con la evidencia de una crisis que sobrepasa a los actores representativos que hoy ocupan el escenario.

El dilema: guerra o revolución, no tiene ya sentido. El único dilema es este: o la victoria sobre Franco gracias a la guerra revolucionaria, o la derrota.

El problema para ti, y para los otros compañeros, es el de escoger entre el Versalles de Thiers o el París de la Comuna, antes de que Thiers y Bismark hagan la unión sagrada.

A ti te toca responder, porque tú eres “la luz escondida”.

Fraternalmente.

Camillo Berneri

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Néstor Majnó y Vladímir Ilich Lenin: entrevista histórica

abril 27, 2016

Fuente: nestormakhno.info

Notas: En el verano de 1918, cuando Ucrania fue invadida por los ejércitos austriaco y alemán, Majnó tuvo que marcharse a la Rusia central y aprovechó su estancia en Moscú para entrevistarse con algunas de las personalidades más destacadas y conversar sobre la lucha y la revolución que se desarrollaban. Entre ellas figura Lenin. La entrevista fue preparada por Sverdlov, uno de los miembros más prominentes del bolchevismo ruso, del que Lenin siempre atendía los consejos, considerándole como su maestro.

Néstor Majnó y Vladímir Ilich Lenin: entrevista histórica

«Lenin, que se interesaba mucho sobre cuanto pasaba en Ucrania, ocupada por los ejércitos invasores, me preguntó varias veces sobre la actitud de los campesinos ucranianos y, sobre todo, quería saber cómo habían recibido los campesinos de Ucrania la consigna “todo el poder a los soviets locales”. Le expliqué que los campesinos interpretaron esta consigna a su manera. Según ellos, “todo el poder a los soviets locales” quería decir que el poder, en todos sus aspectos, debía realizarse directamente con el consentimiento y voluntad de los trabajadores; que los soviets de los diputados, obreros y campesinos, locales y regionales, no eran otra cosa que las unidades coordinadoras de las fuerzas revolucionarias y de la vida económica, mientras durara la lucha que los trabajadores sostenían contra la burguesía y sus aliados, los socialistas de derecha y su gobierno de coalición.

— ¿Cree usted que esta interpretación es adecuada?— me preguntó.

— Sí— le contesté.

— En este caso, el campesinado de aquella región está infestado por el anarquismo.

— ¿Es esto malo?

— No quiero decir eso, sino al contrario. Esto me causaría regocijo, pues adelantaría la victoria del comunismo sobre el capitalismo y su poder.

— Esto es muy lisonjero para mí— insinué.

— No, no, vuelvo a afirmar seriamente que un fenómeno de esta naturaleza en la vida de los campesinos adelantaría la victoria del comunismo sobre el capitalismo; pero yo creo que este fenómeno en el campesinado no es natural. Lo han introducido en sus filas los propagandistas anarquistas y puede ser pronto olvidado. Hasta estoy predispuesto a crer que este espíritu, no organizado, al verse bajo los golpes de la contrarrrevolución triunfante, ha desaparecido ya.

Advertí a Lenin que un gran jefe no podía ser pesimista ni escéptico, y después de conversar sobre varios temas me preguntó qué pensaba hacer en Moscú. A lo que le contesté que no tenía intención de quedarme en aquella capital sino de regresar a Ucrania.

— ¿Irá usted a Ucrania clandestinamente?— me preguntó.

— Sí— le contesté.

Lenin, dirigiéndose al señor Sverdlov, dijo:

— Los anarquistas siempre están dispuestos a toda clase de sacrificios; son abnegados, pero también ciegos y fanáticos. Dejan escapar el presente por un futuro lejano.

Volviéndose hacia mí me rogó que no me diera por aludido en estas palabras.

— A usted, compañero —añadió— le considero como un hombre de realidades, que está preocupado por los problemas actuales. Si en Rusia tuviéramos por lo menos una tercera parte de esta clase de anarquistas, nosotros, los comunistas, estaríamos dispuestos a colaborar con ellos bajo ciertas condiciones, en pro de la libre organización de la producción.

Advertí que empezaba a estimar a Lenin, al que hasta hacía poco había considerado como el culpable de la destrucción de todas las organizaciones anarquistas de Moscú, lo que fue la señal para destruir las de otras muchas capitales de Rusia. En mi interior empezaba a avergonzarme de mí mismo y buscaba rápidamente una contestación adecuada. Le dije lo siguiente:

— Todos los anarquistas aprecian mucho la revolución y sus conquistas. Esto nos demuestra que en este sentido todos somos iguales.

— No me diga usted esto —repuso riéndose Lenin—. Nosotros conocemos a los anarquistas tanto como los conoce usted mismo. La mayoría de ellos, o no piensan nada sobre el presente, o piensan bien poco, a pesar de la gravedad. Y para un revolucionario es vergonzoso no tomar resoluciones positivas sobre el mismo. La mayoría de los anarquistas piensan y escriben sobre el porvenir, sin entender el presente. Esto es lo que nos separa a nosotros, los comunistas, de los anarquistas.

Al pronunciar esta última frase, Lenin se levantó de la silla, y paseándose por el despacho, añadió:

— Sí, sí: los anarquistas son fuertes en las ideas sobre el porvenir, pero en el presente no pisan terreno firme y son deplorables, ya que no tienen nada en común con este presente.

A todo esto contesté a Lenin que yo era un campesino semianalfabeto y que sobre aquel enredado asunto de los anarquistas, tal como él me lo exponía, no sabía discutir. Pero le dije:

— Sus afirmaciones, compañero Lenin, de que los anarquistas no comprenden el presente y que no tienen ninguna relación con él, son equivocadas. Los anarcocomunistas de Ucrania o del sur de Rusia, como decís vosotros los comunistas bolcheviques, han dado ya demasiadas pruebas que demuestran su compenetración con el presente. Toda la lucha revolucionaria del pueblo ucraniano contra la Rada Central de Ucrania se ha llevado bajo la dirección de las ideas anarcocomunistas y también, en parte, bajo la influencia de los socialistas revolucionarios, los cuales —hay que decir la verdad— al luchar contra la Rada Central, tenían finalidades muy distintas a las nuestras. En los pueblos de Ucrania casi no existen bolcheviques, y allí donde hay algunos, su influencia es nula. Casi todas las Comunas Agrícolas han sido creadas por iniciativa de los anarcocomunistas. La lucha armada del pueblo de Ucrania contra la reacción y, muy especialmente, contra los ejércitos expedicionarios de austriacos, alemanes y húngaros, fue iniciada y organizada bajo la ideología y dirección de los anarcocomunistas. La verdad es que vosotros, teniendo en cuenta los intereses de vuestro partido, encontráis inconvenientes para reconocerlo; pero todo esto son hechos innegables. Vosotros sabéis muy bien la calidad y capacidad combativa de todos los destacamentos revolucionarios de Ucrania. No en vano habéis subrayado el valor con que aquellos destacamentos han defendido nuestras conquistas revolucionarias. Pues bien: más de la mitad de ellos iban a la lucha bajo la bandera anarquista. Los jefes de destacamento Makrousov, Nikiforoba, Cheredniak, Garen, Cherñak, Luñev y muchos otros cuya relación sería demasiado prolija, son anarquistas comunistas. No hablo de mí personalmente, como tampoco del grupo al que pertenezco, sino de aquellos destacamentos y batallones voluntarios para la defensa de la revolución, los cuales han sido creados por nosotros y no pueden ser desconocidos por vuestros altos mandos de la Guardia Roja. Todo esto demuestra lo equivocadas que son las manifestaciones de usted, compañero Lenin, de que nosotros, los anarquistas, somos incorregibles y débiles en el “presente”, a pesar de que nos gusta mucho pensar en el porvenir. Lo dicho demuestra a todos, y también a usted, que nosotros, los anarcocomunistas, estamos compenetrados con el presente, trabajamos en él, y precisamente en la lucha buscamos el acercamiento al futuro, sobre el cual pensamos mucho y seriamente. Sobre ello no puede caber duda. Esto es, precisamente, todo lo contrario de la opinión que tienen ustedes de nosotros.

En aquel momento miré al presidente del Comité Central Ejecutivo de los Soviets, Sverdlov, el cual había enrojecido.

Lenin, desplegando los brazos, me dijo:

— Puede ser que yo esté equivocado.

— Sí, sí —advertí—; en este caso tiene usted estas opiniones sobre los anarquistas porque está muy mal informado de la realidad en Ucrania, y porque tiene todavía peores informaciones sobre el papel que nosotros jugamos en la misma.

— Puede ser. Yo no lo niego. Todo hombre puede equivocarse y muy especialmente en una situación como en la que nos encontramos en estos momentos— dijo Lenin, terminando la conversación sobre el tema».

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El inconfesable proyecto de creación de un seudo Kurdistán

abril 21, 2016
http://www.voltairenet.org/article189565.html
ANTE NUESTRA MIRADAEl inconfesable proyecto de creación de un seudo Kurdistánpor Thierry MeyssanParís y Londres no paran de emitir declaraciones rimbombantes contra el Emirato Islámico y de condenar su campaña de limpieza étnica y sus atentados. Pero, por debajo de la mesa, están preparando una limpieza étnica en el norte de Siria, para crear allí un seudo Kurdistán, y a la vez preparan el traslado del Emirato Islámico hacia la región iraquí de Al-Anbar, donde crearían un Sunnistán. Thierry Meyssan analiza ese plan y subraya las numerosas contradicciones del discurso oficial.RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 7 DE DICIEMBRE DE 2015

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¿Es legal la intervención militar de Francia, Israel y el Reino Unido en Siria?

Para iniciar su nueva guerra en Irak y en Siria, los gobiernos de Francia, Israel y el Reino Unido estimularon, el 20 de noviembre de 2015, la adopción de la resolución 2249 [1] en el Consejo de Seguridad de la ONU. Según el representante de Francia, país que presentó ese texto, dicha resolución autoriza la acción colectiva en virtud del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, o sea en el marco de la «legítima defensa». Según el primer ministro británico, David Cameron, esa resolución respalda «toda acción contra esta secta asesina y diabólica tanto en Siria como en Irak» [2].

Sin embargo, según los expertos del Servicio de Investigación de la biblioteca de la Cámara de los Comunes, eso no es cierto. En un estudio jurídico extremadamente detallado y profundo, Arabella Lang precisa que la resolución 2249 no autoriza el uso de la fuerza sino que llama a quienes tengan la posibilidad legal de hacerlo a redoblar sus esfuerzos [3]. Por consiguiente, la resolución 2249 va dirigida única y exclusivamente a los Estados cuya ayuda han solicitado Irak y Siria.

En función de sus propias necesidades, Irak dirigió al secretario general de la ONU y al Consejo de Seguridad una carta en la que afirmaba que estaba siendo atacado por el Emirato Islámico desde suelo sirio. Francia y el Reino Unido, que recibieron un pedido de ayuda de Irak –lo cual no es el caso de Israel–, afirman por ello que están ejerciendo un derecho de «legítima defensa colectiva». Además, tanto Francia como el Reino Unido pretenden haber sido atacados por el Emirato Islámico, también desde Siria, lo cual justificaría –según París y Londres– su derecho individual de «legítima defensa». Pero estos argumentos serían válidos únicamente si París y Londres presentasen pruebas de que el Emirato Islámico prepara ataques inminentes desde Siria, pruebas que nunca han presentado en ninguna parte [4].

Por lo tanto, la intervención militar de Francia, Israel y el Reino Unido en Siria sigue siendo ilegal, mientras no cuente con una autorización previa del gobierno de la República Árabe Siria.

Es importante recordar, por otro lado, que la Carta de las Naciones Unidas y las resoluciones vinculadas de la Asamblea General de la ONU prohíben explícitamente todo apoyo militar a grupos no estatales que traten de derrocar el gobierno de un Estado miembro de la ONU. Es por eso que Francia y el Reino Unido trataban de hacer creer que sólo enviaban material defensivo a los grupos armados que operan en Siria. Desgraciadamente, esos grupos están recibiendo grandes cantidades de armamento ofensivo –fusiles, morteros así como armamento antitanque y cohetes antiaéreos, explosivos e incluso gases de combate.

Sin embargo, en agosto de 2014, el presidente francés Francois Hollande reconoció, en una entrevista publicada en el diario francés Le Monde, haber entregado armamento ofensivo a los «rebeldes sirios» [5].

El propio Hollande también precisó posteriormente, en entrevista concedida al periodista Xavier Panon, que en 2011 [6] ya había enviado a los grupos armados antigubernamentales cañones de 20 milímetros, ametralladoras pesadas, lanzacohetes y cohetes antitanques, lo cual constituye una clara violación del derecho internacional y rebaja a Francia a la categoría de «Estado canalla» [7].

El inconfesable proyecto de Francia, Israel y Reino Unido

Desde el 20 de noviembre de 2015, Francia ha estado tratando de formar una coalición –¡otra más!– supuestamente para luchar contra el Emirato Islámico, y más exactamente para tomar la ciudad siria de Raqqa. Esta retórica, que ha bastado para convencer a los franceses de que su gobierno quiere dar respuesta a los atentados perpetrados en París el 13 de noviembre, no logra sin embargo ocultar las intenciones coloniales del presidente Hollande. En efecto, si el objetivo es expulsar al Emirato Islámico de Raqqa, ¿cómo piensa lograrlo sin tropas terrestres? Y después de la expulsión de los yihadistas, ¿en manos de quién quedaría Raqqa?

La campaña aérea rusa presta apoyo a las acciones terrestres del Ejército Árabe Sirio, mientras que –según el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, los bombardeos aéreos franco-británicos podrían prestar apoyo a los grupos armados del Ejército Sirio Libre [organizado por los responsables de al-Qaeda en Libia], de las Fuerzas Árabes Sunnitas [o sea las milicias turcomanas que reciben apoyo del ejército turco] y a los kurdos [el YPG sirio y los peshmergas del gobierno regional kurdo de Irak].

Si esas fuerzas llegasen a tomar Raqqa, esa ciudad siria sería entregada al gobierno regional kurdo de Irak, que la anexaría. Se trataría de proclamar así un «Kurdistán» que se extendería sobre territorios pertenecientes a Irak y Siria, de expulsar después a las poblaciones sirias que allí residen y de terminar la operación trasladando hacia ese nuevo Estado 10 millones de kurdos de Turquía.

JPEG - 34 KBEn 2011, Alain Juppé, ministro de Exteriores de Francia, y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, acordaban en secreto la creación –por una organización terrorista (el Emirato Islámico)– de un Sunnistán en territorios de Irak y Siria y de un Kurdistán, también a caballo sobre ambos países. El proyecto contaba con el respaldo de Israel y del Reino Unido.

El plan Juppé

En 2011, el entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, y su homólogo turco, Ahmet Davutoglu, firmaban un acuerdo secreto. Sabemos que aquel acuerdo incluía varios compromisos recíprocos, entre los que se hallaban «resolver la cuestión kurda» sin «afectar la integridad del territorio turco», o sea crear un seudo Kurdistán en Siria.

Los franceses siguen creyendo que Alain Juppé todavía es gaullista y no han notado su viraje de 2005, año en que este personaje es condenado a 14 meses de cárcel –donde nunca puso los pies– y a un año de exclusión de todo puesto público por haber financiado su partido político mediante la malversación de fondos públicos. Ante esa situación, Juppé abandona Francia para ir a trabajar como profesor en Montreal. Pero no pasó mucho tiempo en Canadá y lo que en realidad hizo en secreto fue seguir una formación en un tercer país. Actualmente, y a pesar de ser miembro de la oposición, Alain Juppé es uno de los principales inspiradores de la política que el presidente Hollande aplica hoy en el Medio Oriente, pisoteando tanto la Historia como los intereses de Francia.

El Kurdistán y Siria

Los kurdos son un pueblo que, desde hace siglos, habita un territorio actualmente compartido entre Turquía, Irak e Irán. Cuando se hizo el censo de 1962, en Siria había solamente 169 000 kurdos, o sea una parte infinitesimal del total de la población kurda. Pero durante la guerra civil turca de los años 1980-1990, 2 millones de kurdos turcos se refugiaron en Siria. La intención de Francia, Israel y el Reino Unido es crearles un Estado, pero no en Turquía, país de donde proceden, sino colonizando el país que tan generosamente los acogió cuando llegaron como perseguidos.

Francia y el Reino Unido ya dividieron Siria durante la Conferencia de San Remo (en 1920) en función de los acuerdos Sykes-Picot (que databan de 1916). La Siria histórica abarca no sólo la actual República Árabe Siria sino también Palestina, Israel, el Líbano, Jordania, la región designada como el Sandjak de Alejandreta (conocida en Turquía como Antioquía) y una parte de Irak. El actual proyecto apunta, por consiguiente, a proseguir el desmembramiento de Siria.

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El 31 de octubre de 2014, el dirigente kurdo sirio Salih Muslim se reunió en París con Francois Hollande y con Recep Tayyip Erdogan. Los tres se pusieron de acuerdo sobre la creación –en Siria– de un seudo Kurdistán, de donde expulsarían a la población sunnita y cristiana y adonde serían empujados los kurdos de Turquía.

¿Quiénes son los kurdos?

Los kurdos constituyen una cultura única, pero hablan diferentes lenguas, el kurmanji, el sorani y el pehlewani, así como una cuarta lengua totalmente diferente de las tres anteriores, el zaza-gorani.

Durante la guerra fría, los kurdos se dividieron en dos grupos, uno de ellos contaba con el respaldo de Israel y Estados Unidos mientras que Siria y la URSS apoyaban al otro grupo.

Durante la guerra civil turca, el PKK –principal partido kurdo de Turquía, el PKK se proclama marxista-leninista– y su líder histórico Abdullah Ocallan militaron por la creación de un Kurdistán independiente en Turquía. Precisaron además que no tenían ninguna ambición territorial en suelo sirio. Ocallan fue acogido en Damasco como refugiado político y desde allí dirigió las operaciones militares del PKK en Turquía. Huyendo de la represión, 2 millones kurdos encontraron refugio en Siria. Pero, en 1998, Ankara amenazó a Damasco con declararle la guerra si seguía albergando al PKK. El presidente Hafez el-Assad pidió finalmente a Abdullah Ocallan que buscara asilo en otro país y siguió protegiendo a los refugiados kurdos.

Al inicio de la guerra contra Siria, el presidente Bachar al-Assad concedió la nacionalidad siria a numerosos refugiados kurdos provenientes de Turquía, estimulándolos además a formar milicias locales y a participar en la defensa del territorio nacional. Durante 2 años, la cooperación de esas milicias kurdas con las fuerzas sirias fue total. Pero ese estado de cosas comenzó a deteriorarse en 2014.

El 31 de octubre de 2014, el dirigente de la Unión Democrática Kurda de Siria, Salih Muslim, fue recibido por el presidente francés Francois Hollande al margen de una entrevista con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, justo después de la batalla de Kobane. Hollande y Erdogan, que hasta entonces habían negado toda ayuda a las milicias de los kurdos sirios, lograron convencer a Salih Muslim de sumarse a su proyecto.

Un año más tarde, Salih Muslim iniciaba una operación de “kurdización” forzosa del norte de Siria, provocando así la sublevación de las poblaciones locales, principalmente de los cristianos asirios y de los árabes sunnitas [8].

Sin embargo, cuando Francia, Israel y el Reino Unido iniciaron la operación de creación del Kurdistán en Siria, Salih Muslim enfrentó las peores dificultades para movilizar a sus combatientes. Los jóvenes kurdos refugiados en Irak se negaron masivamente a unirse al proyecto colonial [9].

El viernes 27 de noviembre de 2015, Salih Muslim estaba nuevamente en París.

El derribo del Su-24 ruso por Turquía

La intervención militar rusa, iniciada el 1º de noviembre de 2015, trastornó el plan de las potencias coloniales. Para el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, la intervención rusa en Siria alejaba nuevamente la posibilidad de concretar el Plan Juppé y su sueño personal de “purificación” de Turquía. Erdogan ordenó entonces a su ejército la preparación de un incidente con un avión ruso, como reveló en su momento el investigador turco Fuat Avni.

El 16 de noviembre, Rusia extendió su operación militar contra los grupos terroristas en Siria con una embestida política contra sus fuentes de financiamiento. El presidente Vladimir Putin provocó estupor en la reunión del G20, en Antalya, acusando –sin nombrarlo– al presidente del encuentro, Recep Tayyip Erdogan. Putin mostró a los diplomáticos presentes imágenes satelitales de los convoyes de camiones cisterna que circulan entre el territorio sirio y los puertos turcos y denunció el laxismo de quienes permiten así que el Emirato Islámico acumule miles de millones de dólares [10].

El 24 de noviembre, sobrestimando el apoyo con el que podría contar en Washington o subestimando el poderío ruso, el presidente Erdogan ordenó el derribo de un bombardero táctico Su-24 ruso que había estado 17 segundos en el espacio aéreo turco [11]. Pero Moscú reaccionó de inmediato con la adopción de drásticas sanciones económicas contra Ankara, dando a conocer públicamente los registros de los radares sobre el incidente aéreo [12], desplegando en Siria misiles antiaéreos S-400 y, finalmente, con la difusión, durante una conferencia de prensa del estado mayor de las fuerzas armadas rusas, de las imágenes satelitales que demuestran la responsabilidad del Estado turco en el financiamiento del Emirato Islámico [13].

En un instante, toda la prensa internacional que hasta entonces negaba la verdad se llenó bruscamente de reproches contra el autócrata de Ankara y su familia.

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El 25 de noviembre de 2015, la Unión Europea despliega la alfombra roja ante Turquía: reactivación de las negociaciones de adhesión, liberalización del régimen de concesión de visas y asignación de 3 000 millones de euros. En la tribuna, el primer ministro turco Ahmet Davutoglu, el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk y el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker.

La intervención franco-británica

Sin embargo, el 29 de noviembre la Unión Europea organizaba una cumbre especial con Turquía. Ignorando las denuncias de Vladimir Putin ante el G20 y los informes (no publicados) de la Alta Representante de la Unión, Federica Mogherini, que demuestran que Chipre, Italia y Francia también están implicadas en la venta –en la propia Unión Europea– del petróleo robado por el Emirato Islámico, los participantes en la cumbre UE-Turquía concluían: «Recordando la declaración final de la última reunión del G20 en Antalya, así como la resolución 2249 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Turquía y la UE reafirman que la lucha contra el terrorismo sigue siendo una prioridad.» [14]

Conforme a lo previsto en el plan Juppé de 2011, se reactivaron las negociaciones de adhesión de Turquía a la Unión Europea, se inició un proceso tendiente a eliminar la exigencia de visas a los turcos que desean entrar en los países de la UE y, como la clásica cereza en el pastel de cumpleaños, la Unión Europea se comprometió a entregar a Turquía 3 000 millones de euros, supuestamente para que ayude a manejar la oleada de refugiados.

El Parlamento francés [15] y la Cámara de los Comunes británica [16], convencidos de que la resolución 2249 permite la intervención en Siria sin consentimiento del gobierno sirio, autorizaron sus respectivos gobiernos a intervenir militarmente en Siria. Esas intervenciones, de carácter exclusivamente aéreo, han sido presentadas como tendientes a acabar con el Emirato Islámico. En los debates para su aprobación nunca se habló a los parlamentarios franceses y británicos del plan de creación de un seudo Kurdistán.

Contrariamente a lo que se ha declarado a la prensa, la política de respaldo al Emirato Islámico sigue siendo la misma. Esa organización terrorista sigue gozando del apoyo de sus fundadores (varias personalidades estadounidenses agrupadas alrededor de David Petraeus y John Negroponte, así como los gobiernos de Arabia Saudita, Qatar y Turquía). Los únicos que realmente luchan contra el Emirato Islámico son los chiitas iraquíes, el Hezbollah libanés, el Ejército Árabe Sirio y Rusia. Las operaciones de la coalición encabezada por Estados Unidos nunca apuntaron a la erradicación del Emirato Islámico sino solamente a «contenerlo». El objetivo actual no es otro que «liberar» el norte de Siria, con vista a su ocupación inmediata por los kurdos de Irak, empujando al Emirato Islámico hacia Irak, donde se le ha reservado el distrito de Al-Anbar. La única diferencia con el plan inicial es que, a raíz de la intervención rusa, los occidentales han renunciado a lograr que el desierto sirio quede en manos del Emirato Islámico.

Elementos fundamentales:
– Francia y el Reino Unido han logrado hacer creer a su opinión pública que la resolución 2249 del Consejo de Seguridad de la ONU les da derecho a intervenir militarmente en Siria contra el Emirato Islámico. Sobre esa base, París y Londres han obtenido de sus respectivos parlamentos la luz verde para iniciar sus bombardeos en Siria sin autorización del gobierno sirio.
– Francia y el Reino Unido creen poder utilizar como fuerzas terrestres las milicias turcomanas (respaldadas por el ejército turco) y el YPG kurdo (respaldado por el gobierno regional kurdo de Irak y por Israel).
– El objetivo de estas intervenciones no es la eliminación del Emirato Islámico como respuesta a su campaña de limpieza étnica sino solamente empujarlo hacia Al-Anbar y proseguir la limpieza étnica en el norte de Siria para crear allí un seudo Kurdistán.

 

Thierry Meyssan

[1] «Resolución 2249», Red Voltaire, 20 de noviembre de 2015.

[2] “PM statement on the United Nations Security Council Resolution”, 10 Downing Street, 20 de noviembre de 2015.

[3] “Legal basis for UK military action in Syria”, por Arabella Lang, Voltaire Network, 26 de noviembre de 2015.

[4] «La Resolución 2249 no autoriza a bombardear Siria», por Nicolas Boeglin, Red Voltaire, 3 de diciembre de 2015.

[5] «François Hollande confirme avoir livré des armes aux rebelles en Syrie», Le Monde, 20 de agosto de 2014.

[6] Hay que recordar que en 2011, el entonces presidente de Francia Nicolas Sarkozy también había entregado armamento pesado a esos grupos armados, incluyendo armamento antitanque del tipo Milan, lo cual nunca reconoció públicamente.

[7] Dans les coulisses de la diplomatie française, por Xavier Panon, L’Archipel, 13 de mayo de 2015.

[8] «Estados Unidos e Israel inician la colonización del norte de Siria», Red Voltaire, 1º de noviembre de 2015.

[9] «El YPG impone servicio militar obligatorio a los refugiados kurdos sirios», Red Voltaire, 24 de noviembre de 2015.

[10] “Vladimir Putin’s Responses to journalists’ questions following the G20 summit”, por Vladimir Putin, Voltaire Network, 16 de noviembre de 2015.

[11] «¿Por qué derribó Turquía el Sukhoi-24 ruso?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 30 de noviembre de 2015.

[12] «Los registros de los radares sobre el ataque turco contra el avión ruso», por Valentin Vasilescu, Red Voltaire, 29 de noviembre de 2015.

[13] «Rusia presenta las pruebas del tráfico de petróleo de Daesh a través de Turquía», por Valentin Vasilescu, Red Voltaire, 3 de diciembre de 2015.

[14] «Declaración UE-Turquía», Red Voltaire, 29 de noviembre de 2015.

[15] «Débat à l’Assemblée nationale française sur l’engagement militaire en Syrie», «Débat au Sénat français sur l’engagement militaire en Syrie», Réseau Voltaire, 25 de noviembre de 2015.

[16] “UK House of Commmons Motion on ISIL in Syria”, Voltaire Network, 2 de diciembre de 2015.

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Contra el Estado Vasco

abril 15, 2016
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Contra el Estado Vasco

Extraído de Indymedia EH

El Estado es una forma organizada de poder, que se puede amoldar a una monarquía, una dictadura militar, a la democracia parlamentaria, al socialismo estatista, etc., repitiéndose siempre esquemas similares: unos grupos dominantes ejerciendo el poder, unos cuerpos represivos para mantenerlo, una moneda para pagarlos, un lugar -la escuela- de adoctrinamiento a la moral y a los comportamientos del sistema ; otros lugares -la prisión y el siquiátrico- donde aparcar los diferentes tipos de disidentes. Siempre, el trabajo como actividad básica y valor supremo y una legislación al servicio de la dominación. Por otra parte, el Estado se circunscrive a un espacio geográfico que dependiendo de su potencial bélico y financiero se podrá extender o reducir a partir de los conflictos tanto « nacionales », como « internacionales ». Dentro de lo que considera su territorio, incluye de forma arbitraria lugares, individuos, pueblos, naciones, a menudo diferentes. Les fuerza a tener un devenir histórico, social, económico, cultural, etc, común al tiempo que los separa, por medio de las fronteras, del resto de la humanidad.

En Euskal Herriak, «los abertzale », los patriotas vascos, solamente ven factible la liberación nacional si consiguen un « estado propio », un nuevo aparato administrativo-represivo que sustituya al del estado central.

La obtención del « estado vasco », aún siendo « socialista », no es una reafirmación popular ante el poder. No existe un « estado propio », ni desde una perspectiva nacional ni desde una perspectiva social. El estado se mantiene siempre por encima y contra la población que gobierna. Todos los estados están siempre al servicio de unos grupos dominantes. Los estados pueden ejercer su dominación basándose en diversas ideologías y clases o en la unión de diferentes territorios. En Euskal Herriak, incluso podría existir un estado que territorialmente se correspondiese exactamente con su geografía, pero que fuera una correspondencia puramente formal. En tal caso, la dominación podría revestir diferentes configuraciones, incluso podría ser ejercida por grupos sociales exógenos. Queda claro que la dominación continuaría siendo esencialmente la misma.

La idea de independencia, con todo su contenido liberador, de ruptura que pueda tener, se ve así ahogada por la idea de estado.
La formación del Estado en Vasconia 

Para cuando llegaron los romanos con su estado imperialista, los vascones que vivían en la margen derecha del Ebro ya conocían lo que eran las ciudades-estado. En la Zona Media y Norte tuvo que pasar más de un milenio para que los vascones que habitaban esas tierras de bosques y montañas sufrieran sus consecuencias. El mantenerse en tribus y más tarde en comunidades locales, y sobre todo la defensa a ultranza de su autonomía, fue el medio más eficaz para impedir la constitución de agrupaciones socio-políticas que integrasen estas comunidades locales, e impedir el surgimiento del Estado, que es por principio unificador. “Los vascos no formaban una nación estructurada, sino un conjunto de tribus más o menos independientes, que hablaban cada una su dialecto, dialecto de una lengua común”, dice Jaques Blot en Montaña y Prehistoria Vasca.

Aún a principios del Siglo XVI la sociedad navarra seguía siendo un mosaico de comunidades locales. Estas, que eran relativamente autónomas y bien diferenciadas entre sí, existían de mucho antes y, en buena medida, al margen de la Monarquía y del Estado que las englobaba y con el tiempo las iría asimilando. No estamos diciendo que el estado no estuviese presente, el Estado no es sólo un sistema institucional y normativo sino también una estructura de hombres. Y entre éstos, las antiguas élites autóctonas fueron las primeros en integrarlas. Así, en Navarra, los estamentos del estado aparecen integrados en la esfera del reino, pero su influencia era más bien escasa como escriben, A. Floristan y J.M. Imizcoz en La sociedad navarra en la Edad Moderna. Nuevos análisis. Nuevas perspectivas: “frente a la importancia de la comunidad local, las superestructuras políticas del naciente Estado navarro bajo medieval e incluso, luego, de la Monarquía española, eran muy endebles. Afectaban todavía muy tangencialmente a la vida de aquellos campesinos, aunque fuese creciendo su importancia con el paso del tiempo”.

La transición de una sociedad de comunidades a la Sociedad moderna en el marco de una nueva reordenación general, la del estado moderno y de la Nación ocurre en el siglo XVII. Un proceso que, en el caso de Navarra, va en el sentido de la formación de la Nación española y del Estado moderno español. (El resto de las provincias vascas del Sur ya estaban integradas en la que fue la base de ese estado: Castilla).

La gran fractura de la sociedad de comunidades aparece con la división entre “vecinos” y “habitantes”. Esta dicotomía convirtió con el tiempo en explotadores a los primeros y en explotados a los segundos (llamados por cierto también “segundones”). La usurpación del Batzarre por una élite perteneciente a los “vecinos” trajo como consecuencia la separación entre el órgano de poder y la comunidad así como la generalización de la propiedad individual. Las principales señas de identidad de las sociedades con Estado fueron apareciendo con nitidez.

Es a partir de esas fechas cuando se puede decir que el Estado empieza a cobrar un mayor protagonismo. Hasta entonces en la Montaña, incluso cuando existía un señor, las comunidades campesinas continuaban viviendo muy libremente, según sus creencias y costumbres. Ya que la tierra, la principal fuente de poder en la Baja Edad Media, estaba en sus manos.

Progresivamente pues, el estado fue introduciendo su ideología, su cultura, su idioma y el virus de la propiedad individual, por medio del cambio de la relación política del poder. En Euskal Herriak, participa de esta degradación la suplantación del Batzarre por una Junta con alcaldes “competentes” y fieles al Estado. Paulatinamente y a consecuencia de lo anterior, aparecieron nuevas formas económicas y de vida social por medio del comercio, más tarde de la industrialización, de la productividad, etc… La concentración de servicios en un sólo lugar, normalmente en el centro o capital del Valle hicieron que se rompiese la unidad y equilibrio existente. Los pueblos más pequeños, perdieron gran parte de sus referentes culturales y sociales, sus costumbres propias, en beneficio del centro de los valles. Y acaso el referente más importante de todos, el sentido de comunidad.

Entorno al quinientos aniversario de la Conquista del Reino de Navarra por el Reino de Castilla nos quieren hacer creer que el objetivo del Estado navarro era realmente defender la autonomía de las comunidades locales. Olvidando que su fuero (la ley), sus impuestos, sus armas etc. estaban, como hemos apuntado al principio para defender a la clase social que estaba en el poder. La monarquía Navarra era similar a cualquier otra y defendía sus intereses, que eran justo los contrarios a los de sus “súbditos”. Cuando repoblaron el reino, los Reyes de Navarra facilitaron tierras y concedieron fueros a poblaciones extranjeras; los “francos”; en territorios habitados por poblaciones autóctonas. Estas últimas veían cómo los nuevos pobladores usurpaban sus bienes, les imponían su lengua y sus costumbres. Entre los Siglos XI y XIII, los fueros de Estella-Lizarra, Puente la Reina-Gares y Burgo de San Cernín prohibían la entrada a los “navarros” para favorecer la inmigración. Así, los “francos”, aliados de la Corona Navarra se convirtieron en los mayores enemigos de los vascones.

A la hora de defender sus intereses, los Reyes Navarros utilizaron la represión sin tapujos. Sin ser Navarra un lugar de alta conflictividad social, se produjeron insurrecciones como el levantamiento de los campesinos de Falces en 1357, con el ajusticiamiento de nueve campesinos, y otros veinte que se escaparon por los pelos, la confiscación de todos sus bienes, etc. También se dio la sublevación de Mixa y Ostibarre (Baja Navarra) en 1369, en Puente la Reina-Gares en 1379, la rebelión de Iruña-Pamplona en Diciembre de 1386 contra sus burgueses durante 22 días, por la distribución injusta de los impuestos. El cronista Garci Lopez de Roncesvalles testigo de los hechos cuenta que la represión vino de “la administración de la monarquía como garante del orden social del reino”. 1.451 soldados acudieron a Pamplona a sofocar el levantamiento, y una vez éste derrotado vino la represión. Cuatro hombres de los que más se destacaron fueron descuartizados y otros muchos encarcelados por su participación en los hechos. En 1405 la represión también se abatió sobre la Junta de Miluce. Nueve campesinos fueron ahorcados y uno despeñado.

Hoy día, se quiere salvar la cara al Estado navarro, debido a sus leyes. A modo de ejemplo, su ordenamiento principal; El Fuero General, las Cortes de Navarra y el clero reconocían infinidad de prerrogativas que potenciaban y reforzaban su poder, y así las jerarquías. Poseían los escudos de armas, no pagaban impuestos, en la Iglesia y en los actos públicos tenían prioridad en la localización de asientos y sepulturas, en el orden en las ofrendas, etc. En la concordia de 1501, el Valle de Amescoa Baja fijó la preferencia de los hidalgos en los asientos de las iglesias. La resistencia de la comunidad del valle a estas prerrogativas, consiguió echarlas por tierra.

De cara al 500 aniversario de la conquista del Reino de Navarra por tropas del estado castellano nos traen a colación el Derecho Pirenaico como algo de siempre. Tomás Urzainki escribe: “Sancho Rebullida afirma, equivocadamente, que este Derecho no es muy antiguo, pues habría surgido de forma consuetudinaria a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna hasta hoy; evidentemente, conociendo la realidad de los orígenes y evolución de este Derecho, no cabe tal sorpresa pues sí que sus actores jurídicos eran al menos miembros de aquellas juntas judiciales de las civitates de Vasconia”. Pero nos preguntamos: ¿podía existir antes de la Edad Media, no ya el Derecho Pirenaico, sino Derecho alguno en la zona pirenaica? Derecho significa jurisprudencia escrita, cosa que no existía en la Montaña Vasca. Por lo tanto, de haber existido derecho alguno, este habría sido en todo caso el Derecho Romano. A modo de ejemplo, digamos que las “leyes”, es decir las ordenanzas más antiguas del Valle del Baztan son de 1560.

Pasemos a ver que sucedía en el otro estado opresor de los vascos, el hasta la Revolución francesa no tan jacobino estado francés. Como se puede comprobar a continuación: “Antes de la Revolución francesa se contaban en Francia unas 144 provincias, cada una con sus fueros (coûtumes) diferentes, que no se empezaron a escribir hasta en tiempo de Carlos VII (1422-1461): teniéndose solamente la descripción de 16 al fin del reinado de Luis XII (1515). De manera que, desde que hubo pueblos en nuestro territorio, hasta principios del Siglo XVI, la mayor parte de estos pueblos estaban sometidos a leyes que nadie había descrito”.

Las comunidades rurales pirenaicas, alpinas, bretonas, etc., se guiaron más por la costumbre y las ordenanzas particulares, que por la legislación real general. Cada comunidad local, bien fuese valle, villa, ciudad, etc. era una micro sociedad. Tenía su propio territorio, sus propias normas, sus jerarquías, su código de valores. Incluso, en ocasiones, sus mitos, ritos y símbolos propios. Hasta los dialectos del euskara eran (y son) particulares. Eran cuestión de uso y no tenían nada que ver con el Derecho.

Cuanto más nos alejamos en el tiempo y más nos acercamos a las Montañas menos consolidados estaban los estados y en algunos casos, ni se sabía de ellos. Decía Heller: “el Estado como nombre y como realidad es algo, desde el punto de vista histórico, absolutamente peculiar y que, en ésta su moderna individualidad, no puede ser trasladado a los tiempos pasados y es patente el hecho de que durante medio milenio, en la Edad Media, no existió el Estado en el sentido de una unidad de dominación, independientemente en el exterior e interior, que actuara de modo continuo con medios de poderes propios y claramente delimitada en lo personal y territorial”.

Territorio, territorialidad y estado 

Por su parte, el territorio como espacio acotado, empieza a tener importancia para las tribus vasconas cuando éstas empiezan a bajar de las Montañas al valle entorno al año mil de esta era. Y mucho más tarde, hasta que los estados no se van conformando como estado-nación con unas instituciones que abarcan todo el territorio, la territorialidad no empieza a tomar fuerza. La territorialidad cobra sentido con el paso de las “ius gens” (comunidades autónomas) a la “ius civitae” (el estado organizado en base al territorio y a la propiedad individual).

Un buen ejemplo son los propios vascones. Estos entran en la historia por medio de los griegos y romanos como pueblo, antes que como Vasconia, concepto territorial. En esa época el grupo étnico y lingüístico era su principal rasgo de identidad, ya que estaban auto organizados en “ius gens”. El acotar un territorio en aquel entonces hubiese sido harto difícil.

El que se puede considerar primer Estado navarro nace en la Iruña de los vascones. Iruña se convierte en una ciudad-estado y pasa a llamarse Reino de Pamplona, adjuntándose algunos territorios cercanos. La territorialidad del reino de Pamplona podía ser concretada sin mayores problemas. Pero no contaba con un grupo étnico y lingüístico homogéneo, sino al contrario, con una composición multiétnica (pamploneses, navarros, gascones, francos, judíos, mudéjares…) con sus respectivas lenguas. Entonces se había pasado a la “ius civitae”.

Desde la formación del Reino de Pamplona hasta la conquista del Reino de Navarra en 1512 por el reino castellano, la territorialidad del Estado navarro ha ido cambiando tantas veces, como lo hacía de monarca, hasta la consolidación de sus fronteras, en época en que el Estado navarro era regido por reyes y condes franceses.

El Reino de Navarra no fue jamás el Estado de los vascos (o de los vascones) ni territorial ni política, ni culturalmente. Bizkaia se separó del reino, antes de que la zona Noroeste de Navarra (Baztan y Bortziriak) se integrara. El Béarn llegó a ser parte del Reino, pero no así Zuberoa. Y es que como ya hemos dicho, el Reino de Navarra se formó sobre los “derechos” que la corona o el monarca navarro correspondiente fuera obteniendo para su patrimonio, siendo el Estado parte de ese mismo patrimonio. Por lo tanto, queda claro que en un Estado feudal o semi-feudal, como fue el del Reino de Navarra nunca recae la soberanía en la nación; inexistente; por la esencia patronímica de la entidad, es decir por la calidad de patrimonio personal del monarca.

En efecto, el Reino de Navarra jamás pudo concebirse como nación alguna (fuera cual fuera ella: pirenaica, navarra, vasca, vasco-navarra o bearnesa), pues quienes la defendían cuando servían a ese reino, servían a su rey. La lealtad que los animaba iba hacia el rey su señor. Su patriotismo no era sino precisamente eso: la defensa del patrimonio real. Las comunidades autónomas, los “ius gens” no evolucionaron hacia la formación de un Estado de “motu propio”, porque no transgredían los límites de la comunidad y resolvían sus diferencias en la negociación y el acuerdo, sellando con alianzas y pactos. Algunos de esos mecanismos han llegado hasta nuestros días como los acuerdos faceros entre valles. La dominación, el robo, la imposición y la guerra son cosa de los estados.

El estado navarro se materializó mediante su expansión colonizadora territorial. Dicha expansión se llevó a cabo por medio de la desterritorialización forzada de las comunidades originarias de sus tierras, de las que el Estado se fue apropiando.
El perseguir una sola identidad para Euzkadi, Euskadi, Euskal Herria, Reino de Navarra, Estado navarro, Estado vasco, etc. identificarse, hacerse idénticos es la obsesión de los patriotas. Apelan a la historia, a la territorialidad, al idioma (el euskara) para defender su derecho a la estandarización (al Estado) a pesar de que este promueve la homogeneización y el autoritarismo imponiendo un modo único de ser sobre la rica diversidad de Euskal Herriak.

Tal vez es con el euskara donde de forma más nítida se puede apreciar todo lo presentado anteriormente. Dicen algunos que los vascos, “euskaldunak” persisten porque existe el euskara y éste se mantuvo gracias al Reino de Navarra, al estado vasco, otros dicen que gracias al clero. Una vez más están reescribiendo la historia para sus intereses políticos. A pesar de que la población del estado independiente, el llamado Reyno de Navarra, era mayoritariamente vascoparlante, este era un estado romanzado. El euskara, las formas de vida y costumbres, el folklore, etc. han sobrevivido porque mal que bien han pervivido las comunidades que lo practican.

El estado es dependencia, la anarquía independencia 

La idea de que la independencia sólo es posible a partir de la creación de un nuevo estado es falsa. No ha existido nunca un estado que fuese la libre expresión de la población, esto significaría que ha perdido sus atribuciones hasta tal punto que ha dejado de ser estado. El estado es siempre un fenómeno administrativo-represivo, un fenómeno jurídico e institucional creado para someter a la población.

Nación es sinónimo de pueblo. Sin embargo, el estado propio, el “estado vasco”, el “estado socialista vasco”, son tan sólo diferentes variantes administrativo-represivas, pero nunca serán el pueblo.

La independencia es la ruptura con toda forma de dominación, la no delegación de la propia capacidad de decisión y actuación. Es por eso que la independencia es esencialmente individual, antes que nacional, y, por descontado, mucho antes que estatal. No tenemos que inventar nada, nos basta con conocer y poner en práctica las formas organizativas de las comunidades de la Montaña Vasca que han perdurado en algunos casos hasta nuestros días.

Estas se basan en principios de igualdad, apoyo mutuo, solidaridad, rechazo a la jerarquía y a la propiedad privada, etc. Abogamos por la libre federación de las diferentes unidades poblacionales (la casa, el barrio, el pueblo, el valle,?), partiendo del individuo. Así alcanzaremos la independencia total, la que nos lleve hasta el final, al equilibrio entre la comunidad y el individuo, el individuo y la comunidad.

2011ko abendoaren 29an,
Iparretako Ak.

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/19502

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Up Against The Wall Motherfucker! – Entrevista con Ben Morea

abril 2, 2016

Háblanos acerca de tu experiencia y de cómo llegaste a involucrarte en las escenas radicales de Nueva York durante la década de los sesenta.

Me crié en su mayor parte alrededor del área de Virginia/Maryland y Nueva York. Cuando tenía 10 años mi madre se volvió a casar y nos mudamos a Manhattan. Yo era fundamentalmente un chaval del ghetto y durante mi adolescencia me vi involucrado en asuntos de drogas por lo que acabe pasando un tiempo en prisión. Hubo un tiempo cuando estaba en el hospital de la prisión en el que comencé a leer y a desarrollar interés por el arte. Cuando me pusieron en libertad mi personalidad había cambiado completamente. Para acabar con mi adicción rompí completamente con los chavales con los que había crecido y con la vida que conocía.

Al final de los años 50 fui en búsqueda de los beatniks ya que aparentaban combinar el arte con la conciencia social. Conocí a la gente del Living Theatre y acabé bastante influenciado por sus ideas a pesar de que nunca me vi orientado hacía el teatro. Judith Malina y Julian Beck eran anarquistas y ellos fueron los primeros en poner un nombre a la manera en la que me estada sintiendo e inclinando filosóficamente.

También conocí a un artista ítalo-americano que se llamaba Aldo Tambellini el cual tenía un pensamiento muy radical que canalizaba en su arte más que en el activismo social. El sólo hacía exhibiciones en sitios corrientes como cementerios o vestíbulos para traer el arte al público. Me influyó bastante en ver que tener arte en los museos era una manera de rarificarlo y de hacerlo una herramienta para la clase dirigente.

Soy autodidacta por lo que continué mi seguimiento del anarquismo y del arte a través de la lectura y manteniendo correspondencia. Fui consciente de Dada y del surrealismo así como del ala radical del arte del siglo veinte e intentaba encontrar a cualquier persona que tuviese información sobre el tema o a alguien que estuviera involucrado. Realmente me sentía a gusto con el matrimonio entre el pensamiento social y una práctica estética. Mantuve correspondencia durante un tiempo con uno de los dadaístas vivos, Richard Huelsenbeck, que vivía en Nueva York, pero al que nunca llegue a conocer.

Al mismo tiempo empecé a desarrollar simpatía por el ala política de los anarquistas al reunirme con gente que había luchado en España, en la Columna Durruti y otros grupos. Todos ellos tenían alrededor de 60 años mientras que yo estaba en la veintena.

También estaba trabajando en mi propio arte y estética. Principalmente estaba pintado en abstracto pero también esculpiendo formas naturalistas. Tenía algunas influencias de los expresionistas americanos, pero también del Zen.

¿Cuando se formo Black Mask? ¿Cómo os organizasteis y quienes estabais implicados?

Es difícil de explicar, empezamos en 1965 o 1966, pero la revista definitivamente comenzó en 1966. Black Mask era realmente muy pequeño. En un principio éramos unas pocas personas. Como anarquistas, y no muy doctrinarios, no teníamos ningún líder aunque yo era la fuerza de conducción dentro del grupo. Ron Hahne y yo habíamos trabajado juntos con Aldo haciendo espectáculos artísticos en público para promover la idea del arte como una parte integral del día a día de nuestras vidas, y no un objeto institucionalizado. Ron y yo nos hicimos íntimos amigos y descubrimos que teníamos una visión social más polémica que la que tenía Aldo sobre querer aproximarnos mas a los elementos políticos de Dada y del surrealismo como también a los crecientes disturbios de la América negra. Queríamos encontrar un lugar en el que el arte y la política pudiesen coexistir en una forma radical. Una vez comenzamos a publicar Black Mask y a participar en acciones otros artistas y personas que estaban en nuestra onda se vieron atraídos por lo que estábamos haciendo. Yo siempre estuve a favor de un enfoque orgánico donde no se tuviese que hacer reuniones y la gente se asociase informalmente más que en tener una jerarquía y miembros reclutados.

Con el tiempo Ron empezó a perder interés por la esfera política y comenzó a interesarse más en trabajar con gente que estaba involucrada en la lucha por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam. Puedo decir honestamente que tanto en Black Mask como luego en The Family nunca tuvimos una reunión en donde nos sentáramos, conscientemente, a decidir nuestra dirección o exactamente que trato le íbamos a dar a una situación o a una acción en particular. Todo se fue desarrollando muy espontáneamente, por consecuencias orgánicas o por cualquiera cuestión que creyésemos apropiada en el momento.

Una de las primeras acciones de Black Mask fue cerrar el Museo de Arte Moderno (MOMA). Cuéntanos que sucedió y el enfoque del grupo sobre las acciones directas en general.

Nosotros sentíamos que el arte en si mismo, el esfuerzo creativo, era algo que valía la pena, algo valioso e incluso una experiencia espiritual. El Museo y las galerías separaban al arte de un intercambio vivo y no tenían nada que ver con el impulso vital y creativo. Los museos no eran casas con vida, eran solo un repositorio. Nosotros estábamos buscando maneras de formular preguntas sobre como las cosas eran presentadas y cerrar MOMA fue una de ellas.

La acción fue un éxito. Anunciamos nuestros planes con antelación y acabaron por cerrar el museo por miedo a lo que pudiésemos hacer. Mucha gente se paró, habló con nosotros sobre lo que estábamos haciendo y esta acción, junto con otras, atrajo a varios artistas radicales a nuestro bando.

En otras ocasiones desbaratábamos exhibiciones, galerías y conferencias. La mayoría de estas acciones eran pensadas justo en el mismo momento y muchas de ellas formaron parte de un proceso de aprendizaje. Las cosas que hacíamos no eran razonadas al completo, pero eran una manera de desarrollar y comprender nuestro lugar en la revuelta en curso. Bastantes grupos políticos acabarían por desarrollar estas grandilocuentes estrategias y planes, pero para nosotros eran solo una forma de expresarnos y de ver como podríamos hacer mella en la sociedad.

En 1996 el grupo tomo como blanco el Loeb Centre de la Universidad de Nueva York (NYU). ¿Que paso con esta acción?

Teníamos un fuerte sentido del humor y de guerrilla teatral. Yo solía interrumpir conferencias de arte en la universidad de Nueva York para plantear cuestiones distintas a las que se pretendía discutir. Como resultado fui desafiado a un debate con alguno de los académicos. Recuerdo que ese evento en particular tenía un enfoque pretencioso por lo que tuvimos que hacer algo. Fue increíblemente estratificado y únicamente destinado a la elite y parecía que hubieran intentado hacer todo lo posible para mantenerlo alejado del público en general. Distribuimos montones de panfletos anunciando este evento como gratuito con comida y alcohol y tuvieron que cortar las calles del alrededor por que se presentó mucha gente. Bajamos hasta Bowery y repartimos unos folletos para que todos los borrachos y la gente de la calle subiesen.

Black Mask, evidentemente, no solo tuvo la inspiración de dadaístas, surrealistas y movimientos vanguardistas del pasado, también de las insurrecciones negras contemporáneas y de los movimientos juveniles de la década de los 60. Cuéntanos algo más acerca de estas influencias y sobre tus ideas y enfoques a cerca de la política y el arte en general.

Desde mi perspectiva y desde la de la gente con la que he trabajado veiamos la necesidad de cambiar todo desde la manera en la que vivíamos hasta la manera en que pensabamos incluso hasta la manera en la que comíamos. La Revolución Total era nuestra forma de decir que no nos íbamos a conformar con un cambio político o cultural, lo queríamos todo, queríamos que todo cambiase. La sociedad occidental había llegado hasta un punto muerto y necesitaba ser revisada y reparada. Sabíamos que eso no iba a pasar, pero esa era nuestra reivindicación, así es como éramos.

Eso también significaba ver que necesitabas que se involucrase todo tipo de gente, no solamente activistas políticos. Los poetas y los artistas eran igual de importantes. La revolución sucede como un efecto acumulativo y en parte es un cambio en la conciencia, una nueva manera de pensar.

Como encajó Black Mask dentro de las escenas políticas y artísticas de Nueva York porque parece como si os hubierais salido de vuestro camino de poner en ridículo y desafiar a los ideólogos de cualquier condición.

Mucha gente politizada se cuestionaba lo que hicimos diciendo que debíamos atacar a la sociedad desde el frente político y que no nos debíamos preocupar por el arte. A pesar de todo sentíamos que era mejor actuar desde la posición de cada uno y la nuestra era como artistas. Estas cuestiones eran muy importantes para nosotros.

Muchos de los hippies no se fiaban de nosotros y los políticos nos odiaban porque no podían controlarnos o entender lo que estábamos haciendo. Y estoy seguro que la mayoría de la gente del mundo del arte pensaba que estábamos locos.

Black Mask parece haber planteado, en el pasado, varios desafíos al movimiento por la paz criticando a los moderados por su escasez de militancia o también atacando a la izquierda por su apoyo incondicional al Frente de Liberación Nacional (NLF). Muchos radicales de la década de los 60 están ahora un tanto arrepentidos o parecen reticentes a hablar de su apoyo al régimen de Corea del Norte.

Nosotros apoyábamos el derecho de los vietnamitas a resistir la invasión americana, pero no íbamos a apoyar al gobierno de Vietnam del norte en su propia conducta opresiva. Era un punto sutil y la mayoría de la izquierda no pudo entenderlo. Conocíamos la historia de España donde tanto los franquistas como los stalinistas ejecutaban anarquistas. Nosotros nos negábamos a apoyar a un bando o al otro.

Yo odiaba la reacción visceral de mucha gente de la izquierda que ondeaba encantada la bandera del NLF por todas partes. Nosotros no celebrábamos la muerte de las tropas americanas que habían sido enviadas como carne de cañón al igual que hicieron algunos.

En cierto sentido nosotros no encajamos en ningún sitio y eso significó que nos acabáramos convirtiendo en un polo de atracción para todas aquellas personas que no estaban interesadas en una propuesta dogmática o pacífica. Mucha de la posterior evolución de Black Mask hacia The Family vino a través de que más y más gente se juntase con nosotros e influyera en lo que estábamos haciendo.

Black Mask y posteriormente The Family fueron unos de los primeros grupos en promover el concepto de grupos de afinidad como una forma de organizarse. Un miembro de Family hizo famosa la definición de un grupo de afinidad como una “banda callejera con análisis”. ¿Como se desarrollo este enfoque y de donde proviene el uso del término?

Aunque nos asociáramos en círculos similares con Murray Bookchin nuestro grupo siempre fue bastante diferente porque éramos muy viscerales y el era mas literario. Murray estaba interesado en usar el termino español “grupos de afinidad” [1] para describir a estos grupos no-jerárquicos que se estaban formando. Nosotros decíamos “Dios mío, ¿te puedes imaginar de verdad a los americanos llamándose a si mismos “grupos de afinidad”? (risas) “Usa el Ingles, llámalos grupos de afinidad”.

Háblanos acerca de la revista Black Mask que producías y que se público desde el año 1966 hasta 1968 y que consto de diez ejemplares.

Principalmente fuimos Ron y yo quienes hicimos juntos la revista, pero también había un amplio grupo de gente que nos ayudaba a producirla, imprimirla y distribuirla. La vendíamos por cinco centavos, lo que no era mucho dinero, pero entendíamos que si la gente pagaba por ella la acabaría leyendo en vez de echarle un solo vistazo y tirarla a la basura.

Nos preocuparnos de venderla en la zona sureste de Nueva York, que era nuestro terreno más fértil por que allí había bastantes artistas y activistas. De vez en cuando también fuimos hacía la parte alta de la ciudad aunque aquello era más una cuestión de agitación.

Black Mask fue uno de los primeros grupos en enfrentarse a figuras contraculturales como Timothy Leary y Allen Ginsberg por su miedo, su orientación hacia la religión y su búsqueda del prestigio, etiquetándolos como “la Nueva clase dirigente”. A partir de 1967 parece como si Black Mask se trasladase desde su crítica al arte establecido hacia la crítica del movimiento hippie en auge y de la nueva izquierda.

Aunque éramos muy críticos con ellos yo era amigo de Allen Ginsberg y me hice amigo de Timothy Leary unos años después. Lo que intentábamos decir en su momento era que estaban permitiendo que los usasen como válvula de seguridad. Nosotros queríamos atacar la raíz de la sociedad y creíamos que ellos no lo estaban haciendo. En aquellos tiempos pensábamos que estaban siendo utilizados por las revistas Time y Life aunque en retrospectiva probablemente estas revistas desearían no haberlos sacado en portada, especialmente a Timothy.

Siempre intentábamos agitar las cosas, para dar un empujón tanto al resto de gente como a nosotros mismos. Siempre había bastantes intercambios con todo tipo de radicales y algunas veces eran algo fratricidas porque queríamos arremeter contra alguien pero en otras ocasiones únicamente pretendíamos tratar algún tema.

En 1966 la revista Black Mask citaba a la Internacional Situacionista como un grupo que se estaba moviendo en una dirección similar a la vuestra haciendo un llamamiento a la “revolución de todos los días” y a la abolición del arte como una actividad separada y especializada. Sin embargo a finales de 1967 la I.S. expulsaba a tres de sus miembros británicos por haber apoyado “a cierto Ben Morea, editor del boletín Black Mask”. ¿Cuál fue la fuente de la ruptura entre los grupos y que extensión tuvo vuestra conexión?

Los situacionistas y yo nunca nos encontramos cara a cara. Creo que eran extremadamente doctrinarios y limitados. Parecía que excomulgaban a más gente de la que conservaban. Realmente nunca hubo ningún tipo de conexión entre nuestros grupos y los suyos.

¿Qué paso con el “asesinato” del poeta Ken Koch en 1967?

Para nosotros Koch era un símbolo de este mundo dandi totalmente aburguesado. Yo mismo, Dan Georgakas, Alan Van Newkirk y alguna otra gente de Black Mask fuimos a uno de sus recitales. Creo que fui yo quien sugirió la idea de dispararle con una pistola de fogueo. Alan lo veía como la clásica imagen del lanzador de bombas anarquista. El medía 1,80 metros, era alto y delgado con un rostro demacrado y siempre vestía de negro – la encarnación anarquista. Así que decidimos “Eres el elegido, tu vas a dispararle” (Risas). Publicamos un panfleto y lo único que tenía era una foto de Leroi Jones con las palabras “La poesía es revolución”. En la noche en que Alan disparo a Koch este se desmayó y toda la gente del público supuso que había muerto por lo que empezó a gritar. Algunas personas lanzaron el panfleto a la audiencia desde un balcón y luego todos nos marchamos.

Las reacciones después del evento se dividían entre la gente que creía que era una de las mejores cosas que habían escuchado y aquellas que pensaban que éramos un grupo de gilipollas inmaduros. Lo que era genial porque mucho de lo que iba Black Mask y The Family era de presionar a la gente a decidir “¿Pertenezco a este tipo de grupo o a este otro?” Estábamos determinados a ser escandalosos con el fin de forzar a la gente a decidir su postura a cerca de las cosas. Queríamos presionar a la gente, forzarla a pensar. “¿Por qué disparar a Koch? Solo era un buen poeta”.

¿Cuál era la conexión de Black Mask con SDS (Estudiantes por una Sociedad Democrática)?

Veíamos que el SDS se estaba convirtiendo en una fuerza de cambio real y que todos estés grupos de izquierda tradicionales y maoístas como el Progressive Labor Party (Partido Laborista Progresista) estaban intentado controlarlos y apoderarse de su dirección. Creíamos que era importante que otro tipo de gente, como nosotros, se involucrase y mostrase a los estudiantes que tenían muchas opciones, muchos caminos por donde ir.

Recuerdo haber estado en una de las convenciones nacionales del SDS donde la gente estaba entrando en un debate acalorado sobre las diferencias entre los yankees, los establecimientos de la Costa Este, los vaqueros, los establecimientos de Texas. Me levante y dije “Todo esto es una mierda, no os reconozco tíos, nosotros no somos ni los yankees ni los vaqueros – ¡Somos los indios!”. En otro momento un miembro de The Family corrió a por un manifiesto, se levanto con una papelera y dijo “Esta es mi plataforma, tirar todos los manifiestos aquí”.

Con Black Mask y más tarde con The Family usamos la guerrilla teatral y las acciones para mostrar que había otros enfoques que ofrecer además de las habituales políticas aburridas y los elementos más volátiles del SDS se conmovían con eso. Alguna de la gente que luego formaría The Weathermen pasaba el tiempo con The Family y, aunque nunca ha estado acreditado, acabaron influenciados por nuestro estilo militante y nuestra actitud. Sin embargo una vez que se unieron con los grupos más leninistas le dieron a todo una dirección bastante diferente.

Háblanos sobre Valerie Solanas, con la cual mantenías una amistad además de hacer un escrito de defensa de su intento de asesinato de Andy Warhol en 1968. Había un silencio sepulcral en la prensa underground alrededor de sus ideas y de sus acciones después del disparo. Esto parece un poco extraño dado que en ese momento la nueva izquierda se encontraba en una creciente glorificación de la violencia política.

Valerie solía pasar bastante tiempo conmigo cuando estaba sin hogar o de mudanzas. Había bastante parodia e ironía en sus escritos, pero también era, y no lo digo en el mal sentido de la palabra, una persona bastante loca. Ella veía que tenía la necesidad de plantear algunas cuestiones alrededor de lo que les estaba pasando a las mujeres y el manifiesto SCUM fue su mejor manera de expresarse. Siempre me encantaron las personas que se escapaban de los cánones, que no encajaban en los moldes.

Algún tiempo después cuando la etapa de Black Mask había terminado y la de The Family estaba empezando nos involucramos en la ocupación de la universidad de Columbia [1968]. Valerie fue allí, me encontró y me pregunto “¿Qué pasaría si disparo a alguien?” yo le respondí “Depende de dos cosas – a quien disparas y de si muere o no”. Una semana después disparó a Andy Warhol.

Después de que le disparase escribí un panfleto apoyándola. Debí ser la única persona que lo hizo públicamente. Fui hasta MOMA y lo repartí por la zona. Toda la gente que conocía era bastante negativa al respecto, pero, hey, yo sentía una inmensa aversión hacia Warhol y a Valerie la quería. Creía que estaba en lo correcto al sentir ira y que el era más destructivo que ella ya que estaba ayudando a destruir la idea general de la creatividad en el arte.

A alguna gente no le gusta el terminó, pero yo siento que la creatividad es un tipo de acto espiritual, algo profundo para la gente que lo hace. Warhol era exactamente lo opuesto, intentaba negar y purgar lo esencial de la creatividad y darle una base comercial. También como persona era alguien realmente despreciable, y eso es por lo que Valerie lo odiaba. El usaba y manipulaba a las personas.

El ataque a Andy se encontró con el silencio de la izquierda y yo creo que fue porque planteaba algunas cuestiones con las que nadie podía estar de acuerdo. Esta violencia no estaba sucediendo en un lugar lejano. Además Andy se había convertido en una estrella, casi una imagen honorable, y ella estaba arremetiendo contra todo esto. Incluso la gente a la que le gustaba su discurso feminista no se pudo poner de acuerdo con que hubiese hecho daño a Andy. Black Mask y The Family volvíamos a la gente politizada, chiflada, porque no nos amoldábamos a sus arquetipos, porque estábamos deshaciéndonos de los cánones, así que te puedes imaginar como consideraban a Valerie.

Black Mask continuó como revista hasta mediados de 1968. ¿Cuál fue el proceso en que se vio envuelto el grupo para evolucionar hacia lo que luego se conoció como Up Against The Wall Motherfucker?

The Family/Up Against The Wall Motherfucker y Black Mask estaban emparentados al haber pasado a convertirse los unos en los otros, pero en realidad eran grupos muy diferentes en cuanto a la gente que estaba involucrada y en lo que hicieron. Nunca hubo decisiones a cerca de la idea de crear un grupo nuevo, ningún anteproyecto, era solamente una cuestión de evolución en donde un grupo se desvanecía y otro tomaba forma. Es incluso difícil explicar exactamente en que punto terminaba uno y empezaba otro.

The Family había sobrepasado el limite, era extremadamente volátil y no tenía muchas inclinaciones hacía la esfera cultural. Incluía a muchos artistas, pero también a gente de todo credo que quería vivir una vida más real, más visceral de la que le ofrecían. Algo menos limitado que perseguir solo la política o el arte, algo libre.

Nosotros, realmente, no éramos ni hippies ni políticos. Éramos distintos a los otros grupos aunque perteneciéramos al grueso de la contracultura. Alguna gente nos etiquetaba como hippies. Aquellos que tuvieran algún conocimiento a cerca de la contracultura podrían darse cuenta de que estábamos hechos de una madera más gutural. Pero en apariencia teníamos algo de parafernalia hippie como por ejemplo llevar pelo largo y ropa étnica. También tomábamos un montón de LSD. Incluso aunque fuésemos radicales como ellos a nadie se le ocurriría mezclarnos con el Youth Communist League (Liga de la Juventud Comunista). (Risas)

¿Cuáles eran algunas de las diferencias entre Black Mask y The Family?

The Family era mucho más grande y tenía mucha más vida que Black Mask, que era un grupo más esotérico. Nunca nos referíamos a nosotros mismos como Up Against The Wall Motherfucker, aunque firmábamos nuestros carteles y panfletos, que podían ser producidos por cualquiera del grupo, con ese nombre. Entre nosotros éramos The Family, un término que actualmente puede sonar algo extraño por la asociación del nombre con Charles Manson, con quien no teníamos ninguna conexión ni nada en común. Mientras que yo era la figura principal de Black Mask en The Family era bastante diferente ya que implicaba a un mayor grupo de personas, las cuales eran parecidas en potencial y a la hora determinar la dirección del grupo. En esencia era una holgada confederación de grupos de afinidad que convivían a través de una serie de apartamentos y que compartían un estilo de vida y unos puntos de vista tribales. Diferentes personas que pertenecían al núcleo del grupo gravitarían en torno a un apartamento donde también habría un montón de jóvenes hippies y fugitivos.

El hecho de que rechazáramos el modelo de familia nuclear y viviésemos colectivamente nunca vino como una moda controvertida o algo organizado de antemano. Solamente teníamos la sensación de que había otras maneras de vivir de las que occidente nos ofrecía, ya fuesen estas de los nativos americanos, de los gitanos o de África. Los hippies también tenían bastante de esto, pero nosotros nos inclinábamos realmente hacía este enfoque tribal, étnico. Creíamos que había alguna fuerza que trascendía al mundo occidental. Intentábamos entender e incorporar algunos de estos elementos, tanto en nuestra apariencia como en nuestra forma de vida actual. Nuestras vidas se dirigían al completo hacía el libre flujo, viviendo orgánicamente.

Háblanos acerca de las acciones en las que The Family se ha involucrado.

La primera acción que hizo realmente The Family fue llevar basura al Centro Lincoln en febrero de 1968. Había una huelga de basureros en Nueva York y había toneladas de basura amontonadas en los ghettos. Las áreas comerciales y las zonas adineradas tenían la capacidad de contratar un servicio privado para limpiar sus calles asi que decidimos llevar alguna de la basura del Lower East Side al Lincoln Centre. Uno de nuestros miembros lo propuso como un intercambio cultural – basura por basura (Risas). Aunque ciertas personas intentaron encasillarnos en nuestras acciones agresivas y en nuestra militancia, realmente teníamos a alguna gente maravillosamente ingeniosa.

Sacamos un panfleto explicando por que lo habíamos hecho, pero aquellos que habíamos participado nos dimos cuenta de que realmente ya no éramos Black Mask y que no queríamos firmar con ese nombre. Había un poema de Leroi Jones con la frase “Up against the wall mother fucker” y yo sugerí que la pusiéramos. De algún modo pegaba y a partir de ese momento todo el mundo se refirió a nosotros de esa manera. Por nuestra parte no fue algo deliberado. Hubiese sido bastante pretencioso haber querido llamarnos “The Motherfuckers”. (Risas)

Black Mask continuó como revista por un tiempo y UAW/MF empezó a crear folletos y carteles y a hacer cosas para periódicos como The Rat.

¿Como se fusionaron los comunicados y estos periódicos de gran tirada?

Eran parte de nuestra política artística y disfrutábamos juntando ambos ya fuese individualmente o en grupo. Queríamos hacer algo que fuese creativo y visualmente excitante, pero también hacer un comunicado. Con The Rat entre seis y diez miembros de The Family se acercaban a sus oficinas una vez por semana y hacían nuestra página. La gente que ha reimpreso nuestro trabajo, tanto actualmente como en aquella época, han fracasado al apreciar nuestro sentido del humor. Creíamos en lo que estábamos haciendo, pero no queríamos ser demasiado serios. Podíamos reírnos de nosotros mismos. La mejor influencia que nos daba la sensación que teníamos no era solamente la inyección de militancia, sino también de diversión y humor en las revueltas de la época.

Teníamos nuestro propio mimeógrafo así que la gente podía hacer tiradas constantemente de sus panfletos y carteles. Muchas veces vería alguno por la calle del que no tendría ni idea de donde habría salido. Lo hermoso de nuestra familia es que estaba multi-armada y no tenía ningún cerebro central por lo que habitualmente la gente hacía acciones o producía material del que el resto de personas sabían muy poco.

En los escritos del grupo un grupo de afinidad era definido como “una banda callejera con análisis”. ¿Cuánto de la mentalidad tradicional de las bandas callejeras formaba parte de vuestros puntos de vista?

Algunos miembros estaban más metidos en los asuntos de la calle que otros. Sin embargo no éramos territoriales ni manteníamos una oposición sin salida. Estábamos más “curtidos en la calle” que los tipos duros de la calle. Osha Neumann, que fue quien subscribió esa particular definición (aunque fui yo quien acuño el termino de grupos de afinidad), lo vio como si significase que tuviéramos la inteligencia de la calle y un vinculo intenso, no como si fuéramos unos matones irracionales.

En 1968 los estudiantes atacaron y ocuparon edificios en Columbia protestando contra la reurbanización de la tierra destinada a viviendas sociales y la conexión entre la universidad y la investigación armamentística. ¿Cómo estuvisteis vosotros implicados?

Había cinco edificios ocupados en Columbia y el nuestro era el único que no fue atacado por la policía. No transmitimos ninguna llamada, pero toda la gente luchadora se acercó a nuestro edificio. Éramos agresivos y estábamos fortalecidos por lo que tuvieron que desalojar a los que decidieron negociar antes que resistir. No nos basábamos en ningún plan, solo veíamos la situación y tomábamos nuestras decisiones. Éramos moradores de las arenas. Durante las protestas contra la guerra en el Pentágono miramos que las puertas no estaban lo suficientemente aseguradas por lo que fuimos y las golpeamos hasta que abrieron. Íbamos junto al resto de manifestantes, pero muy pronto atrajimos a un núcleo de unas 100 personas que eran como nosotros. Vimos una oportunidad, hicimos ademán y se unieron.

Durante el año 1968 y 1969 The Family también estuvo involucrada en resistir las hostilidades y la violencia de la policía en el Lower East Side. ¿Cómo os manejasteis frente a estos problemas?

Nuestra respuesta incluiría de todo, desde protestas pacíficas a luchas no pacíficas, dependiendo de la situación. Éramos extremadamente imprevisibles y a menudo dependía de lo duramente que estuviéramos presionados.

Finalmente eran ellos los que decidían si nos teníamos que enfrentar. Una noche hicimos barricadas en las calles para cerrar el paso al tráfico y celebrar una fiesta. La policía vino, pero como vio que éramos mucha gente y muy fuertes decidieron dejarnos en paz. De cualquier manera aquello fue el principio del fin. Nos pusimos muy chulos e incontrolables y comenzaron a detenernos por cualquier cosa.

En octubre de 1968 tu, personalmente, te enfrentaste a un juicio por cargos de intento de homicidio en Boston. ¿Que fue lo que te llevo hasta allí y a tu absolución final?

Mientras estaba en Nueva York habíamos escuchado que jóvenes freaks, nunca nos referíamos a nosotros como hippies, estaban siendo acosados por un grupo de vigilantes de Boston. Era algo bastante feo, unos chavales habían sido hospitalizados, así que sugerí a algunos miembros de Family que debíamos ir hasta allí y echar un vistazo. Nos acercamos y nos quedamos con los chicos de la calle y los freaks, nos aseguramos suficientemente de que estaban siendo atacados mientras estábamos allí. Los atacantes fueron repelidos y yo fui arrestado por la policía.

Estuve en la cárcel durante dos semanas antes de que me soltasen. Después de intentar resistir escuchamos que los vigilantes seguían haciendo daño a la gente y decidimos volver porque nos preocupaba que hubiésemos hecho que las cosas fuesen a peor. Los mismos chavales volvieron otra vez, pero esta vez se echaron atrás y desaparecieron por lo que tuve algo de suerte ya que no habría hecho ningún bien a mi causa.

No tuve muchos apoyos a mi causa ya que la comunidad política no se podía preocupar de los hippies mientras no fuesen en su mayoría no-violentos. A pesar de todo varias personas ayudaron y la historia tuvo cierta cobertura en la prensa underground. Al final fui absuelto, pero el presidente del jurado me dijo que todo fue gracias a una persona del jurado. En la primera votación salió un 11 a 1 a favor de condenarme, pero un tipo intento convencer al resto de que existían las suficientes dudas como para dejarme ir. No se de quien se trataba, pero le debo mi libertad a aquel tipo.

Además de apoyar a la gente contra la policía y abrir apartamentos, The Family también abrió una tienda gratuita y estuvo envuelta en varias actividades que se dirigían hacia la supervivencia en las calles. Háblanos acerca de estas actividades.

Nosotros siempre intentábamos conectar a la parte hippie de la comunidad de Lower East Side con la parte de la calle y de los sin techo. Con la llegada de miles de fugitivos a la zona a finales de los sesenta eran algunas veces tal para cual, pero las dos comunidades nunca llegaron a coexistir cómodamente. Abrimos una tienda para dar a la gente sin techo y a nosotros mismos un lugar donde pasar el tiempo. Teníamos ropa gratis, doctores y abogados con contrato, un mimeógrafo, información para la gente que quería evitar ser reclutado y obtener un falso DNI, información sobre los apartamentos, etc. Era un centro de ayuda general. Hacíamos comida gratis dos noches a la semana, pero también celebrábamos eventos de comida gratis en residencias o iglesias donde llegamos a servir a unas 300-400 personas. Poseíamos algunos documentos de una iglesia diciendo que no teníamos ánimo de lucro y eso nos permitió obtener comida del día anterior o productos incorrectamente marcados de los mercados y comida al por menor gratis. Alguna gente trabajaba, otra hacía donaciones y los mismos documentos también nos ayudaron a conseguir rápidamente subvenciones de iglesias liberales para alquilar sitios, etc.

Al mismo tiempo que otros muchos grupos contraculturales The Family también trazo una línea entre las “drogas blandas” y las “drogas duras”. Háblanos sobre esto y del discurso del grupo hacía las drogas ilegales en general.

Nosotros diferenciábamos entre drogas duras como la cocaína y la heroína y otras como la hierba, el hachis o los psicodélicos. Veíamos como el LSD y la hierba estaban ayudando a echar abajo las barreras entre la juventud de los suburbios y ayudándoles a replantearse su lugar en el universo. Algunos de nosotros habíamos tenido problemas con drogas duras y vimos como eran destructivas. A diferencia de Leary y otros, no veíamos los psicodélicos como una cura para todo, pero si que podían, y lo hicieron, contribuir positivamente.

Algunas veces la gente me traía a chavales que habían tenido un mal viaje. Yo tomaba LSD e intentaba ir con ellos al lugar donde tuvieron problemas y los ayudaba a regresar. Si quieres hablar de aventurarse, de eso iba. No veras a muchos maoístas haciendo eso. (Risas)

A finales de 1968 The Family mantuvo un enfrentamiento con Bill Graham, el promotor de Rock, sobre la implicación de la comunidad en el Fillmore East Venue. ¿Cuáles fueron los orígenes de la disputa y como terminó siendo un éxito?

En el fondo esto fue un conflicto entre las organizaciones políticas locales y aquellos que se aprovechaban de ellas. Nosotros no pretendíamos controlar el Fillmore East o cualquier cosa por el estilo, pero queríamos tener una noche gratis, no comercial, para la gente de la calle. Con todo el dinero que estaban sacando de la comunidad nos figurábamos que podrían dar algo a cambio.

En un principio Graham se negó y durante una reunión en su oficina extrajo tres balas de plata y las alineo diciendo “Los Ángeles del Infierno me hicieron las mismas exigencias y me enviaron estas tres balas y nunca cedí”. Me levante y dije “Existe una diferencia entre nosotros y los Ángeles, nosotros nunca te vamos a dar nada para guardar en tu escritorio”. Aquello no fue literalmente una amenaza, pero si una declaración de que de una manera u otra íbamos a conseguir lo que demandábamos.

Una noche la gente del Living Theatre estaba actuando en el Fillmore East y acordamos subirnos al escenario después de ellos. Hice una declaración diciendo que ellos ya habían terminado, pero que nosotros íbamos a mantenernos en el escenario tanto tiempo como fuese necesario hasta conseguir lo que queríamos. Podría llevar una noche, dos noches o dos semanas, pero nos íbamos a quedar. Ocupamos el escenario y luchamos durante la noche con Graham y sus matones, pero perdieron y sobre la una o las dos de la madrugada se rindió y conseguimos que la noche del miércoles fuese gratis.

¿Qué clase de eventos se celebraron en los “miércoles gratuitos”?

Numerosas bandas de rock incluidas Canned Heat, MC5 y Country Joe McDonald tocaron gratis y nosotros a cambio les dábamos comida y drogas. Me contaron que MC5 tuvo problemas con alguna sección de la audiencia, pero yo recuerdo estar en Michigan con ellos algún tiempo después, por lo que no estoy seguro de lo que sucedió allí. Después de tres semanas Graham vino con una carta de la policía informándole de que iban a cerrar toda la avenida si esas noches continuaban con su política de drogas gratis. Aceptamos que eso era todo, pero en el fondo no nos importo que solamente hubiese durado tres semanas porque habíamos cuestionado al completo el mundo comercial del rock and roll.

Woodstock nos proporciono otra oportunidad para desafiar a la industria musical. Aquellos jóvenes dijeron “Siempre decís que la música es libre, bien pues vamos a hacerla libre”. Como muchas de las cosas que hicimos nada estaba planeado. Nosotros simplemente íbamos hacía allí cuando algunos de nosotros pensamos que sería una buena idea cortar las vallas y dejar que todo el mundo pasase. Cuando empezó a llover encontramos el lugar donde los organizadores acumulaban el material de camping para poner a la venta y liberamos todas las tiendas y sacos de dormir. Hicimos un agujero en la tienda que servía de almacén y las sacamos fuera.

¿Se relaciono mucho The Family con grupos de otras partes del país o del mundo?

Un alto número de gente vino por Nueva York y paso tiempo con nosotros alrededor del momento en que The Family daba comienzo. Entre ellos se incluían varios situacionistas del Reino Unido, los cuales se acabaron convirtiendo en el grupo King Mob, miembros de Zenga-Kuren de Japón, Jean Jaques Leibel, que fue uno de los líderes de la revuelta del ’68 en Paris y también algunos Provos de Holanda. Todos estés grupos coincidían de una forma o otra con nuestro discurso.

Nosotros también hicimos algunos viajes. Yo pase algún tiempo con los Diggers en San Francisco. Ellos provenían de un lugar muy similar en términos de radicalismo y también compartíamos el rechazo a los empresarios que estaban lucrándose gracias a la contracultura, pero nuestros discursos eran bastante diferentes. También había mucho apoyo de los grupos de la West Coast, incluso Owsley (fabricante de LSD) nos dio algún dinero. También había pequeños grupos de gente por todo el país que se identificaron y estuvieron con nosotros.

¿Qué fue lo que provoco que tomarais la decisión de abandonar Lower East Side?

La policía se sintió amenazada por nosotros. Nos empezaron a seguir a fondo y se dedicaban a acosarnos constantemente. Alguna de nuestra gente estuvo implicada en la segunda ola de acusaciones que vinieron por las protestas de Chicago.

Estas cosas por si solas no fueron las que nos hicieron salir, pero estábamos involucrándonos y explorando nuevas direcciones. El elemento tribal comenzó a ser más estridente y muchos de nosotros nos empezamos a preguntar por que aguantábamos en el ghetto de todos modos. Muchos de los jóvenes fugitivos estaban siendo arrestados y creíamos que sería mas seguro sacarlos de allí. Llevamos a cerca de veinte de ellos a un punto de California y ayudamos a otros a encontrar casas en diferentes lugares.

El grupo no terminó con todo de repente, pero se dispersó con muchos de nosotros involucrándonos en varios terrenos, orientando proyectos y comunidades. Yo personalmente deje de escribir, me fui a la montaña y no volví hasta cinco años después. Estuve influenciado por “El asesinato de cristo” de Wilhelm Reich y su idea de que tu no ignoras el grueso de las cuestiones, pero sigues adelante enfrentándote a ellas una a una.

Con el gobierno de los Estados Unidos en pie de guerra permanente en el extranjero mientras de forma simultanea toma fuertes medidas contra las libertades civiles y la disidencia en casa, algunas veces parece como si los movimientos de izquierda de los años sesenta nunca hubiesen existido. ¿Qué es lo que ves como el legado de grupos como Black Mask y la nueva izquierda en general?

Parte de la razón de que haya resurgido (después de treinta años en el anonimato) para hablar de lo que hicimos en los sesenta es el hecho de que las cosas han ido muy mal en los Estados Unidos. Ha llegado a un punto donde no puedes ignorarlo, es peor que nunca.

Me figuraba que empezaría por dar a conocer a la gente nuestra historia y entonces ir a partir de hay. Todo lo que puedo contar a la gente es que cuando, en el pasado, parecía todo bastante sombrío pasamos a la acción y tuvo un efecto. Se consiguió mucho y sin embargo cinco años antes nadie habría esperado que pudiésemos enfrentarnos al Behemoth del capitalismo americano. Es contraproducente sentarse y decir “no podéis hacer nada”. No es mi papel decir a la gente lo que deberían hacer exactamente, pero siempre hay alguna manera de responder y pasar a la acción, tan solo mira a tu alrededor.

*Ben Morea fue entrevistado por Iain McInntyre en 2006

Notas:

[1] En la versión en lengua inglesa de la entrevista Ben Morea hace referencia al término “aficionado de vairos” al referirse al nombre que se le da a “grupos de afinidad” en la lengua castellana. Al creer que es una errata, ya sea del propio Morea o de los entrevistadores, preferimos traducir el término real. (n.d.t.)

fuente: http://translatetherevolt.blogspot.com/2009/01/up-against-wall-motherfucker-entrevista.html

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